
Tras cuatro décadas de distancia, dos mujeres del barrio de Devoto se reencontraron en la adultez gracias a su participación en las actividades del Centro de Día Jofesh de AMIA. Esta nueva etapa les permitió reconstruir una amistad originada en el colegio Bialik y hallar renovado sentido en su día a día.
El espacio de talleres en AMIA facilitó el reencuentro de Eugenia Chackiel, de 79 años, y Sara Zwierzynski, de 78, quienes habían sido vecinas y compañeras escolares. Su vínculo, interrumpido durante 40 años, volvió a cobrar fuerza cuando coincidieron en las actividades del centro, dándoles apoyo y compañía que ahora se reflejan en sus rutinas y bienestar emocional.
PUBLICIDAD
El espacio de AMIA propició que dos mujeres, separadas durante décadas tras una infancia compartida en la comunidad judía de Devoto, se reconectaran en la adultez. El reencuentro transformó sus vidas, ofreciéndoles una red de apoyo, nuevas oportunidades de socialización y el rescate de recuerdos y lazos familiares hoy relevantes para ambas.

Hace 20 años, con la inauguración del Centro de Día Jofesh la institución puso en marcha un proyecto para mejorar la atención de personas mayores, quienes, a través una gestión profesional, comenzaron a tener a su disposición una variedad de propuestas recreativas, culturales y terapéuticas, además de servicios sociales y de salud de calidad.
PUBLICIDAD
Construido sin barreras arquitectónicas y con plena accesibilidad, la sede del Centro Jofesh es escenario de actividades pensadas y diseñadas para dar respuesta a los desafíos que hoy plantea el incremento de la longevidad.
Diariamente se promueven programas para que esta etapa de la vida pueda ser vivida con dignidad y plenitud. Desde comedia musical, danzas modernas, computación, jardinería, hasta ciclo de películas, taller literario, yoga y expresión corporal, las actividades están pensadas y diseñadas para que las personas mayores puedan mantenerse activos y vitales.
PUBLICIDAD
Una amistad forjada en la infancia y la comunidad judía
“Eugenia era una persona muy recatada, más tranquila que el resto”, recuerda Sara sobre los años en el colegio Bialik. “Nuestro grupo era más alborotado, pero en realidad, más que compañeros éramos amigos”, añade. Ambas crecieron en familias ligadas a la industria textil e inmigrantes de Polonia. Vivían cerca una de la otra, y la vida comunitaria definía su día a día.

“Nuestra casa era la casa de todos”, afirma Sara. Las familias mantenían tradiciones y colaboraban con la comunidad, integrando a varias generaciones en redes institucionales. Según expresa, “para mí la vida judía eran las instituciones. El afuera recién lo empecé a conocer ahora”.
PUBLICIDAD
La vida social giraba en torno a la escuela y a entidades como AMIA — “era la base de nuestra comunidad, se encargaba de acompañar en los momentos importantes”— y a las fábricas textiles de Villa Lynch y alrededores. “Mi papá era textil aquí y en Polonia”, cuenta Eugenia, subrayando la herencia familiar.
Caminos separados: vida, desafíos y reencuentro
En la adultez temprana, la distancia y los desafíos de la vida cotidiana alejaron a ambas amigas. Tras terminar la secundaria, formaron familias y el contacto se diluyó. “Cada uno tomó su rumbo”, reconoce Sara. Las dos enfrentaron pérdidas: “Fue muy duro cuando falleció mi marido”, menciona Eugenia.
PUBLICIDAD
Mudanzas, hijos emigrados a Israel y la rutina diaria distanciaron los lazos de la infancia. “De los compañeros, la mitad vive hoy en Israel”, precisa Sara. También menciona que perdió contacto con otros amigos cercanos.
A pesar de esas ausencias, el tiempo y las circunstancias les permitieron restablecer el vínculo. “Nunca imaginé que volvería a encontrarme así con alguien de la infancia”, confiesa Sara, destacando el valor inesperado del reencuentro.
PUBLICIDAD

