
La última vez que alguien afirmó haber visto a Ylenia Carrisi con vida fue de noche, en Nueva Orleans, cerca de las aguas oscuras del río Misisipi. Un guardia de seguridad declaró haber observado a una joven rubia, con rasgos similares a los de la hija de Al Bano y Romina Power, sentada a la orilla del río, sola y vestida. Según su testimonio, se tiró al agua luego de gritar una frase inquietante. No hubo más testigos y no se encontró su cuerpo, pero ese relato aislado se convirtió con el tiempo en uno de los pilares más controvertidos de una desaparición que aún no tiene explicación definitiva.
Ylenia tenía 23 años. Era la hija mayor de dos figuras icónicas del espectáculo europeo y, desde hacía varios días, estaba alojada sola en un hotel modesto del barrio francés. Su viaje personal la había llevado a Nueva Orleans tras recorrer América Central, buscando distancia de la fama y del mundo en el que había crecido.
El 6 de enero de 1994 salió del hotel y nunca regresó. Dejó atrás su pasaporte, su equipaje y todas sus pertenencias personales. Con el paso de las horas, su ausencia se transformó en un vacío imposible de llenar para su familia, al tiempo que abrió una cadena de especulaciones y versiones sobre su paradero que perduran hasta hoy. Finalmente, el tribunal de Brindisi declaró la muerte presunta de Ylenia Carrisi el 16 de diciembre de 2014.

De la fama a la búsqueda de identidad
Ylenia Maria Sole Carrisi había nacido el 29 de noviembre de 1970 en Roma y era hija de Albano Carrisi y Romina Power, una pareja de artistas que se había convertido en un fenómeno en toda Europa y de las más queridas en el ambiente. Aunque cuando nació intentaron resguardarla, desde pequeña, la niña creció bajo los flashes de los fotógrafos, acompañando a sus padres en giras, conciertos y presentaciones televisivas. Su carisma, belleza y talento la convirtieron a ella en un personaje público incluso antes de elegir su propio camino. Pero, acostumbrada a la vida pública, la joven decidió alejarse del foco de la fama: mientras el mundo esperaba verla brillar en la música o la actuación, ella optó por estudiar literatura en Londres. Soñaba con ser escritora.
El verano de 1993 marcó un punto de inflexión en su vida. De vuelta a Italia, junto a su familia realizó un viaje por Estados Unidos que la impactó profundamente, especialmente la ciudad de Nueva Orleans. Fascinada por la música callejera, el jazz, la cultura vudú y la vida de los más marginados, Ylenia decidió tomar un año sabático y dedicarse a escribir una novela sobre sus experiencias. Su deseo de explorar el mundo y buscar inspiración la llevó a vender sus pertenencias, llevar lo indispensable y emprender un viaje que cambiaría su vida.
Su primer destino fue Belice, donde se hospedó en un entorno precario y violento, que terminó por resultar insostenible y lejano a lo que había imaginado. Luego de unas semanas de tensión y un incidente con el bebé de una vecina que sufría violencia doméstica, y que puso en riesgo su seguridad, Ylenia decidió regresar luego de la Navidad a Nueva Orleans, el lugar que la había cautivado meses atrás. Allí había iniciado una relación con Alexander Masakela, un músico callejero. Juntos, alquilaron una habitación en un hotel del barrio francés, donde la joven pasaba los días escribiendo y absorbiendo todo lo que la ciudad ofrecía.

El último rastro
Durante los primeros meses en Nueva Orleans, Ylenia tenía un contacto esporádico con su familia. Los llamaba para contarles que estaba bien, cómo eran sus días y cómo iba con sus proyectos. Pero, las llamadas se hicieron cada vez más esporádicas hasta que a finales de diciembre de 1993, su hermano Yari quiso sorprenderla y viajar a Belice para encontrarla. Sabía que estaba allí recopilando material para su novela y llegó a la paradisíaca Hopkins el 27 de diciembre, solo para enterarse de que su hermana ya había regresado a Nueva Orleans. Desde ese momento, Yari se sumó a la búsqueda junto a sus padres, recorriendo calles, colocando carteles y coordinando con la policía local.
El 6 de enero de 1994 se supo por última vez de ella: Ylenia salió del hotel y no regresó más. Sus pertenencias quedaron intactas: pasaporte, ropa, cuadernos y todos sus objetos personales. La ausencia de la joven rápidamente se convirtió en alarma y todos los medios internacionales comenzaron a seguir el caso casi con obsesión, alimentando teorías y versiones contradictorias sobre lo que realmente había ocurrido.
El testimonio más inquietante llegó de Albert Córdova, un guardia de seguridad que declaró haber visto a una mujer rubia similar a Ylenia en la orilla del Misisipi. Según él, gritó: “Pertenezco al agua”, se arrojó y fue arrastrada por la corriente, perdiéndose de vista mientras un barco pasaba. Ese relato fue la teoría que tomó Al Bano como hipótesis de la desaparición de su hija, creyendo que podría haber muerto ahogada. Pero no hubo más testigos y pese a los trabajos de los investigadores, no encontraron ningún cuerpo. Romina Power, por el contrario, siempre dudó de esta versión y mantuvo la esperanza de que Ylenia estuviera viva, negándose a creer que su hija fuera capaz de quitarse la vida.

