
Europa vivió un momento de transformación en el siglo XVII. El chocolate, proveniente de América, irrumpió en la vida cotidiana de quienes nunca habían viajado lejos. Su llegada no fue silenciosa: la bebida despertó asombro, temor y fascinación. Las primeras tazas de chocolate caliente circularon en salones y farmacias, cautivando a la élite y generando intensos debates sobre sus efectos. Nadie sabía si enfrentaban un remedio milagroso o una amenaza para la salud.
Al principio, el chocolate no se consideró un alimento, sino una especie de fármaco. Los boticarios y médicos europeos establecieron dosis y advirtieron sobre posibles riesgos. Según The Public Domain Review, los tratados del periodo registran el desconcierto moral y físico que causaba la bebida, así como rumores acerca de consecuencias inesperadas e incluso fatales.
La correspondencia de figuras como Madame de Sévigné revela la inquietud social: preguntaba si el chocolate podría “quemar la sangre” o si sus “milagrosos efectos” escondían peligros desconocidos.

Primeros tratados médicos y la influencia de Colmenero
El primer gran tratado médico sobre el chocolate se publicó en Madrid en 1631. Antonio Colmenero de Ledesma, médico y cirujano, escribió el “Curioso tratado de la naturaleza y calidad del chocolate”. España, por entonces principal importador, lideraba el intercambio transatlántico de cacao tras la conquista de los territorios aztecas.
De acuerdo con The Public Domain Review, Colmenero se apoyó en la teoría de los humores, dominante en la Europa de la época, para explicar los efectos del cacao. Según esta teoría, el cuerpo humano funcionaba gracias al equilibrio de cuatro líquidos esenciales: sangre, bilis amarilla, bilis negra y flema. Cada uno se asociaba a un elemento de la naturaleza y a propiedades frías o calientes.
El cacao, según Colmenero, no encajaba fácilmente en esta clasificación. A veces, actuaba como sustancia fría; otras veces, como caliente. Esta ambigüedad incrementó el misterio y la cautela ante su consumo.

Al mismo tiempo, el tratado introdujo la primera receta conocida de chocolate caliente en el continente europeo, que entusiasmó tanto a expertos como a curiosos. El texto de Colmenero se convirtió en referencia obligada para médicos y aficionados al chocolate, consolidando su reputación como “droga exótica”.
Traducciones, comercio y expansión cultural
La influencia de Colmenero se extendió más allá de España. En 1640, James Wadsworth tradujo el tratado al inglés bajo el seudónimo de Don Diego de Vades-forte, presentando el chocolate como una bebida vigorosa y casi mágica.
Según lo documentado por The Public Domain Review, esta traducción fue fundamental para introducir el chocolate en Inglaterra. El propio Wadsworth promovió la bebida prometiendo beneficios como vitalidad, curación de enfermedades y bienestar general.
En un contexto marcado por pestes, ciudades insalubres y alta mortalidad infantil, estas promesas resultaron tentadoras. La publicación llegó a ser tan popular que se reeditó en 1652, consolidando el consumo de chocolate en la cultura británica.

Por su parte, Francia aprovechó la “droga colonial” para asociar el chocolate con exotismo y moda. Philippe Sylvestre Dufour, comerciante y farmacéutico, publicó en 1671 el tratado “Usage du caphé, du thé, et du chocolate”.
Dufour reunió información de distintas fuentes internacionales, integrando recetas y comparaciones culturales. De acuerdo con The Public Domain Review, la obra de Dufour destacó la similitud entre las bebidas calientes de diferentes continentes y subrayó su uso en rituales medicinales. Así, café, té y chocolate quedaron agrupados como una nueva categoría de drogas estimulantes en la literatura médica francesa.
El simbolismo visual y la globalización del chocolate
Las imágenes que acompañan los tratados, especialmente la de Dufour, ilustran la nueva visión global. Una de las portadas muestra a representantes de Asia, América y el Medio Oriente compartiendo bebidas calientes en torno a una mesa.
Según The Public Domain Review, esta representación rompe con las antiguas alegorías de diferencia y presenta a las culturas como iguales, unidas por el consumo de estimulantes. El personaje americano, identificado como mexicano y portador de un arco azteca, dispone de la taza más grande y ornamentada, sugiriendo su protagonismo en la historia del chocolate.

El mensaje de estas ilustraciones es claro: aunque el mundo es diverso, las personas comparten el deseo de placer y bienestar. La presencia destacada de América en estas escenas también anticipa la explotación colonial de sus recursos, que permitió la expansión del chocolate en Europa.
De la medicina al placer: un cambio de paradigma
Hacia finales del siglo XVII, el chocolate dejó de percibirse principalmente como medicamento. Su popularidad creció entre todas las clases sociales, y el placer de consumirlo superó a las antiguas preocupaciones médicas. El comercio transatlántico fortaleció la industria y surgieron empresas como Fry’s Chocolates, que dominaron el mercado durante los siglos XVIII y XIX.
Sin embargo, el origen del chocolate como “droga exótica” y su integración en la cultura europea reflejan una compleja historia de intercambios, apropiaciones y transformaciones. El paso de medicamento a delicia cotidiana revela tanto el poder de la ciencia como el de la moda y la economía.
Hoy, el chocolate forma parte de la vida diaria en Europa y el mundo. Su historia recuerda que los alimentos viajan, se transforman y a veces, cambian para siempre la forma en que las sociedades entienden el placer, la salud y la cultura.
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