
Fue pura coincidencia, pero un Día de San Valentín de 1990 se tomó la fotografía más lejana de la Tierra. Pasaron 35 años y sigue siendo una de las mejores fotografías históricas del Espacio. La responsable fue la sonda Voyager 1, a una distancia de 6.000 millones de kilómetros, gracias a una idea del célebre astrónomo y divulgador científico Carl Sagan. A los 34 minutos después de esta emblemática captura, las cámaras de la Voyager se apagaron por siempre. En la imagen original, que fue remasterizada por la NASA hace cinco años, nuestro minúsculo planeta aparece bañado por un rayo de sol suspendido en la inmensidad. Se observa como un punto apenas visible, “un punto azul pálido”, nombre con el que finalmente se bautizó la foto.

Una nueva hazaña
Cuando las sondas Voyager 1 y 2 fueron lanzadas en el verano de 1977 desde Cabo Cañaveral, su misión era explorar los planetas exteriores del Sistema Solar, en particular Júpiter y Saturno. Por primera vez, se lograron obtener imágenes detalladas de estos gigantes gaseosos, revelando sus nubes, tormentas y, en el caso de Saturno, la estructura de sus anillos. En su sobrevuelo, las sondas también descubrieron, entre otros hallazgos, los volcanes activos de Ío, una de las 95 lunas de Júpiter.
Los distantes Urano y Neptuno también formaron parte de este catálogo planetario. Gracias a esta misión, las Voyager se convirtieron en los primeros objetos creados por la humanidad en alcanzar el espacio interestelar, la región donde la burbuja magnética del Sol —conocida como heliosfera— se debilita y llega a su fin. Este límite, aunque lejano, sigue dentro del Sistema Solar. Las sondas Voyager 1 y 2 continúan enviando datos en su prolongada misión hacia los confines del espacio. La Voyager 1, la más alejada de la Tierra, sigue operativa junto a su gemela.

Un mensaje de la humanidad
Ambas sondas llevan a bordo unos discos fonográficos de cobre, bañados en oro, que contienen sonidos e imágenes que retratan la vida y la cultura terrestre. Bajo la supervisión del astrofísico Carl Sagan en estos discos se registraron saludos en 55 idiomas, incluidos dialectos y lenguas antiguas, entre ellos el sumerio con un mensaje que dice: “Que todos puedan estar bien”, y el mandarín, con una invitación más amistosa: ¿Cómo están todos? Deseamos mucho conocerles, si tienen tiempo vengan a visitarnos por favor”. También se incluyeron sonidos de la naturaleza, el canto de las ballenas y los pájaros, el latido del corazón humano y hasta el primer movimiento de la Quinta sinfonía de Beethoven.
Sin embargo, uno de los hitos más importantes de la misión, más allá de la recopilación de los datos científicos, fue la icónica imagen de la Tierra, tomada desde una distancia sin precedentes. La idea de capturar esta foto fue de Sagan, a cargo de las imágenes, que pidió que la sonda girara sus instrumentos hacia la Tierra para intentar captar “un retrato familiar del sistema solar”.
En esa particular sesión de fotos, la sonda Voyager hizo mucho más que el poético retrato de nuestra Tierra, que recibió el nombre de Pale Blue Dot (Un punto azul pálido). Antes de adentrarse al espacio profundo, tomó una secuencia de 60 fotos que incluyeron a nuestra estrella el Sol, y los planetas Venus, Tierra, Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno. Mercurio, Marte y Plutón fueron excluidos. El primero estaba demasiado cerca del Sol y el planeta rojo se confundía con la luz solar.
La emblemática foto fue tomada el 14 de febrero de 1990. Afortunadamente, Sagan pudo verla antes de su fallecimiento seis años después, tras ser diagnosticado con mielodisplasia y someterse a tres trasplantes de médula ósea. Murió de neumonía a los 62 años.

Entre sus numerosos trabajos de divulgación científica y su inolvidable serie Cosmos, Sagan dejó textos memorables sobre la importancia de la imagen de la Voyager. En su libro Un punto azul pálido: una visión del futuro humano en el espacio (1994), escribió:
“Desde este lugar privilegiado la Tierra no parece ser de especial interés pero para nosotros es diferente. Considera ese punto otra vez: eso es aquí, ese es nuestro hogar, eso somos nosotros. [...] Nuestra imaginada autoimportancia, la ilusión de que tenemos una posición privilegiada en el universo, son cuestionadas por este punto de luz pálida. Nuestro planeta es un grano solitario en esta cósmica oscuridad envolvente. En nuestra oscuridad, en toda su vastedad, no hay ningún indicio de que alguna ayuda llegará para salvarnos de nosotros mismos. La Tierra es el único planeta conocido que alberga vida. No hay ningún otro lugar, al menos en el futuro cercano, al que nuestra especie pueda llegar. Visitar, sí. Asentarse, aún no. Nos guste o no, por el momento la Tierra es donde tenemos que quedarnos. [...] Probablemente no haya mejor demostración de lo estúpidos que son los prejuicios humanos que esta distante imagen de nuestro minúsculo mundo. Para mí, subraya nuestra responsabilidad de tratar al resto más amablemente y de preservar y cuidar ese pálido punto azul: el único hogar que jamás hemos conocido”.

Carolyn Porco, científica que trabajó en la misión con Sagan, declaró a la BBC en 2013 que la foto nos confronta con un poderoso reconocimiento de nuestra existencia y que “nunca deja de conmovernos”. Por su parte, un miembro del equipo encargado de las imágenes del Voyager, Garry Hunt, le dijo al medio británico que la foto es más relevante hoy que nunca. “Este pequeño punto azul es el único lugar donde podemos vivir, y lo estamos destruyendo”.
La científica volvió a repetir la foto en julio 2013, esta vez con la sonda Cassini, apuntando sus cámaras hacia la Tierra desde la órbita de Saturno. La imagen capturó nuevamente el punto azul pálido, esta vez enmarcado por los anillos del gigante gaseoso. La científica describió la experiencia como “un día especial para celebrar”. En esta ocasión, por primera vez en la historia, los habitantes del planeta sabían de antemano que la Tierra sería fotografiada desde el espacio. Según The Daily Mail, miles de aficionados a la astronomía “posaron” para la foto. La NASA lo recuerda como “el día en que la Tierra sonrió”.

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