
Ted Cassidy logró la fama con un papel menor, de reparto. El nombre del actor a muchos no le dice nada. Pero casi nadie desconoce a su personaje más célebre: Largo, el mayordomo de Los Locos Addams. Medía 2, 10. Debe haberse tratado del actor más alto de la historia de Hollywood. Su tamaño (su acromegalia) le dio el papel por el que se perpetuó y también lo encasilló, fue lo que no le permitió que sus anhelos de roles más complejos y de protagonismo se cumplieran. Durante años sufrió en silencio ser postergado, añorando ese par de años en el que su programa era uno de los más vistos de la televisión.
En septiembre de 1964, luego de meses de trabajo intenso, se emitió el primer capítulo de Los Locos Addams por la televisión norteamericana. Todavía eran tiempos en que los programas podían salir en color o en blanco y negro. El color se estaba consolidando y era caro filmar cromáticamente. A la historia de la familia Addams le convino la paleta de negro, blanco y grises.
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Aunque por las repercusiones y por las permanentes reencarnaciones se crea que su permanencia y apogeo fueron extensos, no fue así. Fueron 64 capítulos de menos de media hora. Dos temporadas que le bastaron al programa (y a sus personajes) para instalarse en el inconsciente colectivo.
Los personajes principales estaban basados vagamente en actores clásicos. El padre en Peter Lorre, la madre en Gloria Swanson. Largo se inspiró en Boris Karloff. La casa era la locación ideal, un ambiente amablemente espectral, gótico, repleto de telarañas, bizarro.
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Ted Cassidy le dio vida a una criatura entrañable y tenebrosa. En el casting final luchó con otro cuatro contendientes. El resto tenía más experiencia actoral pero él tenía el physique du rol. Es más: los creadores de la serie al ver a Cassidy descubrieron que Largo sólo podía tener su fisonomía.
Se suponía que Largo era un personaje sin letra, mudo. Que ese mayordomo gigante y espectral no hablara. Pero en uno de los momentos iniciales de la serie cuando Homero lo convoca con el gong, Cassidy, casi sin darse cuenta, improvisó: ¿Llamó usted? La sorpresa y esa voz profunda, como salida del tercer subsuelo del estudio causaron un gran efecto: técnicos y actores rieron con ganas. Se dieron cuenta de que el mayordomo de ultratumba debía hablar. Ese fue el momento en que Largo pasó a hablar en la serie además de proferir sus gruñidos y quejidos.
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El maquillaje, sus ojos hundidos y la capacidad expresiva hacían que cada mirada de Largo contara también como un largo parlamento.
En el programa, Largo tocaba el clavecín. En esas escenas en realidad fingía hacerlo y el que sonidista era el que ponía el sonido. Sin embargo, Cassidy era un sólido organista; había estudiado música durante muchos años y durante varios años en Dallas se ganaba unos pesos extras tocando el órgano en un shopping mall los fines de semana a la tarde.
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Como ocurría en la televisión de la época, la apertura era larga, con la presentación individual de cada protagonista. La de los Addams contenía una de las canciones más características de la historia del medio (el ritmo, el chasquido de los dedos) creada por Vic Mizzy. Aparecía el clavecín del mayordomo. Y en la parte cantada había apariciones tétricamente graciosas de la voz de Largo (“Qué hermosura/ qué dulzura/ qué locura”).
El personaje de Largo gozó de otro privilegio. En la serie Batman de los sesenta, la de Adam West, ese canto televisivo al camp, existía un procedimiento recurrente que tenía su gracia. Cada tanto Batman y Robin escalaban un edificio y en su ascenso se cruzaban con una personalidad. Así de una de esas ventanas podía surgir Jerry Lewis, Edward G. Robinson o Sammy Davis Jr. Uno de esos 14 (según lo consignan los sitios híper detallados de fanáticos del programa que están en la red) cameos lo protagonizó Largo en un crossover inesperado entre el superhéroe de Ciudad Gótica y los Locos Addams.
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Largo, ese ser frankensteniano, causó un impacto inmediato. Tanto es así que tuvo su disco propio. El Lurch Dance fue un módico éxito. Una base típica de canción pop poco inspirada y encima los gruñidos, regurgitaciones y bramidos de Largo.
Largo no fue su única participación dentro de la dinámica de la familia Addams. Cassidy también le prestó su mano a Dedos, el personaje sugerente que aparecía desde una especie de caja de música. Casi como una broma interna, los guionistas se divertían poniendo en escena simultáneamente a Largo y a Dedos para que en el set el director debiera sortear el problema. Por lo general, en esos casos, un productor reemplazaba la mano de Ted.
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Tras el éxito de los Addams, Cassidy creyó que las ofertas se multiplicarían, que la fama de la que gozaba no se extinguiría y que se traduciría en grandes contratos. Pero eso no ocurrió. De todas maneras, Cassidy siguió estando durante muchos años en la TV pero sin demasiado impacto. Interpretó una gran diversidad de papeles menores. Cowboy, indio, a Golliat en una serie de temática bíblica, matón –por supuesto-. Hizo papeles de antagonista en episodios sueltos de varias series clásicas. Estuvo en algún capítulo de Mannix, de Bonanza y de El Hombre de C.I.P.O.L. entre otras.
Otra participación memorable pero breve en televisión fue cuando se puso en la piel del Sasquatch (Pie Grande), un villano que siempre terminaba siendo derrotado por Steve Austin en El Hombre Nuclear (como los personajes de ambos programas se relacionaban también le tocó ser el mismo villano en La Mujer Biónica).
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También tuvo un rol menor en Star Trek. En esa serie hizo también la voz de algún monstruo. El doblaje, gracias a su particular voz grave, fue una de sus ocupaciones principales tras Los Locos Addams. Había comenzado a realizarlo como una manera de aprovechar sus dotes para la actuación y la profundidad peculiar de su voz un poco antes de ser elegido para Los Locos Addams. Fue La Mole en los Cuatro Fantásticos, Godzilla, Frankenstein en una serie de dibujitos animados y algunos gigantes más.

