
Mucho antes de los Batman actuales, oscuros, retorcidos, posmodernos, Adam West nos deleitó con uno cómico, kitsch, colorido y pop, casi de Andy Warhol. A seis años de la muerte del actor, a los 88 años, el 9 de junio de 2017 en Los Ángeles, su superhéroe sin superpoderes brilla como una luminosa anomalía televisiva entre los Batman de DC Comics y de los grandes estudios cinematográficos. Hasta el cuerpo de West -comparado con los Hombres Murciélago que lo sucedieron- tenía cierta indefinición sedentaria y un traje que no lo reforzaba con prótesis pectorales y abdominales: apenas le remarcaba el volumen genital. Este tema parece menor, y tal vez lo sea, pero le provocó un escandalete con una liga de madres católicas y la vaga envidia de Robin (Burt Ward), que denunció que a Batman le rellenaban los slips y las calzas mientras que a él querían darle una imagen de eunuco y hasta le pidieron que hiciera un tratamiento hormonal para reducir el tamaño de su pene.
Y ya que abordamos la genitalidad del dúo dinámico de los 60, recordemos que -más allá de ligas guardianas de la moral- estuvo en la mira de prejuicios ridículos. Absurdos no porque fueran falsos -que lo eran- sino por su condición de prejuicios. Se decía que West/Bruno Díaz/Batman y Ward/Ricardo Tapia/Robin eran pareja. Si lo hubieran sido, ¿cuál habría sido el problema? Ninguno, obvio. ¿Y en qué se basaban para considerarlos gays? ¿En que Batman ignoraba las provocaciones sensuales de Gatúbela? ¿En que no mostraba el suficiente ímpetu hacia la casta Batichica? ¿En que Robin carecía de la virilidad de Superman? Ouch, la realidad indica que West y Ward fueron dos mujeriegos que aprovecharon su fama y los albores de una revolución sexual para convertir al set en un edén de desenfreno y lujuria del que solo quedaban afuera -hasta donde sabemos- Alfred, el mayordomo, y la tía Harriet.
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El desenfreno sexual del dúo dinámico
Según el diario británico Daily Mail, West y Ward tenían sexo exprés con fanáticas a las que les permitían entrar al estudio en donde se grababa la serie. Incluso, ambos actores practicaban el “touch and go” con los disfraces puestos: a veces porque, entre escena y escena, no tenían tiempo de quitárselos; otras, porque se adaptaban a las fantasías de ciertas chicas. “Por las limitaciones del disfraz, tenías que practicar rapiditos”, especificó William West Anderson, nombre completo de Adam West, mucho después de terminada la serie, que tuvo 120 capítulos plagados de diversión, acción, comicidad -no siempre entendida- y onomatopeyas.
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Para envidia de muchos ex niños que seguían el programa, el autor de esta nota entre ellos, West contó: “Burt y yo éramos como dos chicos en una pastelería. Estábamos en los 60, épocas de amor libre, swingers y mujeres lanzándose sobre nosotros. Me acuerdo de una noche en que tuve sexo con ocho mujeres. Orgía es una palabra dura, pero en esa ocasión fueron ocho. Tenía a compañeras actrices esperándome en el camarín desde las 7.45 de la mañana”. En una fiesta sexual, West y Frank Gorshin, El Acertijo, uno de los villanos de la serie, vieron la tarjeta roja poco después de haber llegado por (sobre)actuar en lugares indebidos. “Entramos e inmediatamente me metí en el personaje de Batman, y Frank se metió en el personaje de El Acertijo. Nos reímos mucho. Fue tan divertido para nosotros que nos expulsaron de la orgía”, recordó.
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Si analizamos su biografía, notamos -¡santo descubrimiento!- que el actor no tuvo ataduras legales durante sus años salvajes como Batman. West se casó tres veces. Su primer matrimonio fue con Billie Lou Yeager y duró desde 1950 hasta 1956. El segundo, con Frisbie Dawson, fue un poco más breve, desde 1957 hasta 1962. En 1970, ya en la era postBatman, a los 42 años, se casó con Marcelle Tagand Lear, su esposa hasta que la muerte los separó en 2017: récord total, casi medio siglo. En síntesis, durante la época de la serie, desde 1966 hasta 1968, West fue un hombre soltero o, si prefieren, doblemente divorciado.
Iniciador de Robin
Adam West le llevaba 17 años a Ward y, desde el comienzo de la serie, lo guió en su iniciación sexual como un padre antiguo a su hijo. Sólo que el Joven Maravilla no era un adolescente: tenía 21 años y una experiencia limitada o nula. En su libro de memorias, titulado “Boy Wonder. My Life in Tights” (“Joven Maravilla. Mi vida en calzas”), Ward escribió: “Hasta la serie sólo había salido con unas pocas chicas, pero no había pasado nada. Adam me arrastró a las mayores aventuras sexuales que se pueda imaginar. De nada a todo. Sexo salvaje, y sin parar. Eran los años 60. En medio de la revolución sexual nosotros teníamos un éxito televisivo”.
