Medio siglo antes de que existieran los celulares inteligentes, los relojes con GPS, las cámaras de seguridad o las videollamadas, un torpe pero encantador agente secreto ya los usaba con total naturalidad. Maxwell Smart —más conocidos como El Superagente 86— trabajaba para la agencia Control enfrentando a la organización del mal, KAOS, mientras hablaba con su jefe por el taco de su zapato o espiaba a enemigos con anteojos que grababan lo que veía.
El personaje, interpretado por el genial Don Adams, nació en 1965, en plena Guerra Fría, cuando los miedos por la vigilancia y la obsesión por los gadgets comenzaban a filtrarse en la cultura popular. Pero lo que parecía parte del absurdo de una comedia terminó siendo una sorprendente predicción de los objetos que hoy llevamos en nuestros bolsillos o usamos a diario.
En el universo de El Superagente 86 no había espacio para la lógica del mundo real, pero había algo mucho más poderoso: la intuición futurista de la ciencia ficción, camuflada detrás de un humor que no caduca.

Los adelantos tecnológicos
Si hubo un invento más icónico usado por Maxwell Smart ese fue, sin duda, el zapatófono. Cada vez que sonaba su zapato, el Agente 86 frenaba, se lo sacaba, sacaba la suela y se lo ponía en la oreja. ¿Absurdo? Tal vez. Pero en una época en que la telefonía móvil no era siquiera un pensamiento, la serie de Mel Brooks ya mostraba la idea de estar conectado desde cualquier lugar. Eso sí, no tenía un teclado sino disco de marcación. Pero ese no fue el único teléfono móvil: tenía una billetera, una corbata, un pañuelo, un cinturón y unos lentes como dispositivos para hablar.
Aunque rudimentarios y plagados de interferencias —como todo lo que tocaba el Superagente 86—, esos dispositivos anticiparon al celular. Hoy un smartphone no solo reemplaza al viejo zapatófono, sino que lo supera con creces: videollamadas, navegación satelital, reconocimiento facial y acceso a millones de datos en la palma de la mano. En 1965, un teléfono móvil portátil parecía ciencia ficción. En 2025, dejarlo en casa puede ser una crisis existencial.
El fonoreloj es otro de los inventos premonitorios de la serie. Era un reloj pulsera que funcionaba como teléfono y hasta como reproductor de un mini disco. Permitía al Superagente 86 comunicarse con el Jefe o con otros agentes sin necesidad de usar el famoso zapatófono, para pasar desapercibido. En algunos episodios funcionaba también como receptor de mensajes o incluso, en parodias extremas, podía activar otros dispositivos remotos. Aunque el uso es distinto, los smartwatch son similares en algunas de sus funciones, ¿verdad?
Eso no fue lo único. También mostraba puerta automáticas: en la presentación de la serie, Maxwell pasa por una serie de puertas que se abre para darle paso. Una de las que también se ven en la serie, es la puerta al callejón, un dispositivo que se activa desde la cocina para sacar a las víctimas, y en otros casos, se utilizan puertas automáticas en edificios o laboratorios.
Aunque las primeras puertas automáticas, tal como las conocemos hoy, fueron inventadas en 1954 por Dee Horton y Lew Hewitt, y en 1960, lanzaron a la venta la primera puerta corrediza automática. Apenas salían a la luz y era distintas a las de la serie.
Otro invento divertido: el famoso cono del silencio, una especie de domo transparente que bajaba desde el techo para garantizar conversaciones privadas. Aunque no se inventó nada similar, sí puede relacionarse con los algoritmos de encriptación usados hoy para proteger nuestras comunicaciones. Aunque, como en la serie, a veces siguen sin funcionar del todo bien.
La magnolámpara era una mesa especial, con luz debajo de un vidrio, en la que podían ver mapas. Cuando la luz no los enceguecía. Esto bien puede relacionarse con el proyector de filminas, usados generalmente en escuelas o conferencias durante charlas para ver gráficos en una pared o pantalla de tela.

