Reina con sus amigos César Juricich, Fabiana Araujo y la pareja de ésta, el economista Alejandro Pérez Escoda. Foto: Maximiliano Vernazza /Revista GENTE
Reina con sus amigos César Juricich, Fabiana Araujo y la pareja de ésta, el economista Alejandro Pérez Escoda. Foto: Maximiliano Vernazza /Revista GENTE

Que las diosas no tienen edad se sabe. Y que cada vez más la ocultan menos y asumen los años que tienen, también. Reina Reech cumplió 61, y lo festejó a lo largo de 404 kilómetros. De yapa, inauguró su propio espacio cultural en Palermo Soho.

"El cumple lo empecé en Mar del Plata. Estoy haciendo El Show de la menopausia ahí los lunes y los martes, y los demás días salgo de gira. Hice comida caserita y estuvieron Juanita y Toribio. Un chico que vino dijo "parece Navidad". Hice pionono, peceto, colita, guacamole, Juanita hizo hummus. Así que lo empecé allá y lo cerré acá, además con la presentación de este lugar".
–¿Qué significa para vos tener tu propio espacio cultural?

–Mudé mi estudio de Palermo aquí. Pero es más que eso: tiene un teatro independiente, donde desde abril voy a programar standaperos, unipersonales, música. Este es un barrio que da para eso. Además, se me ocurrió armar un club de cantantes, y van a poder presentarse acá. Se armó algo diferente. Y mis hijos me convencieron de cambiar mi nombre por el de 15/30 (Nota: queda en Malabia 1530).
–¿Por qué? Los artistas son famosos por su ego…

–Hace muchos años que el ego no es lo central en mi carrera. Ahora estoy bailando, cantando y haciendo stand up en mi obra. Pero trabajé mucho como directora, creadora y escritora de teatro. Abajo de escena estuve por años y lo seguiré haciendo. Pero el año pasado sucedió un cambio en mí. Tuve la suerte de sentirme libre como mamá al ver a Juana completa, con su hijo, y a Bautista con 22 años. Y antes me buscaba esos rebusques, como la escuela, la dirección y la autoría para no trabajar a la hora de comer y acostarlos. Prioricé la familia, estar en casa. Durante años sentí que ese era mi lugar. Pero ahora comencé una nueva etapa.
–En un momento donde todos tienen miedo de invertir, vos apostás.

–El temor es el peor enemigo que tenemos, nos paraliza, no hacemos. Trato de no vivir con miedo. Pero también, lo que pasó no es muy poético. Yo alquilé un lugar durante doce años, y el alquiler subió, subió y subió. Y encontré este lugar más grande y que me salía bastante menos. Igual, acá el presupuesto inicial se fue al doble.
–¿Dónde nace tu energía, el motor que te lleva a hacer mil cosas distintas?

–El artista necesita el aplauso, la aprobación. Pensá que yo nací en un teatro, es mi vida, mi medio, lo que necesito para nutrirme. Yo creo que el día que deje de hacer cosas, me voy a apagar. Y yo me siento viva. Además tengo un nieto divino, que me vuelve loca y la paso bomba, además… Porque pude hacer las dos cosas: mi carrera y mi familia estuvieron presentes. Porque yo padecí a una mamá muy laburadora y poco casera.

El abrazo con su hijo Bautista después de soplar las veletas. Foto: Maximiliano Vernazza/Revista GENTE
El abrazo con su hijo Bautista después de soplar las veletas. Foto: Maximiliano Vernazza/Revista GENTE

–El año pasado revelaste un abuso, en tu infancia, por parte de la pareja de tu madre (Nota: el músico Bubby Lavecchia). ¿Cómo siguió ese proceso en lo interno?
Fue un hecho traumático, a los 13 años. Me sorprendí con la alzada de voz femenina que hubo en diciembre. Se me cerró la garganta, sentí mucha angustia y me puse a llorar. Se lo conté a mi hijo –Juana estaba de vacaciones–, le mostré lo que había escrito y me dijo "publícalo". Yo le respondí que sus sobrinos hacían sonido en la muestra de mi escuela. Porque cuando se dice que uno no cuenta por vergüenza, no es así. Yo no quería lastimar a la familia. Pero Bauti insistió: "Que se enteren quién era su tío".

–¿Te dijeron algo cuando lo hiciste público?

–Nada. Ni una palabra. Ni se si se enteraron. Pero bueno, necesité contarlo y mi hijo me empujó a escribirlo. Y después dejé que la angustia bajara y se enfriara. Al cuarto día de publicarlo, una vez que lo solté y lo largué, la angustia cedió totalmente.
–Hoy tenés la obra, el emprendimiento, cumplís años. ¿Lo celebrás con alguien cuando llega la noche y estás en casa?
–Con mi familia. Ahora Juanita no vino porque está en Mar del Plata con Toribio.

–¿Pareja no?

–No, estoy solterita y open. No hay señor. Lo festejo con amigas y amigos. Y cuando llego a la cama hago yoga nidra, que es una meditación pasiva, no en movimiento. Tengo que estar acostada, boca arriba y con las manos para arriba. Y es una meditación de sueño consciente, que relaja cada parte de mi cuerpo, me da mucha paz y me hace dormir como un baby. Yo lo recomiendo…

–Pero dijiste "open"…

–Jaja, ¡súper open! Si sucede genial. Pero no estoy atrás de eso. Porque tampoco soy de touch and go. Tal vez estoy un poco pasada de moda, pero me gusta que me seduzcan, me hagan el novio. Hoy las mujeres avanzan a los hombres de una forma que a mi, en lo personal, no me divierte. Me siento halagada cuando el hombre me conquista. Y no están muy acostumbrados a eso últimamente. Se habituaron a que la mujer tome la iniciativa. Yo creo que todo el movimiento femenino los cohibió un poco, ese hilo tan delgado entre si es piropo o acoso. Porque a mi no hay nada que me guste más que un lindo piropo. Pero ojo, si es una guarangada, lo paro en seco.

por Hugo Martin
fotos: Maximiliano Vernazza