Cuidar sin matar: el libro que rebate la falsa dicotomía entre obstinación terapéutica y eutanasia

Lo que yo propongo aquí es básicamente cuidar a la persona sin ensañarse, aliviar su sufrimiento sin matar y permitir morir sin abandonar, dice su autor, el rabino Fishel Szlajen

Cuidar sin matar - Fishel Szlajen
El libro del rabino Fishel Szlajen, especialista en Bioética
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“No hay dignidad en matar a una persona. Hay dignidad en acompañarlo hasta el final y dejar que esa persona, sin sufrir, muera naturalmente”, dice el rabino Fishel Szlajen en Cuidar sin matar. Fundamentos bioéticos, jurídicos e institucionales.

Szlajen es Doctor en Filosofía Ética y miembro de la Pontificia Academia para la Vida y de la Comisión Nacional de Bioética.

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“Aliviar el sufrimiento no puede convertirse en provocar la muerte y provocar la muerte no puede convertirse en prestación sanitaria”, sentencia Szlajen, que no se limita a exponer esta problemática sino que indica un camino: “Desobstruir aquello que obstaculiza su muerte natural y le provoca un sufrimiento adicional, dejando que la persona muera, pero por la patología subyacente, no matándola. Se llama adistanasia y eso es verdaderamente muerte digna”.

El libro fue presentado por el autor en el salón Emar Acosta del Senado, junto a otros especialistas: Clara Cullen y Gustavo de Simone. Las palabras iniciales estuvieron a cargo de Juan Bautista González Saborido, director de Organismos Internacionales del Senado, quien definió al libro de Szlajen como de relevancia contemporánea y urgencia institucional, además de ser un texto de sólida arquitectura argumental y definiciones conceptuales indispensables, para un debate en el que no siempre se llama a las cosas por su nombre.

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Como señala el propio autor, este libro, resultado de una investigación de casi tres años, “propone criterios para legisladores, médicos, jueces, funcionarios, ante uno de los dilemas más graves que es el del final de la vida”.

González Saborido también destacó una de las advertencias de Szlajen: que la legalización de estas prácticas nunca queda limitada a los casos excepcionales que piensa el legislador. La única respuesta ética ante el sufrimiento son los cuidados paliativos, agregó, recordando además el señalamiento del papa León XIV de que la prueba de fuego de nuestra humanidad es el trato que damos a los más vulnerables.

Cuidar sin matar - Presentación del libro del rabino Fishel Szlajen
La presentación del libro en el Senado. De izq a der: Clara Cullen, Fishel Szlajen, Juan Bautista González Saborido y Gustavo de Simone

“Cuando ya no es posible curar, no quiere decir que ya no haya nada que hacer. La esencia de mi profesión es cuidar”, dijo la enfermera Clara Cullen, Jefa de Cuidados Paliativos del Hospital Tornú, cuya labor en la materia fue distinguida por la International Association for Hospice & Palliative Care. Cullen además es docente de enfermería y cuidados paliativos en varias instituciones.

“No iniciar un tratamiento fútil, no es eutanasia”, dijo y subrayó que “la dignidad no depende de lo que una persona puede hacer sino de quién es”.

Destacó el protocolo bioético que propone el rabino Szlajen en su libro para estas circunstancias, porque ella misma se ha preguntado por ejemplo, en caso de legalizarse la eutanasia, cómo podría ser fiel a su conciencia sin por ello abandonar al paciente.

El doctor Gustavo de Simone es un especialista en Medicina Paliativa reconocido en nuestro país y en el exterior, director de Pallium Latinoamérica y co-fundador de la Asociación Argentina de Medicina y Cuidados Paliativos, además de director de la Maestría en Cuidados Paliativos en la USAL, y expresidente del Consejo Académico de Ética en Medicina (CAEEM).

