
“Me encantaba tocar con Keith y la banda -todavía lo hago- pero no me interesaba ser un ídolo del pop sentado allí, con chicas gritando. No es el mundo del que vengo. No es lo que quería ser, y sigo pensando que es tonto”, contó Charlie Watts en “According to the Rolling Stones”, el libro que cuenta la historia de la banda de rock más duradera de la historia.
Corría 2003 cuando lo dijo y la frase quedó como una de las mejores autodefiniciones de ese baterista sobrio, elegante, amante del segundo plano, pero a la vez pieza fundamental, indispensable, para que The Rolling Stones sonaran como lo hacían.
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Ese lugar paradójico en el grupo –central y a la vez casi en las sombras– era algo que le reconocían todos sus compañeros. “No sé cómo diablos ese viejo imbécil llegó a ser tan bueno. Él sería el último en estar de acuerdo, pero para mí es EL baterista. No hay muchos bateristas de rock and roll que realmente hagan swing. La mayoría de ellos ni siquiera saben lo que SIGNIFICA la palabra. Es la diferencia entre algo que rueda por la carretera y nunca despega y algo que realmente VUELA”, llegó a decir sobre él Keith Richards.

Cuando Charlie Watts murió, a los 80 años, el 24 de agosto de 2021, marcó de alguna manera también el final de The Rolling Stones tal cual se los conocía, no porque Mick Jagger, Keith Richards y Ronnie Wood no pudieran seguir tocando juntos, sino porque el sonido ya nunca sería el mismo.
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Al lado de la enorme exposición pública que Jagger y Richards tuvieron desde el primer momento de fama de la banda, Watts trató de mantener su vida privada fuera del alcance de los medios.
No era simplemente que la ocultara, sino que tampoco ofrecía flancos jugosos para las revistas de la farándula o del corazón: marido fiel durante décadas – se casó con su primera novia -, enemigo de los escándalos y de los excesos que tenían como protagonistas a sus compañeros, a él le interesaba la música.
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El diseño y la música
Charles Robert Watts nació en Londres el 2 de junio de 1941. Su padre Charles Richard era chofer de camiones y su madre, Lilian, ama de casa. Creció en Wembley, en un barrio que recibió bombardeos durante la guerra, y su primer contacto con la música fue un banjo que le regalaron sus padres.
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No lo pudo tocar, no le daban los dedos, de modo que lo convirtió en una caja de percusión. “No me gustaron los puntos en el cuello. Así que le quité el cuello y, al mismo tiempo, escuché a un baterista llamado Chico Hamilton, que tocaba con Gerry Mulligan, y quería tocar así, con pinceles. No tenía un tambor, así que puse la cabeza del banjo en un soporte y toqué”, contó alguna vez.
Esa fue su primera batería, hasta que le regalaron una de verdad en 1955. Tenía 14 años y ya era un fanático del jazz que admiraba a Duke Ellington, Charlie Parker y Miles Davis.
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Sin embargo, cuando terminó la secundaria no estudió música, sino que se inscribió en la Harrow School of Art y, al recibirse encontró trabajo como artista gráfico en una agencia de publicidad de Londres.
Por esa época, escribió e ilustró “Ode to a Highflying Bird”, un libro infantil sobre el saxofonista de jazz Charlie Parker. Por las noches, tocaba la batería con diversos grupos en clubes de jazz y rhythm-and-blues.
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Una de esas noches conoció a Brian Jones, Ian Stewart, Mick Jagger y Keith Richards, que estaban formando los Rollin’ Stones (ese fue el primer nombre del grupo). Cuando Jones lo escuchó, intentó convencerlo de que se integrara a la banda, pero Watts se negó. Tocaba por dinero y esos pobres muchachos amantes del rock no podían pagarle las cinco libras que ganaba por semana.

“¡Nos morimos de hambre para pagarle! Literalmente. Anduvimos robando en tiendas para conseguir a Charlie Watts”, contaría Richards muchos años después.
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Corría 1963 y tuvieron su primera alineación: Jagger como cantante, Richards como guitarrista, Jones también guitarrista además de multi-instrumentista, Bill Wyman en el bajo, Ian Stewart en piano y Watts con los palillos.
A partir de allí, la de The Rolling Stones es historia conocida. Con la muerte de Jones, el breve paso de Mick Taylor, la salida de Bill Wyman y la llegada de Ron Wood, terminaron con una formación básica definitiva de cuatro músicos: Jagger, Richards, Wood y Watts.
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Un tipo de carácter
La manera de moverse de Watts, siempre en segundo plano, no significaba que se sometiera a los caprichos de Jagger y Richars, que lo respetaban. Y no solo por su calidad como músico, también por su carácter fuerte que, a veces se volvía irascible.
Hay un episodio que lo pinta de cuerpo entero. Ocurrió en Amsterdam, en 1984, una noche en que Jagger y Richars se fueron de juerga después de tocar y volvieron borrachos al hotel a eso de las 5 de la mañana.
Watts, como era su costumbre, se había quedado en su habitación dibujando – “He dibujado sobre todas las camas de los hoteles donde he parado en las giras desde 1967″, solía contar – y a esa hora seguramente ya dormido.
Pero Jagger había vuelto con la idea de componer un tema y, aunque Richards intentó convencerlo de que no era el momento, decidió despertarlo. Tomó el teléfono, marcó el número de la habitación de Charlie y, cuando atendió, le dijo:
-¿Dónde está mi baterista?
Watts colgó el teléfono sin responderle y Jagger se olvidó del asunto hasta que, veinte minutos después, escuchó que golpeaban la puerta de la habitación. Era Watts, bañado y vestido de manera impecable.
Antes de que Mick pudiera decir una palabra, Charlie le pegó una trompada que lo tiró al piso.
-No soy tu baterista, vos sos mi maldito cantante – le dijo entonces, antes de darse vuelta y volver a su habitación.
Muchos años después, en “According to the Rolling Stones” recordó la historia y dijo: “No es algo de lo que esté orgulloso de haber hecho, y si no hubiera estado bebiendo nunca lo habría hecho”.

