
La expresión “truco o trato” es uno de los símbolos indiscutibles de Halloween. Suena a juego y a fiesta, pero su historia entrelaza rituales milenarios, conquistas culturales, transformaciones sociales y recelos entre vecinos que temen alguna travesura.
Samhain: el inicio de la historia
Para conocer el inicio, hay que remontarse más de dos mil años atrás, a las tierras de los antiguos celtas en las Islas Británicas. En esas tierras, celebraban el Samhain, el festival que marcaba el fin de la cosecha y el comienzo del año nuevo, y que también significaba el momento en el que la frontera entre vivos y muertos se debilitaba.
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Según la creencia, los espíritus podían retornar esa noche, trayendo consigo tanto bendiciones como desgracias. En ese contexto, la protección era fundamental.

Los celtas encendían grandes hogueras y, en algunos relatos, se disfrazaban para pasar inadvertidos ante los fantasmas o para repelerlos. Esta costumbre de ocultar la propia identidad sería la semilla de los futuros disfraces de Halloween, según consignó Smithsonian Magazine.
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La influencia cristiana y el nacimiento de una nueva tradición
Con el avance del cristianismo sobre Europa, la Iglesia católica decidió absorber muchas celebraciones paganas para facilitar la conversión de las poblaciones.
En el siglo VIII, el papa Gregorio III movió la festividad de Todos los Santos al 1 de noviembre, sobreponiéndola al Samhain. Así nació el Día de Todos los Santos y, por extensión, la víspera pasó a ser conocida como All Hallows’ Eve, que con los siglos derivó en Halloween.
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Estas celebraciones con rasgos cristianos no eliminaron del todo los viejos hábitos. Por el contrario, durante la Edad Media surgieron rituales híbridos: para apaciguar a las almas errantes y evitar su enojo, las familias dejaban pan, tortas y bebida fuera de sus casas. Al pasar los años, el acto de compartir alimentos adquirió nuevos matices, en especial entre quienes menos tenían.
Mumming, souling y guising: antecesores directos del “truco o trato”
En distintas regiones del Reino Unido y de Irlanda, con el tiempo comenzaron a desarrollarse tradiciones que guardan similitud directa con el actual “truco o trato”.
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- Mumming: se trataba de grupos de personas, primero adultas y luego niños, que recorrían el vecindario vestidos de manera extravagante o aterradora. Pedían comida o pequeñas monedas, ofreciendo a cambio pequeños espectáculos, bendiciones protectoras o la promesa de no causar daño. Si no recibían nada, lanzaban pequeñas bromas. Aquí asoma la idea de que, frente a la negativa, podía haber una travesura.
- Souling: en Inglaterra, durante la víspera, los más pobres tocaban de puerta en puerta pidiendo “soul-cakes”, unos pequeños panes redondos a cambio de rezar por las almas de los difuntos de esa casa. Con los años, los niños desplazaron a los adultos en la costumbre y aportaron canciones y rimas tradicionales.
- Guising: en Irlanda y Escocia, la tradición exigía mayor creatividad: quienes recorrían las casas debían disfrazarse (de ahí el término “guise”) y demostrar alguna habilidad artística —recitaban un poema o cantaban— para recibir dulces, frutas o monedas. Así, el intercambio no era solo por la presencia, sino por el entretenimiento.
Las travesuras, los rezos y la recompensa se fusionaban en pequeños rituales que, con el tiempo y las migraciones, cruzaron el Atlántico, tal como desarrolló Smithsonian Magazine.
El salto a Norteamérica: migraciones y reconfiguración del ritual
Durante el siglo XIX, la llegada de inmigrantes británicos a Canadá y Estados Unidos permitió que estas costumbres se recrearan en un continente nuevo. Las comunidades de inmigrantes mantuvieron vivas las tradiciones de súplica de casa en casa, pero en terreno norteamericano el Halloween sumó un componente lúdico y travieso mucho más fuerte.
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Ya a finales del siglo XIX y comienzos del XX, Halloween comenzaba a asociarse, especialmente en Estados Unidos, con bromas. Los niños y jóvenes aprovechaban la ocasión para tirar huevos, ensuciar ventanas o armar pequeñas gamberradas en el vecindario, especialmente si se les negaba alguna golosina o recompensa.
El nacimiento de la frase y su formalización

La frase “trick or treat” (“truco o trato”) aparece por primera vez en documentos canadienses de los años 1920. Según investigaciones citadas por Smithsonian Magazine, periódicos de la época, como el Saskatchewan Leader-Post y el Red Deer Advocate, ya aludían a esa “elección” entre recibir un obsequio (treat) o sufrir la consecuencia (trick).
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En Estados Unidos, su uso comenzó a ser documentado desde 1928, cuando un diario de Michigan describió a niños lanzando el ultimátum “Tricks or treats!” para lograr su botín de dulces, bajo la amenaza inocente —o no tanto— de ensuciar ventanas con jabón.
Esta dualidad, entre juego y amenaza, fue uno de los matices iniciales de la frase. Halloween se consolidó así como una fecha en la que las normas sociales se relajaban y tanto niños como jóvenes podían invertir, por una noche, el orden habitual y proponer un trato.
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No fue sino hasta después de la Segunda Guerra Mundial, cuando el racionamiento de azúcar terminó, que el “truco o trato” explotó como fenómeno social. La industria de los caramelos, el crecimiento suburbano y la publicidad popularizaron el acto de recorrer casas pidiendo dulces, y la expresión “trick or treat” se grabó definitivamente en el imaginario colectivo norteamericano.
Dulces, miedo moral y expansión global
A partir de los años 40 y 50, la costumbre ganó popularidad. La aparición de caramelos envueltos individualmente ofreció seguridad y facilidad para repartir, mientras que el auge de los suburbios facilitó un ambiente seguro para que los niños circularan de casa en casa.
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El ritual, sin embargo, fue objeto de ciertos temores sociales. En los años 70 y 80 circularon rumores sobre golosinas adulteradas, lo que llevó a muchos padres a revisar cada dulce. Aunque los incidentes reales eran extremadamente raros, la percepción de riesgo se instaló en el imaginario colectivo.

Pese a ello, Halloween y la frase “truco o trato” continuaron moviéndose más allá de las fronteras estadounidenses, expandiéndose a América Latina, Europa y Asia, adaptándose a nuevos contextos y lenguajes.
La frase en la actualidad: de la amenaza a la fiesta
En la actualidad, la amenaza subyacente en la frase se ha diluido casi por completo. Pocos niños consideran de verdad hacer alguna travesura si no reciben dulces; la frase es hoy una fórmula ritual, un pase de acceso al juego colectivo del vecindario.
Para quienes no desean sumarse, basta con dejar la luz apagada en el porche para indicar que no participan, acto que recuerda de algún modo la intención original de evitar el contacto con los espíritus.
El “truco o trato” condensa siglos de historia, folklore y apropiación cultural, y su permanencia como parte de Halloween es una prueba de su potencia simbólica: la unión de miedo, disfraces y comunidad en una noche en la que las reglas se negocian y la imaginación tiene licencia para gobernar.
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