"Camino al Este": crónicas, historias de amor y una búsqueda de 15 mil kilómetros

Javier Sinay, el autor de "Los crímenes de Moisés Ville", habla de su nuevo libro de crónicas: el viaje a través de Europa y Asia que emprendió para reencontrase con su novia

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Javier Sinay en Itaeown, Seúl
Javier Sinay en Itaeown, Seúl

Un buen día, Javier Sinay (Sangre joven, Los crímenes de Moisés Ville) se dio cuenta de que tenía una linda vida. Estaba enamorado de Higashi, su novia "japonesa". Tenía un buen trabajo como corresponsal de un diario mexicano. Era leído y admirado. Estaba entrando en la segunda parte de la vida adulta por la puerta deseada.

Un buen día, todo eso se esfumó. Higashi consiguió una beca para vivir un año en Kioto y estudiar la ceremonia del té, y, casi en simultáneo, él recibió un correo de su editora mexicana: sus servicios ya no eran más requeridos.

Un buen día, con el amor a más 15.000 km de distancia y sin empleo, Sinay decidió que el lamento y la autocompasión no eran respuestas adecuadas. Enamorado de su novia y de su profesión, hizo números y una apuesta: iría a buscarla y registraría el viaje mochilero por Europa y Asia en una crónica que retrate los distintos tipos de amor que se cruzara en el camino.

“Camino al este”, Javier Sinay (Tusquets)
“Camino al este”, Javier Sinay (Tusquets)

El resultado es un libro excelente —para saber cómo resultó el amor con Higashi: hay que leerlo—, Camino al Este (Tusquets): un trabajo sobre el amor, el desamor, la compañía, la soledad. De qué hablamos cuando hablamos de amor: de una manera de ver el mundo y vernos a nosotros mismos. "El amor es algo muy complejo y yo quería buscarlo a través de historias que no fueran monocromáticas sino que fueran humanas", dice Sinay en diálogo con Grandes Libros.

El viaje comienza en Madrid, pero además de las ciudades de Europa occidental, hay otras de Bielorrusia, Mongolia, Corea, etc. ¿Tratabas de mostrar la identidad de cada ciudad a partir de la experiencia de amor con la que te encontrabas?

—Buscaba historias que fueran lo suficientemente locales como para que nos permitieran tener una idea del lugar, pero que a la vez que fueran globales como para que se entendieran desde la Argentina. Así fueron apareciendo historias como la de Barcelona, donde una pareja hace cine porno y porno en vivo en fiestas. O la del músico que toca el morin khuur, que es una especie de violín tradicional de Mongolia. O la del chico que trabaja en la zona roja de Tokio como "host": su trabajo es hablar con mujeres que le pagan por una copa y un poco de conversación.

Alguna vez contaste que dejaste el periodismo de rock y pasaste al policial, al notar que los músicos tenían un discurso un poco enlatado. ¿Cómo es el discurso del enamorado?

—Hay verdad y hay otros límites. Los límites del crimen son oscuros y severos. Bastante calientes. Uno se acerca a esos límites y no sale indemne. Los límites del amor son otros, pero también, de alguna manera, uno pone en juego su vida, su rutina, su existencia. Lo que me di cuenta es que cuando hablamos de amor, todos creemos que hablamos del mismo tipo, pero, en realidad, hay diferentes tipos de amor en el mundo. Son formas que están muy influenciadas por la cultura, por la historia, por el grupo social.

Javier Sinay y Higashi en Kabukicho, Tokio
Javier Sinay y Higashi en Kabukicho, Tokio

No te voy a poner en el lugar del especialista…

—¡Por favor, no!

—… pero probablemente hayas encontrado, en esos tipos de amor, algunas categorías a partir de las cuales se pueda definir el amor de los argentinos.

—Voy a decir una obviedad, pero tenemos el elemento humano muy desarrollado. Mientras que otros elementos, como los materiales, no tanto. Esto lo digo en relación principalmente con Asia y el lejano Oriente, donde se ve más soledad o donde en la primera cita se pregunta cuánto ganás en un año.

Camino al Este es un libro sobre el amor pero también es un libro de viajes. ¿Qué tiene que tener un cronista para encontrar algo de la ciudad que no se reduzca a la experiencia turística?

—Voy a citar al gran Martín Caparrós. Una cosa es un viajero, que es el que viaja sin plan; otra cosa es un turista, que es el que viaja con demasiado plan y consume todo y arrasa con su consumo. En el medio hay un cronista, que es el que viaja con un poco de plan pero con una mirada más cultural, más humana. Hay que tener una mirada abierta, mucha curiosidad y pocos prejuicios.

Javier Sinay junto a Patricio Zunini en el auditorio de Grandes Libros
Javier Sinay junto a Patricio Zunini en el auditorio de Grandes Libros

¿Cómo abordabas a la gente?

—¡Fue periodismo! Es divertido el periodismo porque te permite hacer ese tipo de cosas. La excusa de que uno es un periodista es como un comodín para hablar con cualquiera en cualquier lugar del mundo. La palabra "periodista" o "journalist" abre puertas. Y la gente está dispuesta a contar sus historias, más si son de amor. Las historias de amor tocan muy profundo a la gente que las vivió y por eso las quiere compartir.

De todas las historias, ¿cuál fue la que más te conmovió?

—Es difícil porque me conmovieron muchas. Pero me parece que fue la del señor Liu. Él era un jubilado en Pekín que todos los días iba al parque para buscarle un novio a su hija. Esto lo hacen muchos jubilados en Pekín, porque los chicos con más de 30 años, si están solteros, tienen un problema. Así que los padres con tiempo libre los ayudan y llevan el "currículum" de sus hijos, donde escriben el trabajo, la altura, el peso, algún dato más, y en otra página ponen lo que buscan.

Es un Tinder analógico.

—La pregunta es si puede ser más eficiente un padre que Tinder. La hija trabajaba todo el día en una compañía informática y él iba todos los días al parque. Yo lo acompañé tres días y, parece increíble, pero el tercer día hizo match.

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