
En un mensaje preparatorio de la VI Jornada Mundial de los Abuelos y las Personas Mayores que se celebrará el próximo 26 de julio el papa León XIV señaló el olvido en que se encuentran muchos de ellos cuando se ven reducidos a un “número de cama” en un hospital.
“Sobre la vida de muchos mayores —dice León XIV en su mensaje— parece haberse extendido un velo que difumina los rasgos de los rostros y los cubre con el olvido. Es lo que sucede en las casas donde reina la soledad y también en aquellos lugares de hospitalización donde la singularidad de cada persona corre el riesgo de ser reducida al número de su cama o a su patología”.
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El Papa evocó la extensión de la esperanza de vida que ha incrementado enormemente la cantidad de adultos mayores en el mundo y recordó que, por ese motivo, el Papa Francisco se refería a ellos como a un “nuevo pueblo, en tanto que el número de personas avanzadas en edad nunca había sido así de elevado en la historia humana”.
Y por lo tanto, dijo, “es cuanto más importante, con ustedes, ‘nuevo pueblo’, reflexionar sobre cuál puede ser nuestra vocación cuando la fragilidad, que acompaña al hombre desde su nacimiento, parece tomar el control”.
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Enseguida dio un mensaje de esperanza, una exhortación: “Quiero decirles: ¡no tengan miedo de la fragilidad! Propiamente esta debilidad lleva consigo una nueva potencialidad que ilumina también las demás edades de la vida. De hecho, cuando es aceptada y reconocida, la fragilidad ‘abre el corazón a la ayuda mutua y a la invocación de Aquel que puede dar lo que ningún poder humano es capaz de garantizar: la reconciliación profunda de los corazones y con ello la paz verdadera’”, completó, citando un mensaje anterior dado a la comunidad argelina, en la Basílica de Nuestra Señora de África, en Argel, el pasado 13 de abril de 2026.
“Un hombre y una mujer pueden renacer cuando son mayores”, dijo el Papa y citó al profeta Isaías: “Su salvación está en convertirse y en tener calma, su fuerza está en confiar y estar tranquilos” (Isaías 30,15).
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Pero, señaló, esa fuerza es “una invitación a no recurrir a los caminos de la arrogancia y del poder para garantizar la convivencia humana, sino a los caminos de la reconciliación y de la paz verdadera”. Comprendiendo que muchos adultos “en este tiempo, marcado de una manera tan fuerte por la violencia bélica y social”, se estarán interrogando “acerca de cómo será el mundo en el cual crecerán los propios nietos”, León XIV los exhorta a unirse a él “en la oración constante para que llegue pronto la paz al mundo entero”.
En el documento asegura también que Dios “no se olvidará nunca de ninguno de nosotros” y que esa promesa “permite entrever un diálogo íntimo y personal en el que Dios se dirige a cada uno”, tratándole de “tú”.
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Esas palabras, dice, son un consuelo ante la angustia que provoca el sentirse abandonado. “¡Cuántas veces en la Sagrada Escritura, en particular en los salmos, la oración nace de la desorientación de quien tiene la impresión de que la propia vida no le interesa a nadie y se desprecia a sí mismo! La dolorosa sensación de ser olvidados, desafortunadamente, es común en muchas personas, especialmente entre los mayores”, dijo el Papa.
El amor de Dios, dice León XIV, “se presenta como acto de justicia y respuesta al anonimato, en el cual muy frecuentemente la vida humana acaba por perderse.”
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La celebración de la Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores es, sigue diciendo, “una oportunidad para redescubrir que la Iglesia está llamada a ser madre de todos y que en cualquier edad es posible descubrirse siempre como hijos e hijas de Dios”.
Por lo tanto, espera León XIV que esta jornada sea “un estímulo para todos, en particular para los más jóvenes”, que así retomen “la bella costumbre de visitar a los propios abuelos, a los mayores de la familia y también a aquellos que no reciben ninguna visita”.
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“Llévenles, junto con este mensaje y su presencia, la cercanía y el afecto del Papa —pidió—. Háganlo de tal modo que las palabras del profeta ‘Yo nunca te olvidaré’ adquieran la forma de un tierno y afectuoso encuentro”.

Renglón seguido, sumó un párrafo de su carta encíclica Magnifica Humanitas: “En una época que tiende a acelerar y a fragmentar, la carne humana sigue pidiendo ser cuidada y reconocida por manos capaces de ternura, por mentes atentas y buenas palabras. La cultura digital multiplica las conexiones y ofrece nuevas posibilidades de encuentro; sin embargo, el corazón humano conserva una necesidad irrenunciable de proximidad”.
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“La Iglesia conoce el sufrimiento de sus hijos más mayores —expresó el Papa—, sabe bien que muchas veces se les mira con prejuicios y se les considera un peso; es sabedora de que una economía concentrada sobre el beneficio debilita las relaciones familiares; sabe que muchos ancianos son abandonados por los hijos que se ven obligados a migrar o, en algunos casos, a combatir en la guerra”.
Por eso “se alegra de anunciar la promesa del Señor: ‘Yo nunca te olvidaré’”. Y agrega que “ni siquiera cuando somos mayores dejamos de ser hijos e hijas, y por eso sigue siendo válida cada día la invitación a volver a los brazos de Dios, cuyo amor es paternal y maternal a la vez”.
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El Sumo Pontífice admitió que “cada vez más frecuentemente, a diferencia de lo que ocurría en el pasado, es posible hacerse mayores sin haber tenido una experiencia real de fe”. Y por ello mismo considera que “la edad avanzada, en este caso, a partir de las preguntas que nos hacemos con más urgencia en esta etapa de la vida, puede convertirse en el tiempo oportuno para iniciar o retomar una vida espiritual”. “Nunca es demasiado tarde para comenzar a dirigirse a Él”, señaló.
Pidió también “no sentir vergüenza por la fragilidad” y “comprender que todos, siempre, tenemos necesidad los unos de los otros y requerimos atención y cuidados”.

“Los abuelos son muy importantes en la vida de la familia -había señalado en otro mensaje—. Nunca deberían quedarse solos”. Recordó que “a menudo ellos son los que cuidan a los nietos mientras los padres van a trabajar”, que son los que “ayudan a los niños a conocer el amor a Dios y al prójimo para que eche raíces en sus corazones”.
A ese amor hay que corresponder con más amor, dijo el Papa: “Es lo que Jesús quiere que hagamos: cuidar y acompañar a nuestros abuelos en su vejez, así como ellos a su tiempo cuidaron de nosotros. No permitamos que la soledad y el abandono se normalicen en la vida de los adultos mayores. Eso es algo muy triste. Tengamos nuestro corazón abierto a todos ellos y, aunque no sean nuestros abuelos, no permitamos que se sientan solos ni desprotegidos. Porque si no queremos la soledad para nosotros, tampoco debemos permitirla para los demás.”
No es la primera vez que León XIV se refiere a los adultos mayores. Hace un año, en ocasión de la misma celebración, había llamado a una “revolución del cuidado”. Lo hizo en estos términos: “Cada parroquia, asociación, grupo eclesial está llamado a ser protagonista de la revolución de la gratitud y del cuidado”. Y dio ejemplos concretos, al decir que esto se podía hacer “visitando frecuentemente a los ancianos, creando para ellos y con ellos redes de apoyo y de oración, entretejiendo relaciones que puedan dar esperanza y dignidad”.
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