
Su vida dio un vuelco importante en 1903 cuando a su estudio de Bolívar 268, en cuya entrada había colgado una chapa que tenía grabado “Dr. Alfredo Lorenzo Palacios - atiende gratis a los pobres”, fue a verlo un italiano de apellido Morenna, quien en cocoliche le dijo:
- Te venga a decir que queremos que vos seas candidato de La Boca.
- ¿Candidato a qué?
- ¡A diputado!
- ¿Y cuántos son ustedes?
- En el “Centro Socialista” que tenemo, somo dieciocho.
- Y los afiliados, ¿Cuántos son?
- Ninguno, porque somo todo italiano…y sin carta…

Palacios sabía que esos italianos se reunían en un centro socialista que funcionaba en una casucha de mala muerte sobre la calle Olavarría.
El abogado, quien se había afiliado al partido el 1 de septiembre de 1901, recogió el guante y el 14 de agosto de 1903 fue proclamado candidato a diputado por la circunscripción 4ª San Juan Evangelista.
Aseguraba que su madre Ana Ramón había sido quien lo había iniciado en el socialismo. “Era una mujer profundamente católica. Ella puso en mis manos el Nuevo Testamento con el Sermón de la Montaña, y llegó a apasionarme la figura de Jesús. Yo tenía entonces 11 años de edad”.

Había nacido el 10 de agosto de 1878. Su papá se llamaba Aurelio Palacios, abogado y periodista uruguayo. Alfredo estudió Derecho en la Universidad de Buenos Aires y su tesis doctoral “La miseria en la República Argentina” fue desaprobada por Raymond Wilmart, que era titular de Derecho Romano. Wilmart era un belga que de joven había sido enviado por Karl Marx a difundir el comunismo en Argentina; el hombre se terminó casando con una mujer de la aristocracia cordobesa, estudió Derecho, llegó a juez y fue abogado de los ferrocarriles británicos y miembro del Jockey Club. Palacios debió cambiar, en tiempo récord, el tema de su tesis. Aprobó con una sobre quiebra de empresas.
El italiano le había propuesto ser candidato era para las elecciones que se celebrarían en 1904 para elegir presidente y donde además, se renovarían parte de las cámaras de senadores y de diputados. La reforma electoral elaborada por Joaquín V. González, ministro del Interior de Julio Argentino Roca, establecía el voto uninominal y por circunscripción, creando nuevos distritos electorales, a fin de abrir la puerta de la representación de minorías parlamentarias. La ciudad de Buenos Aires se dividió en 20 circunscripciones.

Por entonces, en La Boca, de 192 manzanas, se concentraban un alto número de habitantes, mitad argentinos y mitad inmigrantes, hacinados en 330 conventillos. En la sección 4ª estaban habilitados para votar 4.528 hombres, mayores de 18 años.
El ambiente estaba por demás caldeado. El año 1904 había comenzado con una huelga importante de trabajadores del puerto. Cuando el 11 de enero de ese año la policía cargó contra el local de conductores de carros, también de paro, se lo convocó a Palacios para que mediase en el conflicto.
Palacios y Enrique del Valle Iberlucea (que en 1913 se convertiría en el primer senador socialista de América Latina) eran las estrellas de los actos. Palacios hablaba en español y en italiano, y había alguien que traducía al genovés. Los militantes socialistas se identificaban con pañuelos rojos atados al cuello.
“¡Que hable el melenudo!”, pedían los obreros en las reuniones. Y enseguida se subía a un cajón, a una escalera o a un balcón y electrizaba a la audiencia con un discurso en el que atacaba a los ricos y defendía a los pobres. Dice el caricaturista y taquígrafo del Congreso Ramón Columba que su rasgo característico era sus largos cabellos.

