
John Wayne Gacy residió durante años en Norwood Park Township, Illinois, EEUU; un barrio tranquilo que jamás imaginó el horror oculto tras las cuatro paredes de su casa.
Entre 1972 y 1978, Gacy construyó una fachada de vecino amable. Sin embargo, bajo esa normalidad se tejía una historia criminal perturbadora: asesinó a más de 30 jóvenes y ocultó los cuerpos de al menos 26 bajo el piso de su propia casa.
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Gacy residía en un sencillo rancho de ladrillos en 8213 West Summerdale Ave. Se mostraba como un empresario exitoso y hasta animador de fiestas infantiles llamado “Pogo el Payaso”.
Según precisó People, el vecindario veía en Gacy a un hombre socialmente activo, presente en eventos políticos e incluso relacionado con figuras como la primera dama Rosalynn Carter.
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Nadie sospechó que los cimientos de su hogar escondían un oscuro secreto. El primer indicio surgió de una característica imposible de ignorar: el olor desagradable que emanaba del interior de la casa. De acuerdo con Chicago Tribune, aquella pestilencia fue la primera pista que alertó a la policía y marcó el comienzo del fin para el “Payaso Asesino”.
La vivienda de Gacy parecía convencional: salón convertido en oficina privada, una habitación habilitada como terrario, cocina práctica y espacio para alojar a empleados de P.D.M. Construction, su empresa. Sin embargo, omitió mencionar el acceso al subsuelo donde, protegido por una trampa en el garaje, ocultaba los cuerpos de sus víctimas en una extensión de tierra de casi 12 metros de ancho.
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Según CBS News, su hermana, Karen Kuzma, recordaba aquel olor “añejo y mustio” como un rasgo insoslayable. Gacy justificaba el olor como propio de la tierra húmeda, pero años después admitió a su familia que debió haber cementado el piso para evitar ser descubierto.
La desaparición de Robert Piest, un estudiante de 15 años, activó la alarma policial. De acuerdo con NBC, la policía comenzó a vigilar a Gacy e incluso aceptó sus invitaciones para entrar en la casa. Fue allí donde un agente, Bob Schultz, detectó que el calor de la calefacción dispersaba el olor de la muerte por toda la casa.
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Aquel dato impulsó la investigación policial y, con una orden judicial, los detectives hallaron los restos humanos enterrados bajo el suelo de la casa.
Gacy fue arrestado el 21 de diciembre de 1978. Según declaraciones del agente Mike Albrecht y registros de Chicago Tribune, confesó los crimines, Remarcó con precisión la ubicación de cada cuerpo. La policía encontró 26 víctimas bajo la casa y tres más en distintos puntos de la propiedad.
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Asimismo, se descubrió que cuando Gacy ya no pudo enterrar más cuerpos en su hogar, arrojó a otros al río Des Plaines, envueltos en plástico y cubiertos con cal, de acuerdo con CBS News.
En abril de 1979, derribaron la casa de Gacy y arrasaron el terreno. Chicago Tribune informó que durante los años ochenta, el baldío se transformó en una atracción para curiosos, aficionados al crimen real y cazadores de fantasmas.
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En 1986, construyeron una nueva casa, cambiaron la numeración, pero nadie pudo borrar por completo el recuerdo. El atractivo de la propiedad seguía intacto porque la memoria del horror seguía tan viva como entonces.
El morbo por el pasado de la vivienda nunca desapareció. Según Realtor.com, la propiedad se vendió en 2004 por USD 300.000 y volvió al mercado en 2019 a USD 489.000, aunque su precio bajó hasta venderse finalmente en 2021 por USD 395.000.
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Para Orell Anderson, tasador inmobiliario entrevistado por Realtor.com, “el estigma corre con el terreno, no con la casa”. Explicó que cambiar la dirección y renovar la vivienda nunca será suficiente: la historia persigue a esos muros y no a la arquitectura.
Hoy, aún con nueva construcción y vecinos distintos, el terreno de Gacy atrae a visitantes de todo el país. De acuerdo con Chicago Tribune, los residentes asocian cada auto foráneo o matrícula desconocida con alguien que busca presenciar, aunque sea a la distancia, el lugar donde se escribió uno de los capítulos más oscuros de la crónica policial.
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El domicilio de John Wayne Gacy trasciende la leyenda urbana y resume la fascinación humana por los misterios irresueltos. Ni la demolición, ni las remodelaciones ni el paso de los años lograron borrar la huella que imprimió el criminal más infame de Chicago sobre esa casa y sobre la memoria colectiva.
La dirección sigue siendo mucho más que un punto en el mapa: es testigo mudo del horror y la resiliencia de una comunidad que jamás olvidó lo que sucedió.
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