
Durante gran parte de su vida fue el “rey” de los excesos: drogas, alcohol y mujeres. Muchas mujeres. Con su estilo entre desalineado y sensual, Colin Farrell sedujo a estrellas como Demi Moore, Britney Spears y -según los rumores- hasta a Angelina Jolie.
Pero su primer gran amor, cuando solo tenía ocho años, fue la mítica Marilyn Monroe, a la que cada noche le dejaba cartas y caramelos debajo de la almohada. Hasta llegó a mantener un romance platónico de dos años con la icónica Elizabeth Taylor.
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Pero su historia de chico malo de Hollywood comenzó más tarde. Siempre se lo veía con una vaso de cerveza en una mano y un cigarrillo en la otra. Era excepcional encontrar a Colin sobrio o “limpio” de drogas. Llegó a conocer el verdadero infierno. “Durante años pude permitirme ciertas cosas. Tuve una alta tolerancia a varias drogas”, reconocía el protagonista de Total Recall. Sus excesos eran incontrolables. Si iba a un pub con sus amigos, el último en irse siempre era Farrell. Seguía bebiendo y tomando “cualquier polvo” que encontraba, hasta la madrugada. Necesitaba parar y no podía.
Pidió ayuda una y otra vez y decidió que el mundo se enterara de sus problemas con las adicciones. En una entrevista con The Mirror, Farrell admitió que mientras estaba rodando Minority Report, en 2002, tuvo que repetir 56 veces una escena porque era incapaz de hilar una frase. Tenía una resaca que lo dejaba fuera de control.
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El actor buscó un tratamiento para dejar las drogas y el alcohol por primera vez en 2005, después de confesar: “Básicamente he estado borracho o drogado desde que tenía 14 años”.
En 2018 volvió a ingresar en una clínica para tomar un descanso después de filmar varias películas consecutivas, según publicó People. “Ha estado sobrio desde hace 12 años y quiso internarse para asegurarse de que no volvería a recaer -dijeron en la clínica-. Se está tomando algo de tiempo para él”.
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La razón por la cual hoy Farrell está cumpliendo sus primeros 16 años sobrio y “limpio” es el “milagro” llamado James Padraig Farrell, el primero de sus dos hijos, quien sería el ángel que cambiaría la vida de su padre para siempre.
A meses de nacer, el bebé comenzó a manifestar algunos trastornos de salud. Colin y la mamá del niño, la modelo Kim Bordenave -de quien Colin se separaría en 2003-, decidieron consultar a varios especialistas porque se dieron cuenta de que James no gateaba ni balbuceaba, mostraba trastornos en el sueño y una gran dificultad para mantener el equilibrio.
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A los siete meses, los médicos descubrieron que padecía el síndrome de Angelman, una afección neurogenética poco frecuente, que no solo afecta el habla sino también causa graves retrasos intelectuales y de desarrollo y, en algunos pacientes, provoca hasta convulsiones.
Pasaron muchos años y James cumplió en septiembre sus 18 años. Por este motivo, sus padres han solicitado la tutela de su hijo para seguir siendo responsables legalmente cuando alcance la mayoría de edad. Tuvieron que presentar una extensa lista de documentación en la que se detalla la situación de James y el por qué de la solicitud que están realizando sus progenitores: en su caso, el síndrome que afecta a una persona de entre 20.000, ha afectado severamente el habla, tiene “problemas con sus habilidades motoras finas” y que no puede cuidar “de su propia salud y bienestar”, detallan los informes que sustentan la solicitud ante los Tribunales. Un trámite que conocen muchos padres con hijos con discapacidad intelectual, pero que en el caso de Colin Farrell ha adquirido trascendencia mediática porque James fue también el motivador para que el actor tome conciencia de que todo en su vida era desmesurado.
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Su vida cambió 180 grados: dejó Nueva York para mudarse a Los Ángeles, California. Y se dedicó a ser un padre presente en la crianza de su hijo.