Destacó que el libro de Szlajen no tiene una narrativa emocional ni anecdótica sino definiciones conceptuales rigurosas que rechazan todo eufemismo. Advirtió que el deseo de adelantar la muerte que expresan algunos pacientes es fluctuante y puede desaparecer con ayuda competente. “Eliminar la vida para terminar con el sufrimiento es un fast track peligroso”, dijo y subrayó la necesidad de “alfabetizar a la sociedad” acerca de los cuidados paliativos. Además, señaló que la Ley de Cuidados Paliativos no tiene presupuesto asignado y su cobertura en la práctica llega apenas a un 15 por ciento de los que la necesitan.

En una entrevista reciente con Radio María, Fishel Szlajen había dicho: “La compasión no es sacarse de encima al vulnerable, no es la cultura del descarte, como decía el papa Francisco. Compasión es padecer, sentir lo mismo que siente el otro. La compasión obliga a cuidar, a acompañar, no obliga a matar”.

Y en su exposición en el Senado, se refirió a un caso que ilustra esto. Según Szlajen, la Corte Suprema bonaerense entendió este concepto cuando en 2025, intervino en el caso de Marcela Ludueña, una mujer con una enfermedad gravemente discapacitante que reclamaba asistencia para morir tras estar siete años postrada. “La Corte no reconoció un derecho a la eutanasia. Lo que hizo fue reencauzar la discusión hacia una cuestión anterior: el PAMI, el Estado, estaba incumpliendo con sus deberes de atención, con el tratamiento del dolor y con los cuidados paliativos, que son ley desde el 2019, reglamentada en el 2022”, explicó. Y agregó: “Uno de los magistrados dijo en su voto que las deficiencias del Estado en brindarle los cuidados paliativos a Marcela Ludueña representaban un abandono casi tan cruel como la enfermedad misma”.

Cuidar sin matar - Presentación del libro del rabino Fishel Szlajen
Szlajen cito los argumentos de un juez de la Suprema Corte bonaerense que dijo que las deficiencias del Estado en brindarle cuidados paliativos a una paciente representaban "un abandono casi tan cruel como la enfermedad misma”

Esto, en línea con lo que dijo De Simone, es uno de los ejes del libro: reclamar la legalización de la eutanasia en un país que incumple con la ley de cuidados paliativos es un atajo peligroso que seguramente llevaría a eutanasiar a personas que no son enfermos terminales ni esos casos extremos que siempre se utilizan como argumento compasivo.

También el caso Ludueña, dice Szlajen, fue “bandera” para que “salieran todos los que abogan por el derecho a la eutanasia, a matar a la persona, diciendo ‘miren cómo está sufriendo, qué cruel, qué impiadoso es no facilitarle la muerte’, cuando el problema era que el Estado no le estaba brindando los cuidados paliativos, con los que, como se ha demostrado en el 95% de los casos en el mundo, se hubiera neutralizado el pedido de muerte de Marcela Ludueña”.

“El libro aborda la eutanasia, el suicidio médicamente asistido, el concepto de muerte digna y el concepto de adistanasia. Lo que hago es poner una perspectiva bioética, jurídica e institucional que consiste básicamente en ordenar un debate muchas veces dominado por la conmoción emocional, por una simplificación ideológica y por la presión legislativa de casos extremos”, explicó Szlajen en la entrevista citada.

Para este libro, el rabino analizó todos los proyectos de legalización de la eutanasia, presentados en el Congreso argentino, incluso los que ya no tienen estado parlamentario. Su conclusión es que todos se caracterizan por “la improvisación legislativa”, y “pretenden ampliar la ley de muerte digna cuando en verdad lo que hacen es crear un nuevo derecho de naturaleza jurídica cualitativamente distinta, porque una cosa es cuidar hasta el final de la vida y otra cosa es provocar deliberadamente la muerte”.

