
Creció escuchando hablar de su belleza constantemente. En la calle, la gente paraba a su madre para decirle: “¡Qué hermoso es su hijo!” Ella no soportaba que lo tocaran, así que, cuando lo paseaba por el parque de Sceaux, llevaba un pequeño letrero en el cochecito que advertia: “¡Mírenme pero no me toquen!“, contó el actor en la revista Paris Match años antes de morir.
El niño de los ojos azules, y una mirada que solía ser definida como fría, nació el 8 de noviembre de 1935, en Sceaux, en los suburbios de París, hijo de un proyector de películas —y más tarde director de un pequeño cine en Bourg-la-Reine— y de una mujer que trabajaba en una farmacia y como acomodadora de cine que soñaba con ser actriz.
Tenía apenas cuatro años cuando sus padres decidieron separarse y rehacer sus vidas. Nunca los vio juntos. Su madre por un lado, su padre por el otro. Cada uno en una orilla, y él en una isla en el medio. “Ellos se divorciaban, rehacían su vida y yo, me encontré colocado en una familia de acogida, como un huérfano”. Fue entonces cuando comprendió lo que significaba la ruptura y el abandono. “¿Cómo entender que tus padres se deshagan de vos cuando solo tenés cuatro años?”, recordaría muchos años después.
“Mi madre venía a veces, mi padre nunca. Ellos habían rehecho su vida, tenido otros hijos, yo no era su prioridad. Tenía 4 años y me echaron. Solo tengo “medios”, medio hermanos, medias hermanas. Me mantuve cercano a Paule-Edith, la hija de mi madre, volví a ver a mis medio hermanos de vez en cuando, pero eso no es lo que yo llamo una familia", relató.
La escuela fue otro territorio hostil. Inteligente, pero rebelde, incapaz de aceptar reglas o límites, acumuló sanciones y expulsiones. Lo cambiaron de institución infinidad de veces. “Era indisciplinado, insolente, un niño difícil”, admitiría más tarde.
De su infancia recordó episodios que lo marcaron junto a su familia de acogida en Fresnes, cerca de una prisión que, según contaría después, lo fascinaba. Desde el patio escuchó el sonido seco de las balas cuando fusilaron a Laval, en 1945. El político francés fue juzgado y condenado por traición y colaboración con la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial.
Esa familia sustituta, cariñosa y severa a la vez, le enseñó el respeto, la disciplina y la noción de límites. Sin embargo, nunca se sintió del todo en casa. “Comprendí pronto que solo saldría adelante yéndome”, diría después. Y así lo hizo: a los diecisiete años, se alistó en el ejército para ir a la guerra de Indochina. “La mayoría de edad era entonces a los 21 años y mis padres firmaron la autorización de alistamiento sin dudarlo, como si se deshicieran de mí una vez más. Les guardo rencor por eso. No se manda a un niño de 17 años a la guerra... 17 años... ¡Solo tenía 17 años!“, recordó con amargura a los 82 años.
Allí aprendió a sobrevivir, a obedecer y a callar. El ejército lo forjó para siempre. Volvió vivo, pero endurecido. En esa época aún no imaginaba el destino que lo esperaba. Había dejado la escuela a los 14 años. Era carnicero en el local del nuevo marido de su madre y carecía de cualquier tipo de ambición artística. Lo que vino después fue una sucesión de casualidades, de mujeres que lo empujaron hacia el cine, de miradas que lo detuvieron en la calle. Sin embargo, esa belleza que todos celebraban fue, para él, un don y una condena. “Si hubiera entendido que era un poder, no habría empezado mi vida siendo carnicero”, reflexionaría más tarde.
El niño abandonado siguió dentro del hombre famoso. Nunca dejó de sentirse solo, ni siquiera rodeado de admiración. “Incluso cuando amaba a una mujer, me sentía solo”, reconoció. “Esa soledad que arrastro desde siempre seguramente viene de la infancia. Solo tenía 4 años cuando entendí que uno puede ser abandonado por quienes más ama”, expresó. “De todos modos, tengo que darle las gracias a mi madre, porque fue ella quien me dio la cara que tenía y todo sucedió gracias a eso. Lo tuve todo gracias a esa belleza. Así que sí, digo “gracias mamá”. Soy su retrato, ella era magnífica. Al menos eso se lo debo", agregó.
Esa infancia rota lo convirtió en alguien distante y receloso, alguien que nunca dejó de buscar lo que perdió demasiado pronto. Los años trajeron la fama, el dinero, los aplausos, el amor incondicional del público. “No luché para tener la vida y la carrera que he tenido, pero así es y a veces ni yo mismo me lo creo. Soy un actor y no un comediante, no fui al conservatorio. Yo no hice nada, dejé la escuela a los 14 años e hice el servicio militar. Soy un actor como Jean Gabin, Lino Ventura o Burt Lancaster. Una personalidad fuerte que tomaron y pusieron en el cine. Y puedo decir, sin falsa modestia, que he triunfado en este oficio.
Respuesta: el niño de la foto es Alain Delon
Últimas Noticias
El emotivo relato de un excombatiente que fue a Malvinas con su perro: “El vínculo es eterno; me debe haber estado esperando”
José Cruz tenía 21 años cuando fue enviado a las islas como parte de la sección Perros de Guerra. Décadas después, reconstruye su experiencia atravesada por el hambre, el frío y un vínculo inseparable que marcó su vida dentro y fuera del conflicto

Malvinas en primera persona: cómo fue cubrir la guerra y por qué gran parte del material fue censurado
A más de cuatro décadas del conflicto, el testimonio del periodista que estuvo en las islas revela las limitaciones, la censura militar y las imágenes que nunca llegaron al público, en medio de una cobertura marcada por el control y el silencio

“Te elegí a vos para escribirte”: el emotivo encuentro entre un veterano de Malvinas y la autora de una carta anónima
El ex combatiente Marcelo Lapajufker y Mara Biagini, quien le mandó una carta en pleno conflicto bélico, compartieron la historia de un lazo que se forjó entre las trincheras. Conserva unas 187 misivas de ese tipo

“La letra es un poco fea, es por el frío que tengo en las manos”: el crudo mensaje de un hijo a su madre desde Malvinas
A 44 años de la guerra, la historia de Félix Reynoso revive el drama cotidiano del frente: las cartas, la espera y la fe de una madre que sostuvo el vínculo en medio de la incertidumbre y el silencio

“Vamos ganando”: cómo la propaganda construyó el relato durante la Guerra de Malvinas
Durante la Guerra de Malvinas, la dictadura cívico-militar impulsó campañas masivas que instalaron la idea de una victoria inminente mientras ocultaban el desarrollo real del conflicto. Con el apoyo de agencias, medios y empresas, la propaganda moldeó la percepción social hasta el abrupto quiebre que significó la rendición