“Su existencia ha sido para mí una bendición, no un peso. Gracias a él he madurado, me he convertido en una persona más profunda. ¿Y él? Es un niño que demuestra una valentía increíble. Es dinamita, es mágico. Verlo enfrentar los obstáculos es una inspiración”, se sinceró el artista irlandés de 44 años, en una entrevista a la revista People, al recordar el día que su hijo mayor dio sus primeros pasos, pocos días antes que cumplir cuatro años.
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Seis años después del nacimiento de James, en 2009, llegó al mundo Henry Tadeusz, fruto de su unión con la actriz Alicja Bachleda-Curús, de la que también se separó al poco de nacer el niño. El actor confiesa que ahora, además de estar más sereno y reflexivo, habla con sus hijos de aquellas cosas que -dice- no pudo conversar con su padre.
“No me gusta estar lejos de ellos”, sentencia. “Ser padre es mucho más ‘difícil’ que la actuación. Mis hijos son mis maestros. Me provocan miedo y autocrítica. La paternidad es lo más importante en mi vida”.
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En lo que respecta a la crianza, Farrell admite que no sabe lo que “hace la mayor parte del tiempo”, pero si de una cosa está seguro es el amor por sus hijos y que no quiere volver a cometer los mismos errores. “Para ser honesto, solo espero no estar jodiéndolos demasiado. Si todos podemos joder a nuestros hijos un poco menos de lo que nos cagaron la cabeza nuestros padres, esa puede ser la puerta del éxito”.
Otros tiempos, otros escándalos
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Colin James Farrell creció en Castleknock, Irlanda. Su padre Eamon era un futbolista profesional que jugó en el equipo Shamrock Rovers. Con Diego Maradona como ídolo, pronto se daría cuenta de que el fútbol no era lo suyo. “No era lo bastante bueno, así que lo dejé”. Tras abandonar la idea de seguir los pasos deportivos de su familia, Farrell estudió actuación en la Gaiety Scholl of Drama de Dublín, academia a la que concurría con su hermana. De a poco fue encontrando su lugar en el mundo de la actuación. Tuvo suerte, porque en su carrera ascendente jugó a su favor que un día Kevin Spacey estuviera entre el público del teatro en que actuaba y se fascinara con su interpretación.

Tuvo tantos amoríos que seguro que ni él siquiera recuerda la extensa lista de mujeres que han pasado por sus sábanas. Pero hay una mujer en especial que lo ha metido en otro escándalo. Fue conejita de Playboy, Nicole Narain, que quiso lucrar con un video sexual que habían grabado juntos durante su breve romance. Los productores de la industria porno le ofrecieron millones al actor para comercializarlo, pero no aceptó: “No quiero que mi madre vaya a un hotel y diga ‘oh hay una película de mi hijo que no vi’”.
Tras la separación de la madre de su segundo hijo, las especulaciones acerca de un Farrell soltero volvieron al ruedo: se lo vinculó con las mujeres más atractivas de Hollywood, como Angelina Jolie, que se conocieron mientras filmaban Alexander (2004), y si bien siempre negaron el romance, algunos testigos aseguran que no podían separarse ni un minuto. Nunca se supo a ciencia cierta qué sucedió durante el rodaje, sin embargo, años después, los rumores de “algo más que una amistad” cobraron vida cuando la actriz se divorció de Brad Pitt.
Su soltería, esta etapa de no tener romances públicos, llevó a los rumores más sorprendentes. Uno afirmaba que el actor se había comprometido a ser célibe, a tener una vida sin sexo, para seguir una regla budista.
Nada de eso es cierto.
Collin Farrell aprendió la importancia de vivir lejos de los excesos. Durante años perdió muchas cosas en su vida. Y hoy, lo único que quiere es tener tiempo para sus hijos. Y lo explica de una sola manera: “Ser padre es lo más difícil, lo más gratificante y lo más trascendente que jamás haré”.
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