Pero lo que no es tan conocido es que Ted Cassidy apareció en todos los capítulos de la serie de los setentas de El Increíble Hulk. Sus participaciones vocales eran de dos tipos. Por un lado era la voz en off de los títulos de presentación, la que narraba la historia del Dr. Bruce Banner. Por el otro cuando Banner se convierte en Hulk, los gruñidos y jadeos no eran de Lou Ferrigno sino de Cassidy.
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Ted Cassidy nació el 31 de julio de 1932, hace noventa años. Apenas fue a la escuela se destacó del resto. Era el más alto de todos pero lo más sorprendente es que muchos de sus compañeros eran dos años más grandes que él, ya que Ted educado por la madre en su casa había dado dos años libre. Algunos pensaban que tenía algún grado de discapacidad mental: por la acromegalia los rasgos de la cara eran diferentes al resto, era de menor edad pero era el de mayor tamaño. Una combinación letal para que los compañeros lo molestaran y se burlaran de él (faltaban muchas décadas para que eso pasara a llamarse bullying). Pero Ted era extremadamente inteligente y su rendimiento escolar, excelente. Ingresó al secundario con tan solo 11 años. También se ganó el respeto de varios en el terreno deportivo. Lo mismo sucedió cuando pasó a la universidad de la que se graduó en artes dramáticas. En la Universidad de Stetson no sólo continuó con su impecable rendimiento académico. Fue un jugador determinante en el equipo de básquet. En sus tres temporadas promedió unos impresionantes 17 puntos y 10 rebotes por partido, números que en la actualidad, probablemente, lo pondrían en la NBA.
En 1956 se casó con su novia de la adolescencia, Margaret Helen. Tuvieron dos hijos Sean y Cameron. El matrimonio se mudó a Dallas. Ted tenía varios trabajos. Conseguía cada tanto algún bolo en programas de tv locales. Por las tardes era DJ en una de las radios de la ciudad. El día del asesinato de Kennedy salió a la calle a tomar testimonios de testigos y ciudadanos conmocionados.
Su sueño era ser actor. Debutó en el cine en 1959 en The Angry Red Planet: hizo de marciano. Después obtuvo otros pequeños papeles pero siempre le ofrecían lo mismo. Freak, gigante, ser de otro planeta o monstruo.

Después de Los Locos Addams intervino en varias películas. Siempre en papeles (muy) menores. Se podría decir que nunca apareció en ninguno de los afiches de los films en los que actuó. La de mayor prestigio y éxito fue Butch Cassidy and The Sundance Kid. Su otra intervención memorable en la pantalla grande fue su aporte como guionista a Roar, esa locura con Tippi Heddren, Melanie Griffith y decenas de leones reales (y no siempre obedientes).
Él consideraba que Largo había sido su gran éxito pero también su condena. En las entrevistas que le hicieron Cassidy sostenía que no deseaba ser recordado por ese rol, no lo hacía sentir orgulloso; aspiraba a tener una carrera actoral prestigiosa, con papeles complejos, más exigentes. Pero sabía que su gran tamaño le reducía posibilidades.
A la distancia, aunque sean pocos los que puedan recordar su nombre y apellido, Largo, su personaje, permanece intacto en la memoria de varias generaciones.

La acromegalia le producía problemas de salud. El corazón le dio bastantes sustos. Apenas comenzado 1979 fue operado a corazón abierto. Cuando parecía recuperarse tuvo que volver a ser internado. Murió el 6 de enero de 1979. Tenía 46 años. La noticia tardó varios días en aparecer en los diarios.
Acaso hoy sería una sensación en la Comic Con. Sus presentaciones atraerían cientos de fans que buscarían su autógrafo, alguna foto en la que quedara en evidencia la diferencia de altura o que les contara alguna anécdota desconocida de rodaje. Pero en ese momento era tan solo un recuerdo, el del gigante bueno y algo tenebroso que entretuvo a varias generaciones, aquel que siempre persiguió papeles más complejos y un prestigio que Hollywood nunca le brindó.
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