“Provocar la muerte todavía no es un derecho, como pretenden”, agregó. Señaló que todos los proyectos buscan crear “una excepción penal”, pero “lo hacen de forma muy indeterminada, sin siquiera tomar los recaudos que han tenido algunos países que lo han legalizado y que aún así les ha ido muy mal”, dice Szlajen que también analiza la situación de esos países.

Insuficiencia de controles, federalismo inciero en la publicación, pocas garantías para derechos como la objeción de conciencia, son algunos de los “muchísimos defectos” que, asegura Szlajen, tienen esos poryectos, lo que demuestra que responden más a “una cuestión ideológica que de derechos”. En la actualidad, y con el avance biotecnológico, “la respuesta civilizatoria al sufrimiento no puede ser eliminar al sufriente”, sostiene, “sino garantizar el cuidado, el alivio, la compañía, la proporcionalidad terapéutica y la protección efectiva de la dignidad humana”.

Los actuales cuidados paliativos, afirmó, resuelven el 95% de las peticiones tanáticas, porque cuando una persona pide morir, en realidad lo que no quiere es seguir viviendo de esa forma. En el peor de los casos, frente a lo que se llama sufrimientos refractarios, cuando ya los cuidados paliativos no tienen ningún tipo de efecto, “se puede hacer una sedación profunda, pero nunca matar a la persona, porque en países donde se lo ha implementado degrada y socava la confianza no solamente en el sistema sanitario, sino en el contrato implícito entre el médico y el paciente”, dice Szlajen.

“Autorizar al sistema sanitario para causar o facilitar la muerte es una decisión institucional de máxima gravedad, que afecta el sentido de la medicina, entre cuyos principios está el de no incurrir en maleficencia”, afirma.

Cuidar sin matar - Presentación del libro del rabino Fishel Szlajen
La dicotomía entre obstinación terapéutica y eutanasia es falsa, dice Szlajen. Existe la alternativa de dejar morir, de suspender tratamientos, de quitar los obstáculos que impiden la muerte natural y existe la sedacion profunda. Se llama distanasia

Diferencia entre matar y permitir morir

Agrega que esto implica “romper la frontera jurídica entre cuidar, permitir morir y matar”. “Matar es cuando yo ejerzo una acción directa o también una omisión, sabiendo que eso causa la muerte anticipada del paciente. Permitir morir es otra cosa, es lo que se llama la adistanasia, que es cuando ya no hay ningún tipo de posibilidad terapéutica ni tampoco paliativa, lo que se hace es sedar profundamente a la persona, desconectarla, es decir, desobstruir aquello que obstaculiza su muerte natural, dejando que la persona muera, pero por la patología subyacente, no matándola”.

Los cuidados paliativos y la sedación profunda desarma el argumento del sufrimiento esgrimido por los impulsores de la legalización de la eutanasia.

Rechazar la eutanasia no equivale a la obstinación terapéutica, agrega Szlajen. “Esa es una dicotomía instalada y es falsa. Porque existe justamente la adistanasia, que es el permitir morir, frente a la dicotomía entre dejar que la persona sufra artificialmente, por un lado, y la eutanasia, que es matar directamente a la persona por acción u omisión del personal sanitario”.

“Lo que yo propongo en mi libro es básicamente cuidar a la persona sin ensañarse, aliviar su sufrimiento sin matar y permitir morir sin abandonar —sintetiza—. La cuestión decisiva que sostiene este libro no es qué muerte puede autorizar el Estado, sino qué cuidados está obligado a garantizar el Estado.”

Basta de eufemismos

El rabino Szlajen fue durísimo contra los eufemismos que se suelen usar en esto debates. “Si yo necesito un eufemismo para decir algo, esa misma necesidad declara la indigencia y la inmoralidad de lo que quiero hacer. Porque si yo, en lugar de decir ‘matar a una persona’, tengo que decir ‘interrupción voluntaria de la vida’, ese eufemismo revela que lo que quiero hacer es inmoral. ¿Por qué no digo aborto directamente? ¿Por qué no digo directamente eutanasia? ¿Por qué en lugar de decir ‘facilitar la buena muerte’, no digo ‘el derecho del personal sanitario a matar al paciente’? Porque necesito eufemismos. Y si los necesito, es porque lo que que quiero hacer está mal".

