
La gran estrella del cine mudo, el rey del slaptick, tenía la capacidad de hacer reír, conmover y al mismo tiempo visibilizar los problemas de su tiempo. En sus películas, la dificultad para llevar un plato a la mesa es una constante, y en Tiempos Modernos, da un paso más y arremete contra la automatización industrial y deshumanización del trabajo en beneficio de la productividad.
“Tiempos modernos”, se presenta en la apertura como “una historia sobre la industria, sobre la iniciativa individual, la cruzada de la humanidad en busca de la felicidad”. De fondo un reloj marca la hora. Comienza la acción con una metáfora, unas ovejas que caminan en rebaño del mismo modo que hombres con boinas y sombreros suben las escaleras a la salida de un subterráneo. Salen a una calle contaminada mientras las chimeneas de una fábrica escupen humo. Los trabajadores ingresan a sus puestos y un hombre con el torso desnudo empuja una gran palanca.
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El patrón de la fábrica, enciende una gran pantalla donde vigila todos los sectores y solicita por altoparlante: “Sección 5, aumente la velocidad a 4.1. En una línea de producción aparece el vagabundo Charlot, el tierno personaje de Charles Chaplin, con dos tenazas en las manos intentando ajustar piezas que van a toda velocidad por una cinta, que claramente, le resulta imposible seguir, retrasando y entorpeciendo la producción en cadena. Más tarde, el patrón, ordena volver a aumentar la velocidad.
Tiempos modernos fue estrenada el 5 de febrero de 1936 en Nueva York, Estados Unidos, su país por adopción, pocos años después del jueves negro de Wall Street de 1929, que dio paso a la Gran Depresión, la mayor crisis económica del siglo XX a nivel global. Una gira de promoción de la película City Lights por el Europa le permitió al actor tomar contacto con su efecto devastador. Se volvió a encontrar con el hambre y la miseria que lo habían marcado durante su infancia. Su padre alcohólico había abandonado a toda su familia. Su madre Hannah, actriz de profesión, se encontró a cargo de él y sus hermanos con grandes dificultades económicas. Esto terminó afectando su salud mental y fue internada en un psiquiátrico, mientras que sus hijos fueron a parar a un hogar. En 1987 Charles Chaplin comenzó a trabajar como actor con un grupo juvenil y comenzó a hacer giras con compañías. Su vida cambiaría radicalmente cuando fue a probar fortuna a Estados Unidos a los veinte años. Sin embargo, las privaciones de su niñez nunca pudo ni quiso olvidarlas. En una escena de Tiempos modernos, Charlot pelea por un pedazo de pan.
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Chaplin, siendo una celebridad, un artista destacado a nivel internacional, tuvo acceso a reuniones con líderes mundiales. Así fue como mantuvo una entrevista con Winston Churchill y en otra oportunidad con el pacifista Mahatma Gandhi, con quien había intercambiado ideas sobre el impacto de la tecnología moderna en el mundo, tema, que lo había obsesionado, al punto de hacer su película.
En 1931 opinó al respecto: “El desempleo es la cuestión vital (...) La maquinaria debería beneficiar a la humanidad. No debería significar una tragedia y dejar sin trabajo”
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Resulta imposible no reírse con los movimientos involuntarios que le deja la máquina, al repetir la misma acción todo el tiempo sin parar. El pobre Charlot se convierte en un engranaje de una maquinaria que termina volviéndolo loco. Además de que la máquina se lo termina devorando literalmente.
El presidente de la empresa también lo usa de conejillo de Indias para probar una máquina cuyo propósito es alimentar a los empleados mientras trabajan y suprimir de ese modo el horario del almuerzo. La máquina, que lleva la comida a la boca, se descontrola cuando gira a toda velocidad un choclo dentro de la boca del protagonista.
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El cine, que en esa década ya era sonoro, posibilitaba un guión, diálogos, de hecho, Chaplin había empezado a escribir los diálogos, pero finalmente decidió que el vagabundo que dio vida en 1914, con su inconfundible vestimenta -pantalones bombachudos, zapatos grandes, un bastón y un sombrero bombín-, se despidiera de su obra sin hablar, solo acompañado por música. Aunque en una escena cercana al final de la película lo hizo cantar en medio de una multitudinaria fiesta. Es muy curioso que la letra de la canción no signifique nada, ya que Chaplin se inventó las palabras. Inteligentemente, hizo hablar a su personaje sin decir nada. Por otra parte, con una película muda, quiso asegurarse de que su mensaje sorteara las barreras idiomáticas.
El vagabundo siempre tiene un compañero de ruta. En este caso es el personaje de Gamin, que interpreta la bella Paulette Goddard, actriz del cine mudo y sonoro a quien conoció en su gira de 1931 y se convirtió en su tercera mujer (1936 a 1942). Los rasgos de su personalidad inspiraron a Gamin, que es chica que queda huérfana después del asesinato de su padre en una manifestación laboral y se la ve robando bananas en un barco para arrojárselas a sus hermanos y chicos de la calle. Chaplin definió a estos personajes como “los dos únicos espíritus vivos en un mundo de autómatas. Somos niños sin sentido de la responsabilidad, mientras que el resto de la humanidad está agobiado por el deber. Somos espiritualmente libres”.
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Alemania, Italia y la España Franquista prohibieron en esa época la proyección de Tiempos Modernos. Chaplin expresó sobre la censura: “Los dictadores parece que creen que el filme es comunista. Es absolutamente falso. En vista de los acontecimientos recientes, no me sorprende la prohibición. Pero nuestro único propósito era divertir. Se trata sólo de mi viejo personaje, en las circunstancias de 1936. Como actor no tengo objetivos políticos. El filme parte de una idea abstracta; de un impulso para decir algo sobre la forma en que la vida es manipulada y canalizada, y en la que los hombres se transforman en máquinas... “.
No fue en los años treintas, sino durante la Guerra Fría, que Charles Chaplin fue señalado como comunista. Precisamente, durante la cacería de brujas del Mccarthismo. Fue invitado a comparecer frente al Comité de Actividades Antinorteamericanas para que respondiera sobre su aparente “activismo” antiamericano. Es que la crítica social en sus películas no fue bien recibida, de manera que el actor optó por regresar al Viejo Continente y dejar atrás Estados Unidos.
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En 1972 regresó a Estados Unidos por última vez para recibir un Oscar honorífico a su trayectoria, donde recibió una ovación de 12 minutos, la más larga de la historia.
El gran Charles Chaplin murió en Suiza, a los 88 años, en Corsier-sur-Vevey a los 88 años.
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