Son trescientos dos kilómetros los que separan Florencia de Milán. Poco más de tres horas y media para instalarse en el hotel que reservaron en la capital de la moda, siempre y cuando no surjan ciertos contratiempos. "Se nos complicó todo. Tuvimos un toquecito en el auto cuando veníamos de Florencia. ¡Y era el tercer auto que rompíamos! ¡Ja, ja!", desdramatiza Aníbal Pachano (63).

Es que después de confesar que desde hace seis meses está luchando contra una enfermedad muy dura ("y la estoy superando", celebra), el talentoso coreógrafo y bailarín (además, arquitecto) decidió viajar a Italia junto a su hija Sofía (29), su gran sostén en este proceso: "Después de unos meses muy duros quisimos viajar con Sofi. Ella se encargó de organizar todo".

En su visita al Coliseo Romano, uno de los puntos salientes del viaje.
En su visita al Coliseo Romano, uno de los puntos salientes del viaje.

¿El trip? Roma ("como arquitecto, me emocionó estar parado en lugares milenarios"), Orvieto ("es un cuento medieval"), Siena ("muy linda; el Duomo impresionante, las callecitas y la Piazza del Campo repleta de juventud"), Florencia ("me impactó porque tiene mucho que ver con mi vida de arquitecto: verlo al David de frente me llevó a recordar todo lo que estudié") y Milán ("todo el mundo vestido de gala: cuando bajamos, después de viajar más de cuatro horas, nos sentíamos dos zaparrastrosos").

Hasta ahí, increíble. Pero en la capital italiana hubo un contacto que cambió el sentido del viaje. "No lo teníamos pensado, pero apareció la propuesta de una audiencia con el papa Francisco", cuenta de aquel lado del océano Pachano, quien recién llega al hotel, tras solucionar los problemas con el auto.

¿Cómo lograron llegar tan cerca de Su Santidad? Gracias a la gestión de Maxi Jitric (maquillador de los espectáculos de Aníbal e íntimo amigo de Sofía), quien le contó a monseñor Guillermo Karcher el momento que vivía el artista, y les consiguió un lugar preferencial.

"Para mí fue muy grosso, dadas las circunstancias en las que estoy; emotivamente, te pega muy fuerte. Cuando me encontré frente a Francisco traté de contarle lo que me pasa. Le dije que estoy pasando por una situación de enfermedad. Me tocó la frente, me hizo la señal de la cruz y me dio su bendición. Entonces me quedé sin palabras. Se me hizo un nudo en el pecho y no pude hablar más. Fue un pase energético increíble; me llenó de fuerza. Me duró todo el día la emoción", describe Pachano el encuentro con Francisco.

Anibal y Sofía sonríen con la Plaza del Vaticano de fondo, después del encuentro con el Papa.
Anibal y Sofía sonríen con la Plaza del Vaticano de fondo, después del encuentro con el Papa.

–¿Cómo estás anímicamente después de todo este proceso?

–Bien. Este viaje fue como tener un contacto real con lo que me pasa. Cuando estás afuera de tu ámbito de todos los días, tomás conciencia de lo que te sucede. Además, el viaje me hizo entender lo que pasé… Me canso más, aunque también debe ser que estoy grande: tengo 63 años. Hemos caminado mucho, algunos días hasta doce horas.

–¿Haber atravesado tal proceso de enfermedad te hace disfrutar más de estos momentos?

–Y, la verdad que cuesta… No es tan fácil. Para mí es difícil. Eso de "no me voy a hacer más problemas por pavadas" te dura cinco minutos. Cuando pasa el cimbronazo más grande, uno vuelve a ser el de siempre.

–¿Qué sacás de positivo?

–Que hoy yo sé todo lo que puede pasar, y lo que no me va a pasar si tengo fuerza. Estuve muy contenido. En Fleni me rodearon un equipo impresionante. Estoy con un grupo de sanación de la Fundación Salud que me armonizó. También mi terapeuta, Julio. La familia aprende a sostener una situación muy difícil para ellos. Y Sofía fue un gran sostén, igual que Ana (la mamá de Sofi), mis hermanas, y mis amigos Pablo, Esteban y Rodolfo.

Tras disfrutar de los placeres gastronómicos de la Península.
Tras disfrutar de los placeres gastronómicos de la Península.

–¿Tuviste miedos nuevos?

–Y… Con el HIV siento más seguridad, porque lo tengo tratado y controlado. El cáncer en cambio es algo nuevo para mí… Son cosas distintas. Es un aprendizaje día a día, por más que me sienta bien y la operación haya salido bien.

–A pesar de todo, no paraste un minuto de trabajar.

–Yo siempre pongo las cosas positivas por delante. A veces me cuesta un poco más, pero es lo que intento. Me hace bien trabajar: siempre busco la manera de que el laburo sea algo placentero. Y generalmente lo logro.

–Volvés y te transformás en una de las mujeres de Casa Valentina…

–Sí, tenía ganas de hacer un drama como éste. Es un transformismo muy trabajado, muy emocional. Me encantó que Javier Faroni me llamara para el papel. Llego el 24 y me pongo a full con eso. Voy a tener una semana, diez días, para acomodarme. Me lo debo tomar con calma. Yo me hago el vivo, pero me operé por un cáncer de pulmón hace muy poco. Me tengo que cuidar física y emocionalmente. Cuando me vean transformado no lo van a poder creer… ¡Soy una mezcla de mi vieja, mi hermana y Virginia Luque!

Por Julián Zocchi.
Fotos: Album personal.

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