Gustavo Palmer. Foto: GENTE
Gustavo Palmer. Foto: GENTE

"Antes de que Palmer entrara a trabajar en su primera discoteca, la noche porteña no existía. Pocos se acuerdan de eso, pasaron muchos años… Vivíamos todo el tiempo de día. Hasta que él dijo: 'Que se haga la noche'. Entonces… Lo bueno es que el día se dividió en dos. Lo malo es que… ¡nunca más volvimos a dormir!".

La anécdota –que se le ocurrió a algún amigo desvelado– hoy cobra más valor que nunca. Porque mientras Gustavo Palmer cumple cuatro décadas dándole ritmo a la noche, lo celebra de la forma que mejor conoce: trabajando. ¿A qué nos referimos?

Gustavo Palmer en su nuevo parador. Foto: GENTE
Gustavo Palmer en su nuevo parador. Foto: GENTE

Anote: es el dueño del Club Aráoz y de la cervecería Distrito Federal (ambos en Palermo), lo fue de Ku en Pinamar, de Radio Global 106.7 en la misma ciudad balnearia (también trabaja en Radio Disney) y, como si fuera poco, este verano abrió en Ostende Ibiza Mambo Beach, su propio parador de playa.

"Es un lindo desafío que me quedaba pendiente –cuenta Palmer, el papá de Abril (14)–. La idea es armar fiestas de día y de noche. Todos saben que soy un loco de la música. Bueno, le quiero meter esa impronta al lugar, como siempre, cuidando cada detalle y contando con las medidas de seguridad de Primer Mundo.

¿Un ejemplo? Cuando ingresan los chicos a nuestro parador, se les hace un test de alcoholemia. Si dan positivo, los derivamos a una ambulancia de Emergencias que los traslada a una clínica, hasta que un familiar los pasa a buscar".

–¿Su día tiene 24 horas, Palmer?
–Todo el mundo me pregunta lo mismo, jajajá. Claro…

–¿Cuál es el secreto?
–Levantarse temprano y trabajar todo el tiempo posible, sin descuidar dos cosas: los hijos y la pareja que uno tiene al lado.

Gustavo Palmer divide su días en dos. Foto: GENTE
Gustavo Palmer divide su días en dos. Foto: GENTE
 

Gustavo Mustoni (tal el verdadero nombre del juvenil señor de 58 años) nació en la Capital Federal y se crió en el barrio de Floresta. A los cinco se mudó a Belgrano junto a sus padres –Ana, ama de casa, y Héctor, dueño de una estación de servicio– y su hermana Adriana (63).

De chico transitó un buen pasar, hasta que llegó el Rodrigazo (la crisis económica que padeció la Argentina en 1975, durante el gobierno de Isabel Perón), falleció su padre de un cáncer fulminante y sólo le quedaron deudas por pagar. Entonces decidió salir a trabajar: empezó a pasar música, junto al disc jockey Rafael Sarmiento, en las fiestas de los colegios secundarios.

Para pagar sus estudios (le había prometido a su papá terminar la Universidad) también se convirtió en barman de La Caleta. Hasta que el empresario Mario Falak le propuso entrar en New York City, la disco más importante de Sudamérica.

Gustavo Palmer. Foto: GENTE
Gustavo Palmer. Foto: GENTE

Sin embargo, cuando en 1985 Gustavo se graduó como ingeniero agrónomo, dejó la noche para sumarse a CREA (Consorcio Regional de Experimentación Agrícola), dedicándose a los trabajos de campo en Potrero de los Funes, provincia de San Luis. A los cuatro meses se quedó sin plata y como la pasantía no era rentada, retornó a la noche… para no volver a irse nunca.

Regresó a New York City, y meses después el dueño de Rainbow lo contrató y le dio sus primeros puntos de un local, que Palmer transformó en oro. A la fecha, Gustavo trabajó en 50 discotecas, inauguró unas 80, fue uno de los creadores de la noche de Punta del Este con Bulldog, y de la de Pinamar, con Ku, donde permaneció veintiséis años. Todo en cuatro décadas.

–Cuarenta años, en los cuales entre otras cosas pasó por Feliz domingo, por Canal 9, y fue uno de los creadores de Radio Energy… Elija una anécdota de ese extenso período.
–¡Podría escribir un libro! (carcajadas), pero tengo una de la época en que arranqué como barman en New York City. En la esquina había un bar al que siempre iba Luca Prodan a tomar algo. Lo cierto es que, de tanto vernos pasar, un día escribió el tema Una noche en New York City, que decía: "Caras conchetas, miradas berretas/ y hombres encajados en Fiorucci". Bueno, uno de ésos era yo, porque nos vestíamos todos igual, con un jardinero de esa marca. Otras épocas…

Gustavo Palmer, el rey de la noche
Gustavo Palmer, el rey de la noche

–Bastante distintas a las actuales… ¿Cómo se hace para prevenir el descontrol adolescente de estos tiempos?
–Hay que atacarlo con el otro extremo: muchos controles. Hoy, lo más importante es la prevención. Hay que estar atento a todo: en el ingreso, en los alcoholes y en las medidas que se sirven, en la necesidad de contar con personal preparado, médicos, varias cámaras, salidas de emergencia… Es un sin fin de cosas, que en lo personal vengo implementando a lo largo de los años. Varias de las leyes aprobadas para los boliches fueron ideas mías.

–¿Tiene alguna por la cual siente: "Con esta medida les salvé la vida a varios chicos"?
–El control previo al ingreso. Quizá en otros lugares llegan los chicos borrachos, no los dejan pasar y quedan expuestos a cualquier cosa. Nosotros los cuidamos y acompañamos hasta que alguien se haga cargo. Gracias a esta medida recibí muchos agradecimientos de padres y madres.

–No hay lugar donde esté usted y no se escuche música. Incluso, más allá de sus ocupaciones más conocidas, trabaja en dos radios, Disney y Global, en Pinamar. ¿Es su debilidad?
–Sí, amo la música electrónica. Es una pasión que tengo desde chico. Mi idea es contarles a los chicos quiénes son los nuevos Djs, anécdotas, un poco de todo. Trabajar en la radio me mantiene actualizado e informado.

–Como si fuera poco, se sumó como dirigente de Ferrocarril Oeste.
–En 2003, cuando el club estaba en crisis, con peligro de descender del Nacional B, me llamó Daniel Pandolfi, el actual presidente, y me metí. Estoy a cargo de las relaciones institucionales y del marketing. Lo profesionalizamos como un club europeo. También estoy en la Comisión de Fútbol y me prendo en partiditos con los amigos. No sólo lo disfruto, sino que cuido el físico. Una costumbre mía: en 40 años inventé las noches de Pinamar y Punta del Este… Pero no tomo una gota de alcohol, eh.

–Aparte de Prodan, ¿hay alguien más que le hubiese gustado que le dedicara unas estrofas?
–Juanse y Los Ratones Paranoicos también me dedicaron Rainbow, por mi boliche, que era el lugar adonde siempre venían. Y hasta me di el gusto de tener a Charly García cantando en vivo y a capela No voy en tren… La verdad, ya no puedo pedir más nada.

Por Sergio Oviedo