Los talleres en AMIA: el nuevo punto de encuentro
El reencuentro se dio en el Centro de Día Jofesh. Sara ya participaba en los talleres desde hacía ocho años, mientras que Eugenia se sumó dos años atrás. “Nos volvimos a ver acá, en este espacio que me completa el día y me saca de mi casa”, afirma Eugenia sobre su experiencia en el voluntariado.
Ambas resaltan la importancia de poder elegir sus actividades y relaciones. “Voy a neurociencia, literatura, gimnasia, y cada día crezco más”, cuenta Sara. Eugenia coincide: “Acá elegís con quién quieres estar; para mí, es un lugar donde me siento bien, donde elijo la gente y las actividades”.
PUBLICIDAD
AMIA les ofreció un entorno abierto, con personas de diferentes orígenes, propiciando la inclusión y ampliando su círculo social en la adultez. “Acá me aportan; recibo y me hace crecer en ámbitos que antes desconocía”, destaca Sara. Subrayan también la relevancia de decidir sobre el propio bienestar y de cuidar los lazos personales.
La fuerza del reencuentro en la adultez
La amistad, reconstruida tras años de distancia, se refleja en una rutina compartida tanto dentro como fuera del centro de día. “Nos juntamos a jugar al burako, a tomar café, y si no nos vemos, hablamos por Whatsapp”, relata Eugenia. “Nos mostramos las fotos de los nietos, los planes del domingo, lo que vimos en Netflix”, enumera Sara, quien añade: “Nada es imposible, que se puede, que surge, y acá pasó”.
PUBLICIDAD

El diálogo constante nutre recuerdos y refuerza el apoyo emocional: “Yo tengo bastante memoria, ella no tanto, pero recordamos juntas nuestras vivencias de esa época”, puntualiza Eugenia. La compañía diaria las reconectó, además, con historias familiares y amigos de generaciones pasadas.
“Hay que mantener, intentar y buscar los lazos”, reflexiona Sara, mirando hacia el valor de persistir en los vínculos a lo largo del tiempo. El reencuentro también les permitió resignificar el pasado y valorar el presente, dando espacio a la nostalgia, pero celebrando la posibilidad de nuevos comienzos en cualquier etapa de la vida.
En esta etapa, para Sara, la amistad significa redescubrir recuerdos vitales y dotar de sentido a cada jornada. Así, la participación en los talleres se convierte en una puerta para revivir historias guardadas y la amistad en un puente duradero entre el pasado y el presente.

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Últimas Noticias
Mick Jagger asegura que la receta para estar en buena forma con casi 83 años se la dio su padre
La vitalidad que el líder de los Rolling Stones despliega en los escenarios asombra al mundo. Octogenario, el célebre músico inglés sigue girando, cantando y bailando casi como a los 20
Chatbots sociales para silvers: la promesa contra la soledad, el peso de la autenticidad y el rechazo a lo “casi humano”
Un experimento con Ami Chat midió qué empuja a usar un acompañante virtual en casa. La clave no fue solo la tecnología. Un rasgo del diseño terminó jugando en contra

Idea para abuelos en modo Mundial: llevar a los nietos a conocer el circuito Messi en Rosario, la pasión y el barrio
Monumentos, murales y paradas del recorrido arman una geografía de la memoria. Un mapa afectivo en el que la figura del capitán argentino funciona como el puente perfecto entre generaciones, barrio y escuela
Hombres mayores bajo la lupa: el aislamiento social tiene un efecto más marcado en los varones
El análisis por sexo mostró una brecha amplia con una de las mediciones. La edad no cambió el efecto entre grupos. Qué variables del contacto cotidiano aparecen como las más asociadas con vivir más

Turismo idiomático silver: las claves del mapa que cambió con Asia y Europa como protagonistas
Un informe de Education First y registros de organismos nacionales detallan qué ciudades crecieron más desde 2019, y cómo precio-calidad, nivel de vida y preferencias por regiones reordenaron prioridades al estudiar fuera del país