La elección estaba fijada para el domingo 13 de marzo. El 6 sería la de senadores y la presidencial el 10 de abril.
“Nadie suponía que yo iba a triunfar”, confesó tiempo después. Desarrolló una intensa campaña, en la que instruyó a sus fiscales en los vericuetos de la nueva ley electoral. En tiempos en que las elecciones se ganaban con el fraude y con dinero, era fundamental minimizar los riesgos. Un niño, llamado Quinquela Martín, ayudaba a pegar carteles y a pintar paredes.
Sus adversarios fueron Jaime Llavallol, secretario de Julio A. Roca; Alberto Rodríguez Larreta, presidente de la Junta de Notables y yerno de Manuel Quintana; Marco Avellaneda, hijo del ex presidente Nicolás Avellaneda; Miguel Tedín, del Partido Republicano y Pablo Ungaro, vecino del barrio. La Unión Cívica Radical no participaría ya que en febrero había decretado la abstención electoral al no existir garantías de libre expresión de la voluntad popular.
En la circunscripción 4ª había diez mesas para votar. Dos en la iglesia San Juan Evangelista y las ocho restantes repartidas de a pares en cuatro escuelas.
Era posible seguir minuto a minuto la evolución del comicio ya que el voto era público. Al no existir el cuarto oscuro, el ciudadano mostraba a la autoridad de la mesa su libreta cívica y ahí nomás decía por quién se inclinaba. El presidente anotaba el voto en la columna del candidato correspondiente.

Ese día los bares debían permanecer cerrados, aunque las fondas y los restoranes podían abrir de 11 a 13 horas.
El día anterior los políticos organizaron asados, bien regados de vino, con el fin de asegurarse los votos. El reparto de dádivas estaba a la orden del día. Algunos ofrecían 20 pesos por cada voto, que llegó a cotizarse a 40 pesos.
El día del comicio, La Boca era un hervidero de gente que iba y venía, votantes eran llevados en carros y todos pugnaban por saber cuál era la tendencia en cada una de las mesas. Para colmo, cerca del mediodía el candidato Miguel Tedín, que ya tenía 121 votos, retiró su candidatura y recomendó a sus votantes que se inclinaran por Palacios.
En un momento, periodistas de la revista Caras y Caretas le dijeron a Palacios que deseaban fotografiarlo en el Centro Socialista. Le propusieron que fuera en su carruaje y que ellos lo seguirían. “¿Qué? ¿Qué? Si no soy candidato de coche. ¡No ve que amanecí con dos pesos, che!”. Lo llevaron ellos mismos.
La votación cerró a las cuatro de la tarde. Palacios obtuvo 830 votos; Llavallol 596; Rodríguez Larreta 542; Avellaneda 353; Tedín 121 y Ungaro 94. El acta fue llevada a la jefatura de la seccional 20ª.
Juan B. Justo, fundador del partido Socialista, fue a La Boca y con Palacios recorrieron las seis cuadras de la calle Olavarría en medio de una multitud que los aclamaba.
El 18 de marzo, a las 19 horas, en un local de la calle Pedro de Mendoza, se realizó un banquete para festejar la victoria. Pudieron entrar 600 personas y 400 quedaron en la puerta.
El 2 de mayo, vestido con un chaquet de cuatro botones, camisa blanca, cuello volador, corbata de moño, sombrero de ala levantada y bastón estoque, llegó en carro al Congreso, que estaba en la calle Victoria (hoy Hipólito Yrigoyen) y Balcarce.
Se produjo un intenso debate cuando Palacios se negó a jurar por la fórmula establecida en el reglamento, que incluía a los Santos Evangelios. Terminó haciéndolo solo por la Patria.
Su primer proyecto lo presentó en la sesión del 27 de mayo. Era sobre la derogación de la ley de Expulsión de Extranjeros, la 4144, conocida como la ley de Residencia, que autorizaba al Poder Ejecutivo a expulsar a los extranjeros que pusieran en peligro la seguridad nacional o no dejarlos ingresar. Recién sería derogada en 1958.
Palacios, con su triunfo electoral en la 4ª circunscripción, que desde entonces se llamó “La cuarta de fierro”, se convirtió en el primer legislador socialista de América Latina. Fue quien presentó el primer proyecto de voto femenino; el autor de leyes como las del sábado inglés, descanso dominical, accidentes de trabajo, estatuto docente y ley de la silla. A comienzos del siglo XX, los obreros comenzarían a gozar de leyes laborales producidas por la sensibilidad de ese abogado de los pobres, que en las elecciones de 1904 ganó cuando nadie se lo imaginaba.
Fuentes: El Congreso que yo he visto (1906-1913), por Ramón Columba; Alfredo Palacios, entre el clavel y la espada, de Víctor García Costa; Revista Caras y Caretas.
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