
Es un sábado nublado en Carlos Paz. Como estaba previsto, a las 15.30 el equipo de GENTE toca timbre en el complejo donde se hospeda Nazareno Mottola (36). Minutos después, el humorista asoma detrás de un portón y, enseguida, es interceptado por una pareja que lo reconoce y le pide una selfie. Nazareno sonríe y accede. Luego, durante la nota, explicará que le cuesta lidiar con ese tipo de situaciones.
"Soy muy vergonzoso. Yo no me sacaría una foto conmigo", asegura. "El otro día me crucé con Roly Serrano. Me dijo: 'Hola, Naza… ¿No me vas a saludar'. Me sorprende que él me reconozca a mí. Lo más lógico sería que fuera al revés", agrega.
–¿No te acostumbrás a la fama?
–Tengo mis momentos. Cuando empecé con las cámaras ocultas de VideoMatch (1998-2001), pasé de estar sin laburo a no poder caminar por la calle. Pablo Rutkus, quien me ofreció ese trabajo y es como mi papá, siempre me decía: "Hoy la gente te quiere y te pide fotos; mañana tal vez no". Con el tiempo aprendí que la fama es pasajera. La realidad es que uno hace humor para que quien tenga un problema familiar, económico o de salud, se olvide de eso por un rato y pueda reírse. El fin es ése.
–Y a vos, ¿qué te hace reír?
–Uy, ¡qué difícil! Soy medio raro para reírme. Me divierte mucho el humor de clown, los personajes mudos y gestuales, como Chaplin o Buster Keaton. Los chistes que cuento también me tienen que provocar risa. Si no me causan gracia no los cuento… Me acuerdo que cuando estaba en De 9 a 12(2004-2006)demoré dos semanas en contar un chiste. Llegaba el remate, me arrebataba y no lo podía terminar. "Váyase, váyase", me decían.

CON EL PIE DERECHO. Nazareno mide un metro sesenta y, aunque no lo aparenta, está más cerca de los cuarenta que de los treinta. Oriundo de Berazategui, actualmente vive en Palermo. Cada vez que puede vuelve al barrio de sus amores, donde están sus amigos y su familia. Amante del circo ("arranqué a los 16 en el Family Circus y todavía sigo. El circo nunca se deja: tiene una magia muy especial"), este verano debutó en la Villa.
"Es la primera vez que vengo a trabajar a Córdoba. Siempre quise hacer temporada acá", asegura. Luego de una pausa agrega:"La base de todo esto me la dio el circo. Yo nunca estudié teatro. Por eso, cuando me llamó Antonio (Gasalla)para ¡Más respeto que soy tu madre!, lo primero que le dije fue: 'No sé si podré…'. Enseguida me contestó: 'Quedate tranquilo, yo te voy a ayudar'", recuerda Mottola, que de miércoles a lunes hace reír en Sin codificar is back(teatro Coral) junto .
–Con tus compañeros hay buena química en el escenario. Cuando se tientan, ¿lo dejan fluir o tratan de frenarlo?
–La idea no es reírnos de nosotros, sino que el público se ría. Pero también hay cosas que te sobrepasan. Nada se hace adrede. Si no causa gracia, paciencia… Pero si lo hace, nos reímos. La gente lo acepta y se divierte.
–En el teatro sos bastante protagonista. ¿Te gustaría tener tu propia obra?
–(Piensa)Me divierto acompañado. Por momentos me gustaría protagonizar algo propio, pero no sé si estoy capacitado para tanto. ¿Quién me vendría a ver?
– Ni mi mamá, creo (risas).
–Trabajaste con Susana Giménez, Antonio Gasalla y Marley. ¿Qué te llevaste de cada uno?
–Estar al lado de Gasalla fue como tomar clases privadas de teatro. Todavía tengo muy presentes sus consejos. Por ejemplo: "No pises el aplauso del público. Esperá que baje y seguí". Cuando arranqué, eso no lo sabía. Con Susana aprendí a manejarme con libertad. Ella siempre me apoyó. Jamás me dijo: "Este tema no lo menciones". Le he dicho cada cosa… (risas).Tanto ella como Antonio me dieron espacio para improvisar, al punto que él llegó a decirme: "Voy a cortar este pedacito mío porque lo tuyo funciona más". Eso lo hace sólo un grande. Y con Marley… bueno… El día que lo conocí me dio luz verde para cualquier cosa. Un día le salté en la cabeza y le torcí el cuello (risas).

–A veces parece que sos de goma. ¿No te duele cuando te caes?
–No (risas).Tiene que ver con la acrobacia y también hay una cuestión física. Aprendí a caerme.
–En alguna nota dijiste que te da vergüenza hablar de vos. ¿Por qué?
–Me cuesta. Soy un pibe normal, y vivo una vida normal. Cuando llego a una reunión o conozco a alguien jamás digo: "¿Sabés quién soy?". Incluso, si me preguntan a qué me dedico, a veces contesto que laburo en una fábrica. Me da vergüenza decir que soy actor. Hago terapia por eso.
–¡¿Para tanto…?!
–Sí. Siento que van a pensar: "Miralo al creído ése".Además, hoy me toca trabajar en los medios, pero mañana quizás vuelva a repartir pizza en un delivery, como ya lo hice alguna vez.
Por Flor Illbele. Fotos: Fabián Uset y gentileza de Yanina Aguirre.
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