
Una discusión trivial durante una cacería en 1951 dio origen a uno de los fenómenos editoriales más sorprendentes del siglo XX: el Libro Guinness de los récords. Lo que comenzó como una apuesta entre amigos sobre cuál era el ave de caza más veloz de Europa se transformó en una publicación que, décadas después, se consolidó como la obra con derechos de autor más vendida de la historia, solo superada por la Biblia, el Corán y el Libro Rojo de Mao.
Según relata National Geographic, la idea de compilar hazañas y datos insólitos en un solo volumen no solo capturó la imaginación de millones, sino que también redefinió la manera en que el mundo celebra lo extraordinario.
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El germen de este proyecto se plantó cuando sir Hugh Beaver, entonces director ejecutivo de Guinness Brewery, se encontró incapaz de resolver una disputa sobre aves durante una jornada de caza. Consciente de la afición británica por las apuestas en los pubs, Beaver vislumbró la utilidad de un libro que resolviera este tipo de debates.

Así, en los primeros años de la década de 1950, decidió encargar la tarea a los hermanos Norris y Ross McWhirter, conocidos por su prodigiosa memoria y por dirigir una agencia especializada en proveer datos y cifras a medios y publicaciones. Norris McWhirter explicó a National Geographic que su empresa se dedicaba a “suministrar hechos y cifras a periódicos, anuarios, enciclopedias y publicistas”.
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El proceso de creación del primer Libro Guinness de los récords fue tan singular como su origen. Los hermanos McWhirter, contratados por Beaver, emprendieron una exhaustiva labor de recopilación de información, contactando a expertos de disciplinas tan diversas como la astrofísica, la zoología, la meteorología y la criminología.
Norris McWhirter detalló a National Geographic que su método consistía en “aventurar una respuesta y pedir al experto que la confirmara”, ya que, según su experiencia, “la gente se resiste muchas veces a dar información, pero no se resiste a corregir las opiniones ajenas”.
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Tras trece semanas y media de trabajo intenso, a razón de 90 horas semanales, los McWhirter completaron el manuscrito. En 1954, se imprimió una edición limitada de mil ejemplares, distribuidos como obsequio.

El contexto de la posguerra, marcado por un creciente interés global en los récords mundiales y las hazañas humanas, favoreció la rápida popularidad del libro. En agosto de 1955, se lanzó la primera edición comercial, que se agotó en cuestión de meses.
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Para Navidad de ese año, el Libro Guinness de los récords ya figuraba entre los más vendidos, lo que motivó la publicación de una edición estadounidense, también exitosa. Aunque inicialmente concebido como una herramienta promocional, el libro se transformó en un fenómeno editorial: ha vendido más de 120 millones de ejemplares, traducidos a 37 idiomas y distribuidos en más de 100 países, según datos de National Geographic.

La historia del libro también estuvo marcada por episodios trágicos. Los hermanos McWhirter continuaron actualizando la obra hasta 1975, año en que Ross fue asesinado por miembros del IRA tras ofrecer una recompensa por su captura. Norris prosiguió con la labor hasta su jubilación en 1995. Con el tiempo, la cervecera Guinness cedió la gestión de la publicación a una firma canadiense, que mantiene la vigencia y expansión global del proyecto.
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Funcionamiento y criterios de selección en Guinness World Records
En la actualidad, Guinness World Records actúa como árbitro imparcial de las hazañas que se incluyen en sus páginas. Cada edición selecciona una muestra de su vasta base de datos, que abarca desde proezas físicas clásicas hasta logros insólitos, como el lanzamiento de huevos a distancia o la extensión de monedas en el suelo.
No obstante, la organización estableció criterios estrictos: no ofrece recompensas económicas, no cubre gastos ni patrocina a quienes buscan batir récords. El reconocimiento público y la inclusión en el libro constituyen el único premio.
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El catálogo de récords evolucionó con el tiempo, adaptándose a consideraciones éticas y de seguridad. Algunas categorías, como el consumo masivo de alimentos o la sobrealimentación de animales, fueron eliminadas para evitar riesgos a la salud o el bienestar.
Por ejemplo, tras la publicación del récord del gato más pesado, se detectó que muchos propietarios sobrealimentaban a sus mascotas, lo que llevó a la supresión de ese tipo de marcas. Del mismo modo, se han retirado récords que impliquen ingesta excesiva de alcohol o cualquier práctica que pueda poner en peligro a los participantes o a terceros.
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Ejemplos llamativos y curiosidades de récords mundiales
Entre los récords más llamativos que recoge el libro figuran el mayor laberinto del mundo, construido en Reino Unido con un millón y medio de plantas de maíz para conmemorar el aniversario de la serie Star Trek, y la salchicha más larga, elaborada en la localidad serbia de Tarija, con una longitud de 2.025 metros.

España también dejó su huella, con la mayor paella del mundo, de 30 toneladas, cocinada en Valencia, y con iniciativas solidarias como la extensión de dos millones de monedas de un céntimo de euro en Paterna para recaudar fondos destinados a niños con discapacidad.
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El Libro Guinness de los récords, que nació de una simple apuesta, no solo ha documentado lo extraordinario, sino que ha despertado la curiosidad de generaciones enteras. Tal es su magnetismo, que, según National Geographic, ostenta una marca singular: es el libro más sustraído de las bibliotecas públicas en Estados Unidos.
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