
El 7 de junio de 1977 era el Día del Jubileo en Inglaterra. La Reina Isabel II cumplía sus bodas de plata en el trono. Unos jóvenes desarrapados, con apariencia de no haberse bañado en días y gesto furioso, se subieron a una embarcación llamada, oportunamente, Queen Elizabeth. Con ellos iban artistas, escritores y un equipo de filmación. Recorrieron durante unos minutos el Támesis hasta acercarse al Palacio Real. De pronto un ruido atronador, un acople que chirrió en los oídos y una bola de ruido provocada por varios instrumentos aporreados con salvajismo. Los Sex Pistols estaban expresando su opinión sobre el festejo y sobre la monarquía. Tocaron No Feelings y God Save The Queen. En los puentes y en la ribera se amontonó el público. Estaban los indignados, los que no entendían nada y aquellos (los menos) que miraban divertidos. El Queen Elizabeth fue rodeado por lanchas policiales. “La atmósfera en el barco era paranoide y claustrofóbica pero también muy excitante”, escribió Jon Savage en su historia del punk. En minutos se pobló el agua. Los nervios eran evidentes. Los chicos seguían tocando sus temas. Los policías amenazaron, tocaron las agudas bocinas de sus embarcaciones, gritaron por megáfono. Malcolm McLaren los insultaba desde la cubierta, con la impunidad que daban los varios metros de distancia: “Malditos bastardos fascistas”. Dos se acercaron al manager de la banda, un maestro de la promoción. Le dijeron que si no paraban los iban a lastimar, que iban a hacerles todo lo que se suponía la policía no podía hacer. El barco llegó de nuevo a la orilla y la bola de ruido se apagó. Todos los tripulantes fueron presos por unas horas.
Al día siguiente, los jóvenes sin dientes, con aspecto peligroso y pelo parado llegaron a la tapa de los diarios. El punk había hecho su irrupción.
God Save The Queen fue el segundo single de los Sex Pistols. Apareció diez antes de esa corta travesía fluvial. El tema provocó un gran escándalo. No se trataba de una versión de la canción tradicional transformada en himno británico. Sino del grito de rabia de Johnny Rotten y sus compañeros (o secuaces, tal como se los veía en esos años) contra la reina, la monarquía y el estado de situación. Un régimen fascista/ que te convierte en un pelotudo/ (…) Dios Salve a la Reina/ Ella no es un ser humano/ No hay futuro/ En el sueño inglés/ (…) No hay futuro/ No hay futuro/ No hay futuro para vos.
La BBC prohibió la difusión del tema. También la red de radiodifusoras privadas de Inglaterra. Los Pistols eran el grupo del momento pero no aparecían en Top of the Pops. Pero todo eso sólo logró generar más interés. El simple se vendió frenéticamente. Era un sonido nuevo (que muchos llamaban ruido), un mensaje nuevo, una actitud nunca vista antes. En el ranking oficial, God Save The Queen llegó al segundo puesto. Pero muchos juran que en realidad alcanzó el primer lugar, pero a través de algún ardid se lo desplazó para que la victoria del recién llegado punk no fuera tan evidente. En el primer puesto quedó I don’t want to talk about it de Rod Stewart. Una buena metáfora de la diferencia de lo que hacían los Pistols con el resto del mercado musical, de la ruptura que el punk significó.
Los jubileos reales, los festejos por los aniversarios redondos de la Reina Isabel tienen algunos elementos que suelen repetirse en cada oportunidad: grandes desfiles, fiestas callejeras, recitales, banderas con la Union Jack por todas partes, suplementos conmemorativos en los diarios, programas especiales en la televisión y los Sex Pistols. Desde 1977 suelen reencarnarse, reaparecer para cada aniversario de su majestad. Los antiguos punks no suelen desaprovechar la efeméride. Esta vez a 45 años de su debut, en el aniversario de platino de la Reina, reeditan el single una vez más. El gesto ya no tiene nada de revolucionario. Ni pretende insultar a la reina, ni denunciar el régimen fascista, tal como decía la letra. Es casi una caricia, un reconocimiento, una forma más de nostalgia.

Los Sex Pistols ya habían reeditado el tema para las Bodas de Oro y para las de Diamante, es decir veinte y diez años atrás. En ambas ocasiones con la ilusión de que God Save The Queen volviera a escalar en los rankings pero su ascenso se detuvo muy lejos de la cima.
Pero hay una edición de la canción muy valiosa. Tanto que varios especialistas consideran que es el simple más caro de la historia. Antes de que los Sex Pistols firmaran contrato con Virgin y empezaran a sacar sus simples y el LP Never Mind The Bollocks, A&M había hecho una tirada de 25.000 copias de God Save The Queen. Pero a partir de la firma del contrato, los escándalos de los cuatro integrantes de la banda, propalados con eficacia por McLaren, espantaron a los ejecutivos de la discográfica y rescindieron el contrato. Destruyeron la tirada. Los pocos singles sobrevivientes se convirtieron en el Santo Grial de los coleccionistas de vinilos. El valor actual de esas copias puede superar los 25.000 dólares.

La situación económica y social de Inglaterra en la década del setenta era mala. Esa desintegración produjo, entre otras cosas, el punk. Los Sex Pistols fueron sus impulsores y el grupo paradigmático del movimiento y de esa era. Su paso fue fugaz pero perdurable. Un año después estaban separados y Sid Vicious tras asesinar a su novia, también moriría luego de unos meses.
La tapa del single también se convirtió en memorable. La cara de la Reina intervenida: tiras cruzándole los ojos y la boca. Fue diseñada por Jamie Reid y fue elegida a principios del milenio por la revista británica Q como la mejor cubierta de la historia del rock.

En esta ocasión, estas bodas de platino, los setenta años de reinado, el jubileo dura cuatro días. El sábado habrá un gran festival en los alrededores del Palacio de Buckingham con Alicia Keys, Elton John, Duran Duran y Diana Ross, entre otros. Los Sex Pistols no están invitados. Pero su líder no ve nada mal estos festejos. “Hay banderas. La gente se divierte. Los turistas disfrutan”. Cuando los periodistas insisten, buscan una declaración polémica, él responde con sensatez: “Ya no tengo 21. Tengo 66 años. Las cosas se ven diferentes desde acá”.
Las ventajas del paso del tiempo.
Johnny Rotten ya es definitivamente John Lydon. Y su opinión de la Reina y hasta de la monarquía está matizada. Dice que no quiere que la canción se malinterprete, que fue escrita contra el sistema, contra la institución monárquica y no contra la reina. Dice que es un mérito en sí mismo mantener el reinado por setenta años y también valora el buen estado en que se encuentra la monarca.
Las ventajas de la longevidad.
“Ojalá que viva muchos años más. No sé nada sobre la monarquía pero que ella viva mucho años más. La voy a extrañar cuando muera”, declaró pocos días atrás John Lydon.
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