Investigaciones, rumores y esperanzas frustradas
Luego de la desaparición de la joven, Alexander Masakela, su pareja, fue detenido e interrogado, pero pronto fue liberado por la falta de pruebas en su contra. Mientras tanto, la familia recurrió a detectives privados y rastreadores internacionales para dar con ella, dando inicio a distintas teorías sobre qué pudo haberle pasado.
Algunas de esas teorías apuntaron a la República Dominicana, donde un investigador dijo haberla encontrado en comunidades aisladas, viviendo con niños y bajo tutela de un protector adinerado, pero nada fue cierto. Pasaban los días y Ylenia seguía desaparecida. Luego de unos años en las sombras, el caso volvió a ser noticia.
En 2005, la periodista española Lydia Lozano afirmó en un programa en vivo que la joven estaba con vida y en una comunidad hippie de Santo Domingo. Según contó —y frente al propio Al Bano— había realizado una investigación y podía afirmar que la mujer estaba con vida; que lo que decía estaba respaldo por un informante anónimo que, además, le aseguró que Ylenia había cambiado su aspecto físico, su nombre y que vivía protegida por una persona muy poderosa (sin dar definiciones), y que tenía dos hijos. Al Bano reaccionó de manera tajante, negando cualquier evidencia y reafirmando la hipótesis del río Misisipi. Las versiones de Lozano se desmoronaron cuando ella misma viajó a buscar a la joven y supo que todo lo que le habían dicho era mentira. Regresó a España llorando, avergonzada y pidiendo perdón.
Otras teorías surgieron en los años siguientes. En 2011, un medio alemán publicó una nota que afirmaba que Ylenia podría estar en un convento de Arizona, información que la familia investigó de inmediato y descartó al comprobar que la institución estaba formada solo por hombres. En 2015, el asesino en serie identificado como Keith Hunter Jesperson dijo que uno de los cuerpos no identificados que había asesinado en Florida era el de Ylenia. Al Bano pensó que esa vez sí podría ser verdad porque el criminal hablaba de una mujer rubia a la que mató en 1994... Tanto él como su exesposa se sometieron a pruebas de ADN para saber si alguno de los cuerpos enterrados como NN era el de su hija, pero el resultado de la prueba resultó negativo.

Treinta años de misterio
En 2014, a veinte años de la desaparición, Al Bano pidió al tribunal de Brindisi que sentenciara sobre la causa: declaró la muerte presunta de Ylenia, un paso legal que él necesitaba para darle cierre a la tragedia de su hija. Esto jamás fue aceptado por Romina Power. La madre siguió manteniendo la esperanza de que su hija estuviera viva, revisando cada pista y manteniendo la vigilancia sobre cualquier indicio, por mínimo que fuera. Al Bano se inclinó por el duelo y la aceptación del paso del tiempo, aferrándose a la música y la fe para sobrellevar la ausencia de Ylenia.
En 2024, el aniversario número treinta de la desaparición volvió a encender la atención mediática. Un diario italiano informó que un investigador privado de Estados Unidos había localizado a Ylenia con vida, residiendo en Nueva Orleans en condiciones precarias, posiblemente afectada por las drogas y viviendo en un sótano con vagabundos.
Aunque la noticia no fue confirmada oficialmente por la familia ni por las autoridades, reabrió la discusión sobre la posibilidad de que la joven hubiera sobrevivido todos estos años. Al Bano se mostró crítico, calificando las especulaciones como “desalmadas” y dañinas, mientras Romina mantuvo la esperanza intacta, recordando siempre que nunca dejó de buscar a su hija.
En una entrevista con el diario italiano Corriere Della Sera, Al Bano recordó la conversación que había mantenido con aquel testigo clave, que dijo haberla visto arrojarse al río y nadar estilo mariposa. “Ahí entendí que el vigilante estaba diciendo la verdad, porque Ylenia solía decir esa frase de niña antes de tirarse al agua, y siempre nadaba en estilo mariposa. Pero el Misisipi no perdona”.
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