
Angela Lipps, una mujer de 50 años residente en Tennessee, permaneció privada de la libertad en la cárcel del condado de Tennessee tras su extradición a Dakota del Norte, donde fue absuelta y liberada sin recibir ninguna compensación.
Todo comenzó cuando fue identificada como sospechosa de fraude bancario mediante un algoritmo de inteligencia artificial utilizado por la policía, lo que evidencia las consecuencias legales y personales del uso de tecnologías biométricas sin la debida corroboración documental.
En julio de 2025, Lipps fue detenida en su domicilio de Tennessee por un grupo de alguaciles federales, quienes ejecutaron una orden judicial emitida en Dakota del Norte.
La investigación, según documentos citados por el portal informativo local WDAY News y el periódico Grand Forks Herald, se originó a partir de una serie de extracciones fraudulentas ocurridas entre abril y mayo de ese año, en las que el autor utilizó una tarjeta de identificación militar falsa del Ejército de los Estados Unidos para sustraer varios miles de dólares de distintas entidades bancarias.
El arresto de Lipps fue el resultado de una pesquisa que incluyó el análisis de fotos del permiso de conducir y perfiles en redes sociales de la acusada, con el argumento de que los rasgos faciales, el tipo de cuerpo y el color de cabello coincidían con los de la persona registrada por las cámaras de seguridad durante los delitos.
La detención respondió a cuatro cargos de uso indebido de información de identificación personal y otros cuatro de robo, de acuerdo con lo relatado por la propia afectada a WDAY News.
En todo momento, Angela Lipps permaneció privada de libertad en la cárcel del condado de Tennessee, sin derecho a fianza ni oportunidad de presentar pruebas en su defensa o acceder a una audiencia judicial.
El primer contacto formal con la policía local de Dakota del Norte ocurrió recién el 19 de diciembre, tras su extradición, cuando finalmente pudo contratar a un abogado defensor.

El abogado Jay Greenwood, designado por Lipps, recopiló pruebas documentales que demostraron la imposibilidad de que su clienta hubiera estado en Dakota del Norte en los momentos de los hechos. Greenwood expuso al portal informativo local WDAY News que, según los registros bancarios, Lipps realizó pagos y operaciones en Tennessee casi simultáneamente con los delitos investigados.
Entre estos movimientos figuran depósitos de cheques de la Seguridad Social, compras en gasolineras y pagos a través de aplicaciones de entrega de comida, todos registrados en el mismo periodo.
Greenwood señaló a la revista estadounidense de interés general PEOPLE que la investigación y el arresto de Angela Lipps se basaron exclusivamente en el resultado del reconocimiento facial, sin que la policía de Fargo intentara verificar su ubicación o contactarla antes de la detención.
El defensor legal explicó: “Nadie del Departamento de Policía de Fargo se comunicó con Angela Lipps hasta que presenté sus registros bancarios y concerté una entrevista”.
El Departamento de Policía de Fargo, a través de su jefe Dave Zibolski, sostuvo ante PEOPLE que la orden de arresto fue dictada luego de que un tribunal determinara la existencia de causa probable para los cargos.
Zibolski precisó que, aunque los cargos fueron desestimados sin perjuicio, “este trámite procesal implica que podrían reabrirse si nuevas investigaciones lo justifican”.
El 24 de diciembre de 2025, cinco días después de la primera entrevista formal con la policía de Dakota del Norte, Angela Lipps fue absuelta y liberada. A pesar de su absolución, relató a WDAY News que no recibió compensación ni asistencia oficial para regresar a su domicilio y que dependió enteramente de la ayuda financiera proporcionada por su abogado para poder alojarse en un hotel y costear el traslado de vuelta a Tennessee.
En el caso de Angela Lipps, la única prueba utilizada para justificar la detención fue el resultado de un algoritmo de inteligencia artificial, sin testigos presenciales ni pruebas materiales que la vincularan objetivamente a los hechos.
