
Se cumplen 28 años de uno de los hechos relevantes de la parte final del siglo XX: el funeral de Lady Di que se produjo en Londres seis días después del fallecimiento de la princesa a los 36 años tras sufrir, el 31 de agosto de 1997, un fatal accidente de tránsito en París.
Para la Casa Real del Reino Unido, su organización fue un problema. Desde su divorcio con el entonces príncipe de Gales, hoy Rey Carlos, Diana conservaba su título de princesa, pero ya no era miembro de la realeza, por lo que no tenía derecho a un funeral de Estado. Sin embargo, le resultó imposible a la Casa Real no ofrecer el gran homenaje que los británicos esperaban y con el que deseaban dar su último adiós a Lady Di.
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Ante el dolor colectivo y el silencio de la familia real, la monarquía comenzó a ser cuestionada. Fue Tony Blair, del Partido Laborista, que había sido designado Primer Ministro hacía tan solo cuatro meses, quien convenció a la Reina Isabel de mostrarse más humana ante la madre de sus nietos. Fue así que se decidió realizar, tal como fue anunciado por el vocero real “un funeral único para una persona única”.

El cuerpo sin vida de Lady Di fue llevado de París a Londres. Después de la autopsia se lo trasladó a la capilla real del Palacio de Saint James. Fue allí donde hubo una despedida privada de la que participaron integrantes de la familia real y familiares de Diana. El día anterior al funeral, el ataúd fue llevado al Palacio de Kensington. Un mayordomo, la madre de Diana y el párroco de la capilla rezaron toda la noche en lo que se transformó en una dolorosa vigilia.
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Aquel 6 de septiembre, más de un millón de personas salieron a las calles para presenciar el cortejo fúnebre que comenzó en Kensington pasó por Hyde Park y que recorrió 13 kilómetros hasta el palacio de St. James. El derrotero del ataúd comenzó minutos después de las 9 de la mañana y duró poco más de una hora. El destino final fue la abadía de Westminster donde se realizó la ceremonia de despedida.

Para la transmisión del último adiós a Diana Spencer la BBC dispuso la instalación de 100 cámaras de televisión, trabajaron 300 técnicos y hubo 22 móviles desplegados a lo largo de los 13 kilómetros del recorrido del cortejo.
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Dentro del Reino Unido la transmisión tuvo 32 millones de espectadores. En el resto del mundo, 2.500 millones de personas siguieron el minuto a minuto del funeral, televisado, desde sus casas. Fue un hecho global que superó en número a la boda que había protagonizado Lady Di cuando se casó con Carlos el 29 de julio de 1981. Se separaron en 1992 y el divorcio se formalizó en 1996.
Sobre el féretro de Diana Spencer, trasladado por un carruaje arrastrado por cuatro caballos y escoltado por la guardia real, reposaba la bandera real sobre la que fueron colocados tres ramos de flores: uno ofrendado por su hermano y otras dos por cada uno de los hijos que habían tenido con Carlos: William y Harry. En la corona de Harry había una carta dirigida a “Mummy/Mami”.
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En las calles vestidas de luto de Londres había decenas de miles de flores que las personas que se sumaron a la despedida dejaron en la puerta del Palacio de Buckingham y en las de Kensington donde la princesa Diana había vivido. Algunas crónicas de entonces recuerdan que fue tan grande la demanda floral que, en Colombia, principal exportador de flores al Reino Unido, la venta aumentó un 20 por ciento. Se enviaron de urgencia 200 mil arreglos florales, ramos que solían costar el equivalente a 10 dólares alcanzaron un precio entre 50 y 150 dólares.
De aquella jornada en la que miles de personas salieron a las calles a despedir a Lady Di, quedaron algunas imágenes grabadas. Una de ellas fue la de la entonces Reina Isabel-fallecida el 8 de septiembre de 2022- cuando bajó la cabeza al paso del cortejo por el palacio de Buckingham.
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Otra de las imágenes impactantes del 6 de septiembre de 1997 fue la de los príncipes William y Harry, que en aquel momento contaban con 15 y 12 años respectivamente, con la tristeza dibujada en sus rostros demudados al tiempo que caminaban detrás del ataúd, acompañados por su padre, el príncipe Carlos, su abuelo, Felipe de Edimburgo, y su tío, Charles Spencer, hermano de Diana.
Años más tarde, Charles Spencer confesó que aquella decisión de hacer desfilar a los dos hijos de Diana tras el féretro de su madre le pareció un error, algo “cruel”, y que esa caminata ”fue sobre todo la peor parte del día, caminando detrás del cuerpo de mi hermana con dos niños que obviamente estaban destrozados por la muerte de su madre”.
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En 2017, Harry confesó que aquello fue algo que a ningún niño “se le debería pedir que hiciera”, pero que con el tiempo se alegraba de haber hecho. También William habló años después sobre aquel momento y confesó que fue “una de las cosas más difíciles que he hecho”.
A la ceremonia que se realizó en la abadía de Westminster acudieron 2.000 invitados entre los que se encontraban además de la Reina Isabel II, una enorme cantidad de gente conocida.
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Había dirigentes políticos como Margaret Thatcher, Tony Blair, Nelson Mandela y Hillary Clinton. Y miembros de otras casas reales como Noor de Jordania, la princesa Margarita o Masako y Naruhito de Japón. El mundo de la moda estuvo representado por Anna Wintour, Karl Lagerfeld y Donatella Versace. Entre las celebridades del espectáculo estaban Sting, Luciano Pavarotti, Tom Hanks, Steven Spielberg, George Michael, Nicole Kidman y Tom Cruise.
Durante la ceremonia conmovedora e histórica. Tony Blair y las hermanas de Diana recitaron poemas. Jane Spencer leyó uno escrito por Henry van Dyke que dice: “El tiempo es / Demasiado lento para aquellos que esperan, / Demasiado rápido para aquellos que temen, / Demasiado largo para aquellos que sufren, / Demasiado corto para aquellos que se alegran; / Pero para aquellos que aman, el tiempo es eterno”.
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El momento de mayor emoción lo generó Elton John, amigo personal de Lady Di, quien cantó entonó una versión de Candle in the wind, un tema originalmente escrito para Marilyn Monroe. La letra de la original, empezaba con un “Adiós, Norma Jean, pese a que nunca llegué a conocerte” pero la cambió por “Adiós, rosa de Inglaterra, nunca dejes de crecer en nuestros corazones”.
Luego del multitudinario funeral, el féretro fue trasladado a Althorp House, la mansión donde creció Diana. Durante el trayecto cientos de personas se pararon en puentes peatonales y en las veredas para arrojar flores al paso del automóvil negro que llevaba sus restos. El auto se detuvo en varias ocasiones porque las flores tapaban el parabrisas e impedían avanzar.

La última despedida fue para muy pocos. Apenas hubo una decena de personas. Allí estaban sus hijos y su ex esposo, quien hoy es el Rey.
Diana había manifestado su voluntad de ser enterrada en la iglesia de Great Brington donde descansan veinte generaciones de Spencer. Allí está enterrado su padre. Pero la familia temió que el lugar se convirtiera en un centro de peregrinación y no cumplió su deseo.
Por eso es en Althorp, en un lago artificial con una isla, donde descansan sus restos. Diana alguna vez dijo “nunca me consideré a mí misma como la reina de mi país, me gustaría ser la reina del corazón del pueblo”.
Hecho que quedó demostrado por lo sentida y masiva que fue, hace 28 años, su despedida.
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