
Un informe publicado ayer determinó que la Universidad Old Dominion (ODU), en Virginia, no tuvo conocimiento de la condena por terrorismo de Mohamed Bailor Jalloh antes de que el hombre abriera fuego en una clase del Cuerpo de Entrenamiento de Oficiales de Reserva (ROTC) en marzo de 2026, un ataque que dejó dos estudiantes heridos y mató a un veterano del Ejército que enfrentó al atacante con lo que el reporte describió como “heroísmo extraordinario”.
El documento, elaborado por el estudio jurídico Cooley por encargo de la universidad, concluyó que el oficial federal de libertad condicional asignado a Jalloh no compartió sus antecedentes penales con ODU, pese a la gravedad de la condena: 11 años de prisión por intentar proveer apoyo material al Estado Islámico (ISIS). Según informó Associated Press, ninguna agencia federal ni estatal notificó a la universidad sobre ese historial.
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Por qué la universidad no tuvo acceso a la información
Jalloh, ciudadano naturalizado nacido en Sierra Leona, había asistido a ODU desde 2007. Fue suspendido en 2010 y se reincorporó a la institución en mayo de 2025, meses después de quedar en libertad anticipada en diciembre de 2024 tras completar un programa federal de tratamiento por abuso de sustancias.
La ley del estado de Virginia prohíbe a las universidades consultar los antecedentes penales de los estudiantes antes de su admisión o readmisión. La institución podía solicitar que los readmitidos declararan voluntariamente ese historial, pero en ese momento no lo hacía.
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“La universidad no tenía conocimiento del riesgo que Jalloh representaba ni de su condena federal por terrorismo”, señaló el informe de Cooley. El documento agregó que, de haber contado con esa información, las autoridades universitarias probablemente habrían solicitado su expulsión del campus.
La agencia AP precisó que el FBI, que investigó el caso original de Jalloh en 2016, no respondió de inmediato a las consultas sobre las conclusiones del reporte.
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El perfil del atacante y sus antecedentes
Jalloh sirvió como ingeniero de combate en la Guardia Nacional de Virginia entre 2009 y 2015. En 2016, según informó CNN, las autoridades federales detectaron que había empezado a consumir conferencias en línea de un líder de Al-Qaeda ya fallecido y que finalmente optó por no renovar su contrato con la Guardia.
Ese mismo año intentó adquirir un rifle estilo AR-15 en una armería de Virginia, pero se le denegó la venta por falta de documentación. Regresó el mismo día y compró otra arma, aunque el vendedor la inutilizó antes de entregársela. Fue detenido al día siguiente.
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La persona con quien se comunicaba para obtener armamento era en realidad una fuente encubierta del Buró Federal de Investigaciones (FBI). En conversaciones documentadas en expedientes judiciales, Jalloh discutió posibles fechas para un ataque en suelo estadounidense y expresó interés en que se realizara durante el Ramadán.
También manifestó admiración por la masacre de Fort Hood de 2009, cuando el mayor del Ejército Nidal Hasan mató a 13 personas en una base militar de Texas. En 2017, Jalloh se declaró culpable de intentar proveer apoyo material a una organización terrorista extranjera y fue condenado a 11 años de prisión y cinco de libertad vigilada.
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Liberación anticipada y fallas del sistema
Jalloh cumplió su condena en una instalación federal de baja seguridad en Allenwood, Pensilvania, antes de ser trasladado en agosto de 2024 a un centro de reinserción en el área de Baltimore.
Su liberación en diciembre de 2024, aproximadamente dos años y medio antes del vencimiento de su pena, se produjo mediante una disposición federal que permite la salida anticipada a reclusos que completan un programa de rehabilitación por abuso de sustancias.
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El investigador de terrorismo Alexander Meleagrou-Hitchens, quien dedicó una sección completa al caso de Jalloh en su libro Homegrown: ISIS in America, afirmó en el canal CNN que quedó atónito al enterarse del ataque: “Hasta donde yo sabía, todavía estaba en prisión”.
También señaló que varios factores hacían de Jalloh un caso especialmente preocupante: su entrenamiento militar, su viaje a Sierra Leona tras dejar la Guardia —donde intentó contactar con militantes vinculados a ISIS en Nigeria— y su comunicación con un “planificador virtual” de esa organización.
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Los agentes especiales a cargo de su caso en 2016 describieron este expediente como el que “no los dejaba dormir por las noches”, según consignó Meleagrou-Hitchens en su libro.
Desde el 25 de septiembre de 2025, los reclusos con condenas por terrorismo ya no son elegibles para la liberación anticipada bajo esa disposición, de acuerdo con una orden ejecutiva de la administración Trump implementada por el director del Buró Federal de Prisiones (BOP), William Marshall.
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El ataque y la respuesta de los cadetes
La mañana del ataque, Jalloh ingresó a un aula del edificio Constant Hall, sede del Colegio de Negocios de ODU. Preguntó dos veces a los presentes si se trataba de una reunión del ROTC y, tras recibir confirmación, abrió fuego.
El arma utilizada había sido adquirida de forma ilegal: Kenya Mcchell Chapman fue arrestado el día siguiente por haberle vendido una pistola a Jalloh, quien supuestamente alegó necesitarla para protegerse en su trabajo como repartidor.
El teniente coronel Brandon Shah, instructor del ROTC, enfrentó de inmediato al atacante, lo que permitió a otros estudiantes acudir en su auxilio y a varios más escapar sin heridas.
Los cadetes lograron someter a Jalloh —uno de ellos lo apuñaló, según múltiples fuentes de las fuerzas del orden consultadas por CNN— y procuraron salvarle la vida a Shah, pero el oficial murió en el hospital. Jalloh también falleció. La policía universitaria recibió el primer llamado a las 10:43 de la mañana; los agentes llegaron cuatro minutos después y a las 10:50 confirmaron la muerte del atacante.
Shah era graduado de ODU y ex piloto del Ejército con cientos de horas de misiones de combate, según una biografía publicada por la propia universidad. Era padre y esposo. El presidente de ODU, Brian O. Hemphill, afirmó que el informe arrojó nueva luz sobre “el heroísmo y la valentía extraordinarios” de los cadetes y del teniente coronel Shah, y aseguró que la institución iba a aplicar con rapidez todas las recomendaciones de Cooley para reforzar los protocolos de seguridad en el campus.
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