
Un hombre que saludaba a la misma persona 20 veces en una hora sin recordar ningún encuentro previo. Un paciente capaz de aprender nuevas habilidades, pero incapaz de reconocer su propio reflejo con el paso de los años. La vida de Henry Molaison no solo desafió la comprensión médica de su época, sino que también transformó para siempre el estudio de la memoria humana.
La cirugía cerebral a la que fue sometido en 1953 logró controlar las convulsiones que lo habían afectado desde la juventud, pero lo dejó sumido en un presente continuo, donde cada instante resultaba completamente nuevo. Identificado en la literatura científica como H.M., su caso se volvió un enigma fascinante para especialistas de todo el mundo y sentó las bases de una nueva etapa en la neurociencia, según Muy Interesante.
De la epilepsia infantil a la cirugía que cambió la ciencia
Molaison nació en 1926 en Connecticut, Estados Unidos. Durante su infancia, sufrió un traumatismo craneal cuya causa exacta no quedó plenamente documentada. Poco después comenzaron las crisis epilépticas, que se agravaron con los años hasta convertir su vida cotidiana en un desafío constante.

En 1953, las convulsiones eran tan frecuentes y severas que ningún tratamiento lograba controlarlas. Ante la falta de alternativas, su familia y los médicos recurrieron a una medida extrema. El neurocirujano William Beecher Scoville propuso una intervención experimental: extirpar partes profundas de ambos lóbulos temporales.
La operación, realizada el 1 de septiembre de 1953, incluyó la remoción del hipocampo y la amígdala, estructuras clave para la memoria y las emociones. Molaison dejó de sufrir convulsiones, pero pagó un costo muy alto: no podía fijar recuerdos recientes ni reconocer personas nuevas, y las experiencias desaparecían de su mente poco después de ocurrir.
El caso H.M. y el nacimiento de nuevas teorías sobre la memoria
La cirugía resolvió la epilepsia, pero provocó un trastorno poco comprendido hasta entonces: la amnesia anterógrada. Molaison no lograba consolidar recuerdos recientes, y cada encuentro era, para él, completamente nuevo.
Quienes lo rodeaban observaban una situación desconcertante: si alguien salía y regresaba minutos después, él lo saludaba como si nunca lo hubiera visto. Tampoco pudo asimilar la muerte de sus padres ni se reconocía en el hombre envejecido que veía reflejado en el espejo.

Preocupado por las consecuencias cognitivas de la intervención, Scoville recurrió a la neuropsicóloga Brenda Milner, de la Universidad McGill de Montreal, quien encontró en Molaison a un colaborador amable, atrapado en un presente sin pasado inmediato. Como relató Muy Interesante, cada vez que ella se levantaba y volvía a la sala, Henry la saludaba como si fuera la primera vez.
Durante años, Molaison fue identificado únicamente como H.M. para preservar su privacidad. Su caso despertó el interés de expertos de todo el mundo y permitió formular teorías innovadoras sobre la organización de la memoria en el cerebro.
Antes de su estudio, se creía que los recuerdos se almacenaban de manera difusa; la experiencia de Molaison permitió identificar el papel central del hipocampo como puente entre las vivencias actuales y los recuerdos duraderos.

La investigación confirmó la existencia de la memoria declarativa, esencial para evocar hechos y datos, y la diferenció de la memoria procedimental, vinculada a habilidades motoras. Aunque no podía recordar eventos recientes, Molaison era capaz de adquirir nuevas destrezas sin ser consciente de ello. Por ejemplo, mejoró progresivamente su desempeño en el dibujo de una figura en el espejo, aunque insistía en que nunca antes había realizado la tarea.
Un legado imborrable para la ciencia y la ética
El caso de H.M. demostró que la memoria de habilidades y la memoria consciente funcionan por circuitos distintos. Así lo destaca Muy Interesante, al señalar que uno de los mayores avances científicos del siglo XX tuvo como protagonista a un hombre cuyas experiencias se desvanecían constantemente.
El legado de Molaison marcó el inicio de una nueva etapa en la investigación cerebral. Su vida se convirtió en referencia para la medicina y la psicología, y estimuló la exploración de los distintos sistemas de memoria humana. Tras su fallecimiento en 2008, su cerebro fue preservado para estudios posteriores, lo que permitió profundizar aún más el conocimiento científico.

Más allá del interés académico, la historia de Molaison plantea interrogantes sobre la ética de la experimentación, la identidad personal y el valor emocional de los recuerdos. Quienes lo trataron destacaron su paciencia y amabilidad, pese a la desconexión constante con su pasado inmediato.
Molaison expresó satisfacción al saber que su experiencia podía contribuir al bienestar de otras personas. Su caso abrió el camino hacia una comprensión más profunda del cerebro y dejó una huella perdurable en la historia de la ciencia.
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