De fabricar zapatos a conducir carruajes: los extravagantes pasatiempos de la nobleza británica en el siglo XIX

Entre innovaciones, coleccionismo y juegos arriesgados, los jóvenes de la época marcaron tendencia con hábitos excéntricos que desafiaron las normas sociales y dejaron huella en la historia

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La aristocracia británica del siglo XIX adoptó pasatiempos extravagantes como símbolo de distinción y creatividad social (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Durante el periodo de la Regencia en Gran Bretaña, la aristocracia desplegó una variedad de pasatiempos extravagantes. Estas prácticas prosperaron entre 1811 y 1820, en grandes ciudades como Londres. Participaban los jóvenes ricos de la clase alta, conocidos como la “ton”, quienes buscaban formas originales de emplear su tiempo libre, aprovechando la holgada posición económica de sus familias.

Mientras el resto de la sociedad enfrentaba jornadas laborales exigentes, los miembros de la aristocracia disponían de días enteros y la seguridad material necesaria para entregarse a actividades poco convencionales. Las opciones iban mucho más allá de las conocidas popularmente, apuestas o la caza del zorro, e incluían acciones tan sorprendentes como la fabricación casera de zapatos.

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De acuerdo con fuentes históricas citadas por History Extra, la costumbre de elaborar calzado propio llegó a ser tan popular que, durante la temporada de 1808, las damas de la alta sociedad de Mayfair abandonaron sus compromisos habituales para perfeccionar la costura de sus zapatos.

Pasatiempos inusuales toman protagonismo

Los hombres jóvenes compartieron ese entusiasmo y llegaron a olvidar compromisos sociales importantes por dedicarse a confeccionar sus propias zapatillas, según la correspondencia de una anfitriona londinense de 1809. Este pasatiempo resultó útil y permitió experimentar con destrezas manuales en entornos cómodos.

La fabricación casera de zapatos se convirtió en una moda entre las damas de la alta sociedad de Mayfair durante la Regencia (Wikimedia)
La fabricación casera de zapatos se convirtió en una moda entre las damas de la alta sociedad de Mayfair durante la Regencia (Wikimedia)

No todas las modas destacaron por su practicidad. Uno de los pasatiempos más curiosos fue el “drizzling”, traído por inmigrantes franceses en la década de 1790, que consistía en destejer flecos o tapices para extraer hilos de oro y plata. El interés principal parecía recaer en la simple ocupación de las manos y la oportunidad de exhibir destreza, más que en el valor real de los materiales recolectados.

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Según la crónica social de la época, la Princesa Charlotte de Gales practicó intensamente el “drizzling”, y tras su fallecimiento, su esposo, el príncipe Leopoldo, se aficionó al mismo pasatiempo. Su constancia causaba asombro y, en ocasiones, aburrimiento a quienes lo rodeaban.

El deseo de experiencias nuevas llevó a algunos jóvenes aristócratas a imitar a los cocheros de trabajo. Los clubes de “gentlemen-coachmen” convocaban a sus miembros a conducir carruajes de cuatro caballos y vestirse como empleados del sector, con abrigo de trabajo y modales rústicos. Algunos llegaban a modificar su dentadura para parecer auténticos conductores, relató el diplomático Mirza Abu’l Hassan Khan tras presenciar una de estas singulares exhibiciones en 1810.

En ese entorno, las mujeres no se limitaron a tareas domésticas. Algunas, interesadas por la política, frecuentaron un pequeño cuarto sobre la Cámara de los Comunes, en el Palacio de Westminster, para escuchar los debates parlamentarios prohibidos al público femenino desde 1778. Allí, damas como Harriet Arbuthnot y Lady Bessborough valoraban la posibilidad de informarse de primera mano sobre las discusiones legislativas y compartir sus impresiones con políticos influyentes.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
El 'drizzling', técnica de destejer tapices para extraer hilos de oro y plata, fascinó a figuras como la Princesa Charlotte de Gales (Imagen Ilustrativa Infobae)

Entre los jóvenes varones, la búsqueda de emociones llevó a comportamientos que hoy se considerarían vandálicos. De acuerdo con testimonios recopilados por History Extra, las noches de juerga incluían arrancar picaportes de puertas y volcar casetas de guardias nocturnos para atraparlos dentro. La apropiación de objetos de tiendas y sombreros ajenos también formaba parte de la diversión, como recordó Lord William Lennox.

La innovación tecnológica también encontró espacio en los círculos aristocráticos. En 1819, el velocípedo, o “dandy horse”, un precursor sin pedales de la bicicleta moderna, se convirtió en la sensación entre los jóvenes con mejores recursos económicos. Según los diarios londinenses, carreras entre Hyde Park y Brighton fueron frecuentes ese verano, con la participación de personajes como el duque de Marlborough y el príncipe regente, aunque no hay constancia de que este último llegara a montar alguno de sus cuatro velocípedos.

El impacto del fenómeno no fue siempre positivo. La prensa recogió las quejas por accidentes ocasionados cuando los ciclistas, para evitar el mal estado de las calles, invadían las aceras y asustaban a los caballos. Pronto se impusieron restricciones y sanciones económicas, lo que, sumado a la burla pública y el escepticismo de los médicos acerca de sus beneficios, limitó el auge de esta afición a apenas unos años.

Otra tendencia fue la formación de colecciones insólitas. Richard Rush, embajador estadounidense, relató su sorpresa al descubrir entre los aristócratas colecciones de pipas, animales exóticos, tés y tabacos, como las que atesoraba Lord Petersham, conocido por almacenar decenas de tipos de rapé en su residencia.

Según la investigación de History Extra, estos gustos extraordinarios fueron verdaderas formas de distinción social para la “ton”, y un reflejo de la creatividad y el aburrimiento de la élite británica en uno de sus periodos más peculiares.

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