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Se inspiró en el caso de D.B. Cooper, secuestró un avión por una suma millonaria y perdió el botín en el salto

La audaz maniobra, inspirada por un episodio mítico que nunca fue resuelto, provocó el endurecimiento inmediato de los controles aeroportuarios en Estados Unidos

Martin McNally
Martin McNally intentó replicar el famoso asalto de D.B. Cooper, secuestrando un vuelo de American Airlines en 1972 (Pegalo Pictures)
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D.B. Cooper es uno de los personajes más míticos y misteriosos de la historia criminal de Estados Unidos. Un hombre, bajo el nombre de Dan Cooper compró un pasaje para trasladarse de Portland a Seattle. En lo que parecía un vuelo de rutina, sembró el terror al afirmar que en su maletín contenía una bomba, que con un simple mecanismo, podía ser accionada.

El hombre le mostró su equipaje a la tripulación en cabina y en un papel escribió una serie de peticiones para no encender el explosivo. Allí pidió aterrizar en la ciudad de destino, desalojar la aeronave, un paracaídas, USD 200.000 (más de un millón y medio actuales) y volver a despegar con destino a México.

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Una vez en el aire, ordenó al personal que se encierre en la cabina de los pilotos y en algún punto del estado de Washington saltó con el botín. Aquella fue la última vez que se supo del criminal.

Esta historia, que nunca fue resuelta y tuvo decenas de sospechosos investigados por el FBI, fue motivación para un hombre que intentó replicar el asalto.

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D.B. Cooper: ¡Dónde estás?
El caso D.B. Cooper marcó un antes y un después en la seguridad aeroportuaria de Estados Unidos tras su misterioso secuestro de avión (Captura de video / Netflix)

Martin McNally y un secuestro fallido

Martin McNally tenía 28 años cuando, en la madrugada del 23 de junio de 1972, se apoderó del vuelo 119 de American Airlines que despegaba desde St. Louis (Misuri). Armado con un rifle recortado y bombas de humo, exigió un rescate de USD 500.000 (casi cuatro millones actuales) y varios paracaídas, desatando una crisis nacional.

Bajo un nombre falso y disfrazado, obligó a que las autoridades aterrizaran el avión y cumplieran sus demandas antes de lanzarse en paracaídas por la noche sobre Indiana con el dinero.

Este episodio ocurrió en medio de una ola de secuestros aéreos que marcó la época, según The Independent, cuando más de 300 aviones fueron tomados entre 1968 y 1972, obligando a reformular la seguridad aeroportuaria. En aquella época, viajar en avión era similar a hacerlo en un ómnibus, ya que no pedían identificaciones, no había escáners ni una seguridad aeroportuaria tan rígida.

Cooper se convirtió en una figura de referencia para una generación de imitadores, impulsando lo que St. Louis Public Radio llama una “moda de secuestros” y piratería aérea que fascinaba al país. McNally, exmilitar y electricista de aviones, reconoció que aquella hazaña le pareció “demasiado tentadora” y se preguntó: “¿Qué podría ser más fácil?”.

De esa manera, ideó su propio plan, animado por el mito y la aparente debilidad de la seguridad en la aviación comercial. De acuerdo con la emisora, muchos secuestradores compartían antecedentes militares y posibles traumas psicológicos.

El día del secuestro, se subió al vuelo con alrededor de 100 pasajeros, ocultando sus armas en un maletín. Al revelar sus intenciones, forzó el regreso del avión a Misuri para recoger el dinero exigido.

The Independent relata que la presión mediática creció y un ciudadano intentó detener el avión estrellando su Cadillac contra la pista, pero sin éxito. McNally liberó a casi todos los rehenes salvo uno y exigió una nueva aeronave con tripulación para dirigirse a la frontera con Canadá. Por la noche, mientras volaba sobre Indiana, saltó en paracaídas con la bolsa del rescate atada a la cintura, convencido de que su plan seguía en marcha.