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En el mismo libro, el actor, hoy de 77 años, confirmó lo que West había contado en algunas pocas entrevistas: “En el estudio de grabación sucedían cosas mágicas. A las siete de la mañana estábamos maquillándonos y un alud de mujeres nos invadía, nos rodeaba. Teníamos sexo detrás de los decorados, entre escena y escena, en nuestros trailers, en todos lados. Y, los días en que no rodábamos, hacíamos presentaciones promocionales, y en esos momentos todo se potenciaba. No parábamos nunca”. En su autobiografía, incluso reveló que una de las fantasías de West era hacer un batitrío con Yvonne Craig, la actriz de Batichica.

West, nacido el 19 de septiembre de 1928, seducía a las mujeres desde la pantalla no sólo en su condición de Hombre Murciélago. Su Bruno Díaz, Batman de civil, era un filántropo millonario elegante, muy racional y deductivo. Una vez convertido en Caballero de la Noche, en la baticueva, partía derrapando en el batimóvil para combatir a los villanos de Ciudad Gótica, sin dobleces, más allá del tono autoparódico que lo llevó -por ejemplo- a usar un repelente antitiburones para espantar a un escualo desde una tabla de surf, mientras corría una ola vestido de Batman. Más a su favor, si hablamos de los atributos que transmitía West: saber reírse de sí mismo es un rasgo de inteligencia y también de buen gusto.
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No sabemos si lo del relleno de la medibacha gris y el taparrabos negro sumó en su éxito con las mujeres. Sí podemos decir que a Ward lo afectó la decisión extrema de los productores: jibarizar su pene y sus testículos; no sólo encorsetándolos sino tratando de reducirlos con ayuda de la ciencia. Le pidieron que siguiera un tratamiento hormonal, con pastillas, para achicar sus genitales. Sometido por su condición de trabajador novato que tiene que hacer buena letra -para el papel de Robin se habían presentado 1100 postulantes-, Ward cumplió con lo que le pedían durante un tiempo, pero finalmente, sin decirlo, abandonó el tratamiento. Hasta que la Liga de Madres Católicas a Favor de la Decencia se quejó de los miembros remarcados y amenazó con mandar cartas a los anunciantes del programa pidiendo que no publicitaran sus productos en las tandas de “Batman”.
La bipolaridad de una sociedad estadounidense que venía del conservadurismo extremo de los 50 y marchaba hacia la liberación sexual de los 60 quedó manifestada en las reacciones provocadas por una serie naif. Que los trajes demasiado ajustados, que las sospechas de que los protagonistas eran gays (a modo de imputación), que la Gatúbela de la tercera temporada fuera negra. Y allí no se terminan los prejuicios y discriminaciones. “Siempre se hicieron chistes sobre nuestra relación -reconoció Ward-. Y así seguirá siendo mientras se emitan los programas. A nosotros nos causaba gracia. Teníamos tantas mujeres, tanta actividad sexual, que no hubiéramos tenido tiempo para una relación homosexual”.
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El Batman que no llegó a ser James Bond
Fuera del éxito abrumador de la serie y de sí mismo con las mujeres, West, que había rechazado interpretar a James Bond -nada menos que en reemplazo de Sean Connery- para dedicarse a Batman, temía que este personaje terminara comiéndose su carrera de actor. Y así sería: el lado B, la cara oscura, de ciertos personajes inmortales. Cuando la serie terminó, le costó conseguir otros roles, despegarse del superhéroe que lo había lanzado al estrellato. Atravesó un período de depresión. A partir de su tercer matrimonio, ya en los años 70, se volvió más introvertido, taciturno, doméstico. Con su Marcelle tuvo dos hijos (había tenido otros dos con Dawson) y crió como propios a los que su tercera esposa había tenido en su anterior matrimonio.
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Desde entonces, West no volvió a referirse a los años de desenfreno, pero sí se reconcilió con su personaje “Hace unos años llegué a un acuerdo con Batman. Hubo un tiempo en que me impidió conseguir algunos papeles bastante buenos. Sin embargo, él estaba ahí, y muy poca gente se arriesgaría a enfrentarse conmigo en su interpretación. Así que decidí que, ya que a tantos les fascinaba Batman, yo podía amarlo también. ¿Por qué no? Entonces empecé a reconectarme con él. Y vi la comedia. Vi el amor que la gente tenía por Batman, y simplemente lo acepté”.
El Adam predador sexual había quedado atrás. Cuando le preguntaron por el tema en una entrevista, se limitó a contestar: “En cierto modo saqué partido de la fama. Y eso incluye todos los placeres humanos que usted pueda imaginar”. Murió hace exactamente cinco años, de leucemia. Sus hijos escribieron un breve comunicado: “Nuestro papá siempre se vio a sí mismo como El Caballero de la Noche que inspiró a sus fanáticos a tener una actitud positiva en sus vidas. Siempre será nuestro héroe”.
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