Otros visionarios: series y dibujos que anticiparon el futuro
Maxwell Smart no estuvo solo en su tecnológica involuntaria. A lo largo de las décadas, otras series, dibujos animados y películas imaginaron dispositivos que en su momento parecían absurdos, pero que hoy se usan con total normalidad. Desde autos que hablan hasta videollamadas diarias, la ficción se adelantó —y a veces superó— a la realidad.
Los Supersónicos, de 1962 eran una familia futurista que vivía en casas flotantes, usaba videollamadas para todo, tenía asistentes robóticos como Rosie y se desplazaba en autos voladores. Lo curioso es que muchas de esas tecnologías hoy son reales (o están en desarrollo): videollamadas, relojes inteligentes, drones que reparten paquetes, aspiradoras autónomas y asistentes de voz como Alexa.

En Star Trek (1966), más allá de las aventuras galácticas, la serie introdujo gadgets que se volvieron reales: las tablets, las puertas automáticas, los asistentes por voz tipo Siri, los escáneres médicos sin contacto, los traductores universales y los comunicadores portátiles, verdaderos precursores de los smartphones. Lo que para el Capitán Kirk era una herramienta diaria, para nosotros se volvió una necesidad.
Otro dibujo animado futurista fue el Inspector Gadget (1983). Este detective torpe pero bien equipado era un primo animado de Maxwell Smart. Tenía aparatos integrados en su cuerpo: desde helicópteros en el sombrero hasta telescopios en los dedos. Pero también estaba su inteligente sobrina que manejaba un aparato similar a un drone y consultaba sus dudas en un “libro computadora”, como si fuera una tablet.

Hoy, con los avances en dispositivo electrónico que se puede llevar puesto en el cuerpo, inteligencia artificial y prótesis robóticas, lo de Gadget ya no suena tan descabellado. Eso sí, seguimos sin poder sacar un brazo extensible para alcanzar el control remoto sin levantarnos del sillón...
Otro con avances impensados cuando se emitía fue El auto fantástico (1982): KITT, el coche que hablaba y se movía con inteligencia artificial, control de voz, navegación automática y sensores de todo tipo, se adelantó décadas a los vehículos autónomos de Tesla o Waymo. La idea de tener un auto que entienda al usuario y responda ya no es ciencia ficción. Lo difícil es encontrar uno tan sarcástico como lo era KITT.

Aunque Los cazafantasmas, (1984) tenían una premisa sobrenatural, los dispositivos portátiles que usaban para detectar presencias invisibles anticiparon, en clave de comedia, el desarrollo de sensores portátiles y escáneres móviles capaces de mapear ambientes, medir temperatura o detectar partículas en el aire.
Y no podían dejar de estar: Los Simpson. Además de ser catalogada como una serie animada “profética”, predijeron varios adelantos futuristas a lo largo de sus temporadas. Algunos de los más destacados incluyen: relojes inteligentes, como el que usa el prometido de Lisa en el capítulo La boda de Lisa, donde también realizan videollamadas y muestran aplicaciones para traducir el llanto de los bebés, como la que inventa el hermano de Homero en “Hermano, ¿me prestas dos monedas?”. Además, la serie mostró robots que reemplazan a los trabajadores, como en el episodio “Ellos robot” donde Burns instala robots en la planta nuclear.

La película que se lleva todos los laureles es, sin dudas, Volver al futuro. En Volver al Futuro II, la visión del año 2015 sorprendió con una serie de adelantos tecnológicos que, en su momento, parecían pura fantasía.
Sin embargo, varias de esas ideas se volvieron realidad: las videollamadas, las gafas con pantalla, los drones, el pago con huella digital, las pantallas planas y los videojuegos sin controles hoy forman parte de la vida cotidiana. Aunque los autos voladores y las patinetas flotantes aún no despegaron en el mundo real, la película acertó de forma notable en anticipar cómo la tecnología se integraría al día a día. Su mirada del futuro, cargada de humor y creatividad, no solo marcó una generación: también se adelantó a ella.
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