D.B. Cooper
D.B. Cooper escapó con el motín y las únicas imágenes fueron reconstrucciones tras el aporte de la azafata (FBI)

Sin embargo, el salto estuvo marcado por la improvisación y el desconcierto. El exmilitar nunca había saltado en altura antes. El paracaídas de reserva, proporcionado a pedido por el FBI, se abrió bruscamente y lo golpeó, dejándolo aturdido. Según relató a People, la fuerza de la caída provocó que el dinero se soltara y se perdiera en la oscuridad del campo. “No podía creerlo. Gritaba y vociferaba: ‘¡Se acabó el dinero!’. Fue la primera y única vez que pensé en el suicidio”, confesó.

Caminó por la zona rural y, a pesar de su audaz plan, fue capturado solo cinco días después en circunstancias discretas, portando apenas 13 dólares. La investigación del FBI fue crucial para su rápida aprehensión. St. Louis Public Radio destaca que, al momento de la detención, se encontraba física y emocionalmente exhausto, lo que él mismo confirmó en entrevistas.

Recibió una condena de dos cadenas perpetuas por secuestro aéreo, pasando casi 40 años en prisión federal. Durante su reclusión, participó en varios intentos de fuga; el más recordado involucró a Barbara Oswald, quien intentó rescatar a un recluso usando un helicóptero robado.

El episodio terminó con la muerte de Oswald y la breve detención de su hija Robin. McNally expresó a People su pesar: “Las estábamos estafando. Ninguna de las dos tenía inclinaciones criminales”. El caso puso en evidencia las consecuencias humanas de su aventura y la influencia que tuvo en terceros.

La vida actual de Martin McNally

Por su parte, St. Louis Public Radio recoge el testimonio del historiador John Wigger, quien relató a sus estudiantes la gravedad del delito: “El secuestro fue la mayor estupidez que había cometido en su vida; que, en cierto modo, le arruinó la vida”.

McNally, según Wigger, transmitió un mensaje contundente a los jóvenes: “Los animó a seguir estudiando y a alcanzar el éxito”.

Parte del dinero fue recuperado por las autoridades, pero la mayor parte sigue desaparecida, alimentando el enigma en torno al caso y su relación con el mito de D.B. Cooper.

El secuestro aéreo de Martin McNally expuso la vulnerabilidad de la aviación y la falta de medidas de seguridad en la época (Pegalo Pictures)
El secuestro aéreo de Martin McNally expuso la vulnerabilidad de la aviación y la falta de medidas de seguridad en la época (Pegalo Pictures)

Años de encierro marcaron la vida de McNally. Sus décadas tras las rejas estuvieron atravesadas por intentos fallidos de evasión, algunos de alto riesgo. En perspectiva, el exmilitar admitió que su conducta estaba lejos de la sensatez, calificando su delito de “una locura” y reconociendo el daño causado tanto a sí mismo como a quienes lo rodeaban.

Luego de obtener la libertad condicional en 2010, la vida de Martin tomó un rumbo completamente distinto. Ahora, a los 81 años, lleva una existencia tranquila, centrada en la rutina y el arrepentimiento. Contó a People que dedica sus días a cuidar a la suegra de su hermana, convive con dos gatos y mantiene un perfil bajo: “No tengo preocupaciones”.

Desde su excarcelación, se ha mantenido alejado de problemas legales y conserva una relación cordial con una de las azafatas que vivió el secuestro.

En intervenciones públicas y ante estudiantes universitarios, se ha mostrado autocrítico y ha destacado las lecciones aprendidas. El mensaje para quienes contemplan el delito es claro: “Olvídense de esas tonterías. No se saldrán con la suya, sobre todo hoy en día. Estudien, manténganse limpios y consigan un trabajo decente”, declaró, según People.

Al rememorar su pasado, el antiguo secuestrador reconoce que la búsqueda de una ganancia fácil solo le costó una vida desperdiciada, marcada por un instante de decisión equivocada.

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