Su defensa logró acreditar, mediante documentación bancaria y registros de consumo, que la acusada nunca abandonó Tennessee durante el periodo investigado.
Durante casi seis meses, Lipps permaneció encarcelada primero en Tennessee y luego en Dakota del Norte, sin que las autoridades de Fargo analizaran la posibilidad de un error en el reconocimiento facial.
Greenwood añadió que la policía no revisó ninguna prueba exculpatoria hasta que la defensa presentó los documentos que probaban la imposibilidad material de la acusación.
La investigación biométrica se originó a partir de una serie de fraudes bancarios cometidos en Dakota del Norte entre abril y mayo de 2025, en los que el responsable utilizó documentación militar apócrifa para retirar grandes sumas de bancos locales.
El sistema de reconocimiento facial empleado por la policía de Fargo fue alimentado con imágenes de cámaras de seguridad y arrojó como resultado el nombre de Angela Lipps. Esta coincidencia algorítmica fue suficiente para que se emitiera la orden de arresto a nivel federal.
En declaraciones a WDAY News, Lipps describió la experiencia como traumática: “Nunca he estado en Dakota del Norte, no conozco a nadie de Dakota del Norte. Fue aterrador. Todavía puedo ver el momento del arresto en mi cabeza una y otra vez”, relató.
Tras su liberación y absolución, Lipps afirmó su decisión de no regresar a Dakota del Norte; mencionó las consecuencias emocionales y personales que le dejó la detención injustificada.
Riesgos y desafíos del uso policial de inteligencia artificial

El caso de Angela Lipps subraya los desafíos éticos y judiciales que plantea la dependencia de tecnologías biométricas en el ámbito policial, especialmente cuando no se realiza una verificación documental exhaustiva.
La ausencia de pruebas materiales o testigos directos y la exclusividad de la identificación algorítmica expusieron a la acusada a una privación prolongada de la libertad sin garantías procesales básicas.
Según el jefe de la policía de Fargo, Dave Zibolski, la investigación permanece abierta y podría reactivarse si surgen nuevos elementos.
No obstante, la desestimación “sin perjuicio” mantiene a Lipps expuesta a eventuales nuevas acciones judiciales, a pesar de que el único elemento que la vinculó al caso fue un error del sistema de reconocimiento facial.
Actualmente, la experiencia de Angela Lipps es citada por especialistas en derecho y tecnología como un ejemplo paradigmático de los riesgos que implica delegar decisiones judiciales a tecnologías automatizadas, sin la mediación de pruebas adicionales ni la intervención de instancias de control humano.
La falta de compensación tras su liberación y la incertidumbre jurídica que persiste revelan los vacíos legales y las tensiones éticas que acompañan la expansión de la inteligencia artificial en los procesos policiales y judiciales en Estados Unidos.
El debate sobre la regulación de la biometría en el ámbito judicial
El caso de Lipps ha reavivado en foros especializados el debate sobre la regulación del uso de tecnologías biométricas en investigaciones penales.
Diversas organizaciones de derechos civiles, como la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU, por sus siglas en inglés), advierten sobre el riesgo de errores, sesgos algorítmicos y daños irreversibles para quienes son identificados erróneamente, en especial si no existen mecanismos de control y reparación efectivos.
En Estados Unidos, la discusión sobre la implementación de inteligencia artificial en tareas policiales avanza en paralelo a la expansión de su uso en diferentes estados, con marcos normativos aún fragmentarios.
El caso de Angela Lipps, al quedar absolutamente desvinculada de los hechos tras la presentación de pruebas documentales, ilustra la necesidad de protocolos más rigurosos que eviten detenciones injustificadas derivadas de coincidencias algorítmicas.
Mientras la investigación en Dakota del Norte continúa abierta y Lipps permanece en una situación de vulnerabilidad jurídica, su experiencia pone en cuestión la confianza ciega en los sistemas de reconocimiento facial y la urgencia de revisar los procedimientos de validación antes de privar a cualquier persona de su libertad en base a tecnologías emergentes.
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