Otra de las misiones diplomáticas especiales fue la del retorno a su Patria, luego de veintidós años de martirio, de los restos mortales de Eva Perón. Sobre este participar se ha especulado mucho, y aún a través de los años, los enemigos tratan de que el Pueblo olvide el episodio.

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Eva Perón tuvo una vida con dos etapas distintas bien definidas. La primera es su nacimiento, su vida familiar, sus ambiciones de progreso y su desarrollo artístico en la radio y en el cine argentino. Sobre esta etapa han creado sus enemigos una serie de situaciones que no concuerdan con la verdad y cuyos historiadores a "tanto la línea", sólo procuran su descrédito, por envidia a una evolución realizada a fuerza del sacrificio propio de su vida. Muy contadas mujeres en el Mundo y en los tiempos, fueron tan amadas por los Pueblos y tan envidiadas por "elites ignorantes". El amor de la gran mayoría vive después de treinta y cuatro años de su paso a la inmortalidad, con una presencia inigualada en otro ser humano.

Su tránsito se extendió más allá de la frontera de su Patria, por un designio de Dios, para glorificar su sacrificio por los humildes.

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"Por su decisión, yo ingresé en la Custodia Presidencial a su servicio. Primero estuve un año en su Secretaría Privada, en la misma Residencia Presidencial, luego trabajé en la del General Perón y finalmente cuando la Señora Eva enfermó, pasé a su servicio inmediato hasta su partida de la vida física en el año 1952. He sido testigo presencial de infinidad de actos humanitarios, y he visto desfilar toda la gama de personajes que siempre figuran en el reparto cortesano de cualquier gobierno del mundo. He podido apreciar valores y miserias en un período que fue una muy buena experiencia para mi futuro. Hecha esta muy necesaria e incompleta digresión, sobre la siempre amada y recordada Evita, continuaré con mi relato

Los restos mortales de Eva Perón, descansaron en la residencia de Puerta de Hierro, desde el día en que se procedió a la devolución de los mismos, a su legítimo esposo, el General Juan D. Perón. Personalmente estuve investigando su paradero durante casi quince años y al llegar a Madrid, pude unir mis conocimientos sobre el tema con los diversos informes en poder del General.

Las corrientes informativas eran variadas y por regla general, invenciones que ocultaban intereses personales. Pero en cierta ocasión, tuve una noticia emanada de una fuente de plena confianza y en ese sentido tendimos las líneas y viajamos a Italia, en procura de mayores datos. Al mismo tiempo, el gobierno militar muy tambaleante y con presiones sobre sus cabezas, sobre todo del Vaticano, para solucionar de una vez las cosas, decidió negociar con Perón la entrega de los restos. Primero fue el Embajador de España, luego un político peronista que vino en calidad de mensajero del Presidente Lanusse y finalmente un Coronel allegado al mismo.

Se estipuló la entrega entre tanto nosotros ya habíamos obtenido la información del paradero de los restos mortales y viajamos con la Sra. Isabel a Roma, entrevistando allí a varios Cardenales allegados a su Santidad, el Papa Paulo VI y expusimos la urgencia de evitar cualquier situación embarazosa para la Iglesia. Todas estas gestiones fueron también supervisadas por el Nuncio Apostólico en España, en contacto con el Papa.

Se produjo la entrega en un camioncito de transporte cerrado que llegó desde Milán, Italia. Llegaron a esa hora, el Embajador Argentino en España, un sacerdote custodio del lugar donde estaban los restos de la Sra. Eva Perón, en un féretro ordinario con interior de latón agujereado; y el militar argentino Cabanillas, que tuvo a su cargo la operación traslado y ocultación bajo el nombre de María Maggi.

Yo abrí el maltrecho féretro y se nos presentó una imagen dolorosa de la querida Evita. Su rostro tenía la nariz rota, como por un culetazo de escopeta. Marcas de quemaduras de cigarrillos en sus manos. Un dedo con una falange cortada. Un trozo de una oreja cortada. Sus pies con las plantas totalmente ennegrecidas, como si hubiese permanecido enterrada muchos años en posición de pie. El cuello totalmente quebrado.

La imagen fue dolorosa a nuestros sentimientos, especialmente para el General Perón, como para la Sra. Isabel y yo mismo. Pero en el hierático rostro de Evita, parecía esbozarse una sonrisa leve. Se firmaron tres recibos de la entrega presentados por el Embajador Rojas Silveyra, hechos en trozos de papel de almacén y la lapicera utilizada en la ocasión fue mía, que cedí al General y éste me la dio luego como recuerdo.

La Sra. Isabel y el General Perón me pidieron que yo también firmara el acta de la entrega.

El estado en que los restos se hallaban eran deplorables, se veía por doquier "parches de arreglo" con los cuales se quisieron disimular deformaciones causadas a los restos de la Sra. Eva Duarte de Perón que después de su muerte y embalsamiento fue ultrajada, martirizada y exiliada por espacio de veinte años.

Comprendiendo nuestra responsabilidad histórica, procedí a filmar en súper ocho la situación en que arribaron los restos a nuestras manos y envíe a un compañero a Milán, donde se filmó la tumba y pormenores de su exhumación.

Conjuntamente con la Sra. Isabel procedimos al acondicionamiento y limpieza de los restos hasta que después de un tiempo, dentro de lo humanamente posible, estuvo Evita con la dignidad y respeto que merecía.

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El General Perón sintió un impacto muy grande ante la visión del cuerpo torturado y mutilado en evidente espíritu de odio y en total herejía, de seres que presumían de honor y cristianismo. Pero dentro de su lógico dolor se sintió reconfortado con nuestro apoyo y solidaridad afectuosa.

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En muchas ocasiones el General Perón solía decir a sus visitantes, pasando un brazo sobre los hombros a Isabelita y el otro sobre mí: "esta es mi familia" Posiblemente jamás me llenó de alegría un elogio tanto, como el honor de merecer estas palabras emitidas por tal gran hombre.

Se construyó en la Quinta 17 de Octubre, una terraza cubierta muy amplia y con aire acondicionado, donde se preparó una sencilla capilla ardiente, y durante más de un año descansaron los restos mortales de la Dama de la Esperanza, fuera del alcance de la curiosidad del mundo y sobre todo de los medios de información, que pugnaban por obtener elementos sensacionalistas.

Pero en la Quinta 17 de Octubre se tenía plena conciencia de lo muy delicado que era exponer ante los ojos del Pueblo argentino, los martirizados restos de Evita, que podrían enardecer y promover serios disturbios, tanto para las Fuerzas Armadas, como para la Iglesia misma en su calidad de encubridora de tamaña herejía.

En ocasión del cumplimiento de la misión retorno de los restos mortales al país de Evita, se procedió con prontitud y silencio, porque tanto nuestros servicios de información como los de España, pusieron en nuestro conocimiento que habían detectado un grupo guerrillero programaba el secuestro de los restos de Evita para unirlos a los del General Aramburu y presionar al Pueblo y al gobierno.

Ante tal peligro decidimos actuar con sigilo y velozmente en total acuerdo con la Sra. Presidenta, partí con una custodia policial adecuada a la misión, cumpliendo su retorno en silencio y con el respeto y la dignidad que tal ocasión merecía.

En España, justo es reconocer, obtuve de las autoridades todas las facilidades para que el traslado se efectuara sin inconvenientes. El propio Generalísimo Franco me hizo entrega de una carta personal para nuestra Presidente, Sra. De Perón.

Por Luis Gasulla

@luisgasulla