Su peso en las decisiones de la banda tampoco era menor. Cuando Bill Wyman decidió irse del grupo, Jagger y Richards quisieron incorporar a Darryl Jones, pero dejaron que la decisión la tomara Charlie.
Al repasar la historia de The Rolling Stones, Keith Richards reconoció la importancia de Watts en el desarrollo de la banda. “De no haber sido por Charlie, yo nunca hubiera seguido aprendiendo y creciendo. Charlie con el equipo básico que tiene puede empujar lo que quiere. Nada ostentoso, pero cuando empieza a tocar es una bomba”, dijo.
Además, debieron respetarle su camino solista. Durante todos los años que Watts estuvo con The Rolling Stones tuvo paralelamente sus bandas de jazz – su verdadera pasión – con las que grabó diez discos entre 1986 y 2017.

Celoso de la vida privada
Watts se casó en 1964 con su novia de la adolescencia, Shirley Ann Weperd, con quien tuvo un matrimonio que duró toda la vida.
Tuvieron una hija, Seraphina, en 1968, que le dio a su vez a su única nieta, Charlotte. Tras pasar un tiempo en Francia para evitar el pago de impuestos en Gran Bretaña, la familia regresó y se instaló en una granja en el suroeste de Inglaterra. Allí criaron caballos árabes ganadores de premios, ampliando gradualmente su criadero a más de 250 caballos en 280 hectáreas de tierra.
Uno de los secretos del éxito de su matrimonio, contó, fue que nunca participó de las salidas de los otros miembros de la banda durante las giras. Incluso, cuando todo el grupo se instaló en una mansión señorial de la campiña francesa para grabar “Exile in The Main Street”, Charlie no quiso compartir la vida con los demás y alquiló, con su mujer, una casa alejada.
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Solamente iba para grabar e inmediatamente después se iba. Fue el único de la banda que decidió no vivir allí. Sólo iba a las grabaciones. “Odio dejar mi casa. Amo lo que hago pero disfrutó mucho más dormir cada noche en mi casa”, explicó.
Una muestra de su conducta fue cuando los Rolling pasaron una semana en la Mansión de Playboy, invitados por el director de la revista, Hugh Heffner, mientras todos sus compañeros se “divirtieron” con las conejitas y arrasaron con todas las bebidas y drogas a su alcance, Watts pasó la mayor parte del tiempo en el salón de juegos de la mansión.
La pareja formada por Charlie y Stephanie solo vivió un período de crisis, a mediados de la década del ‘80. Justo cuando los otros miembros de la banda se estaban asentando, Watts comenzó a consumir drogas y a tomar en exceso, pero cortó todo de golpe luego de haberse desmayado una tarde en el estudio de grabación.
“Eran mi forma de lidiar con problemas familiares... Mirando hacia atrás, creo que fue una crisis de mediana edad. Todo lo que sé es que me convertí totalmente en otra persona alrededor de 1983 y salí de eso alrededor de 1986. Casi pierdo a mi esposa y todo por mi comportamiento”, confesó después.
Con los años y una vida muy ordenada, Watts llegó a amasar una enorme fortuna, calculada en alrededor de 170 millones de dólares.

Un doloroso adiós
En 2004 le diagnosticaron un cáncer de garganta y sus compañeros decidieron esperar a que se recuperara para grabar un disco que tenían proyectado. Al año siguiente, casi pierde la vida, esta vez por un accidente automovilístico en Niza, Francia.
Su salud empezó a deteriorarse definitivamente en 2021, cuando estaba a punto de emprender una nueva gira con The Rolling Stones, “No filter”, pero debió bajarse por recomendación de los médicos.
“Por una vez, no he llegado a tiempo. Estoy trabajando duro para ponerme completamente en forma, pero hoy he aceptado, por consejo de los expertos, que esto llevará un tiempo”. “Después de toda la decepción con los retrasos de la gira causados por Covid, realmente no quiero que los muchos fans de los Stones en Estados Unidos que han tenido entradas tengan otro aplazamiento o cancelación”, dijo entonces en un comunicado.

Murió el 24 de agosto de 2021, luego de ser internado de urgencia y sometido a una operación del corazón.
Sus históricos compañeros lo despidieron por las redes sociales con muestras de dolor. Keith Richards fue el primero en hacerlo subió una foto de una batería, sobre un fondo oscuro, con un cartel que decía: ‘Cerrado’.
Mick Jagger no tuvo palabras y simplemente publicó una foto de su amigo, sentado detrás de la batería, sonriendo.
Ron Wood lo hizo un día después: “Te amo, mi compañero Géminis. Te extrañaré mucho. Sos el mejor”.
Al despedirlo, quizás hayan recordado lo que Charlie dijo cuando le preguntaron que pasaría si The Rolling Stones dejaran de tocar:
“Amo a Mick, a Keith, a Ronnie y me gusta mi trabajo. Pero si se acaba no pasa nada. Puedo seguir viviendo sin los Stones”, respondió.
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