Señaló cómo a través del cine se hace una aproximación a la eutanasia buscando generar “empatía para con el hecho de matar, a través de la compasión”. Se muestra a una persona sufriente que no aguanta más el dolor.

“Si yo defino la compasión en términos de poner fin a la vida de alguien que está sufriendo, en lugar de aliviar su sufrimiento, bueno, apliquemos eso a un homeless, que también sufre, o a cualquier persona que tiene problemas de salud mental y sufre, a personas con discapacidades graves, inmovilizantes. ¿Y sabe dónde vamos a terminar? En Aktion T4, la organización que había creado Adolf Hitler para matar a niños con síndrome de Down o discapacitados, creyendo que era por su propio bien, para evitarles una vida que no valía la pena ser vivida, ni para ellos ni para el Estado que tenía que mantenerlos", sentenció.

Cuidar sin matar - Presentación del libro del rabino Fishel Szlajen
Szlajen critica los eufemismos que se usan para referirse a la eutanasia: "¿Por que no dicen matar?"

En Uruguay, donde la eutanasia está legalizada, el propio Estaod reconoce que el pedido de muerte es fluctuante, porque depende de las condiciones y del dolor que siente la persona. Entonces, dice Szlajen, “si le puedo aliviar el dolor, justamente por compasión, ¿por qué tengo que matarlo? “ Es decir, que el propio Estado uruguayo se contradice. ”Es la expresa manifestación de que estamos ante una cuestión ideológica, no ante una cuestión sanitaria, ni médica ni mucho menos ante una cuestión compasiva".

La pendiente resbaladiza

“Matar al paciente es abandonar al paciente —sostiene—. En medicina, cuando una intervención pierde finalidad terapéutica, no termina el cuidado”.

Y anticipa: “Si sale la ley de eutanasia, como pasa en todos los países que la han legalizadolo, vamos a poder cada vez más descartar a los vulnerables y a los que nos generan un costo económico o espiritual. Porque, como demuestro en el libro, en todos los países en que se ha legalizado la eutanasia, que son gracias a Dios pocos, ha ocurrido lo que se llama la pendiente resbaladiza. Es decir, aunque se haya generado una ley muy restrictiva con todos los controles que uno le quisiera poner, en la práctica se terminó eutanasiaando a más gente de la que preveía la ley, como por ejemplo, menores de edad, o personas con padecimientos mentales, como hace poco en España, con una persona que requería cuidado, no que la maten. La cuestión es que el límite de curar nunca debe convertirse en el límite de cuidar. Cuando yo ya no puedo curar, mi obligación sigue siendo cuidar”.

Finalmente, señaló que nuestra legislación es excelente, es decir, que “el problema de Argentina no consiste en que falte una ley”. “El problema es la distancia entre los derechos reconocidos, por ejemplo, entre el cuidado paliativo y el efectivamente disponible, porque una ley puede reconocer cuidados paliativos, pero el dolor no lee el boletín oficial”, agrega.

Y denuncia que lo que en Argentina algunos quieren hacer es que “cuando aliviar y acompañar se vuelva muy difícil, en vez de aumentar la exigencia del Estado, que por ley debe cuidar todas las vidas dentro de su espectro de poder, quieren descartar esas vidas y cambiar hasta la propia naturaleza de la medicina, porque la Asociación Médica Mundial se ha expedido reiteradamente diciendo que la eutanasia no pertenece a la práctica médica, sino a la práctica veterinaria”.

“Pero cuando la ideología puede más que la ética, y más que dos mil quinientos años de medicina, de Hipócrates hasta el presente, estamos en un problema”, concluyó.

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