Donald Trump ordenó cambios en la imagen del Air Force One: los nuevos colores que lucirá el avión oficial

La Fuerza Aérea aplicará la paleta preferida del presidente a toda la flota ejecutiva, incluyendo el polémico avión donado por Qatar, en un giro estético que borra el legado cromático de Kennedy

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El presidente de Estados Unidos,
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, levanta el puño al abordar el Air Force One rumbo a Florida, en el aeródromo militar Pope en Fort Bragg, Carolina del Norte, EEUU, el 13 de febrero de 2026 REUTERS/Elizabeth Frantz

La flota de aviones presidenciales de Estados Unidos abandonará su icónica librea azul celeste y blanca para adoptar un diseño en dorado, rojo, azul oscuro y blanco. El cambio, impulsado por Donald Trump, pone fin a más de seis décadas de tradición visual y extiende la estética personal del mandatario a los símbolos del poder ejecutivo estadounidense.

El nuevo esquema afectará a los dos Boeing 747-8 que operarán como futuros Air Force One, cuatro aviones C-32 utilizados para el vicepresidente y otros altos funcionarios, y el Boeing 747-8 que Qatar donó al Pentágono en mayo de 2025. Este último, valorado en 400 millones de dólares, está siendo acondicionado con una inversión adicional de otros 400 millones y se espera que entre en servicio a mediados de 2026.

Trump presentó la propuesta cromática en 2018, cuando declaró que el Air Force One sería rojo, blanco y azul. Sin embargo, Joe Biden canceló el proyecto en 2022 tras un análisis técnico que concluyó que los tonos oscuros en la parte inferior del fuselaje generarían sobrecalentamiento en componentes críticos del avión, superando los límites térmicos establecidos. La Fuerza Aérea no ha explicado cómo resolvió estos problemas técnicos, pero aseguró que los nuevos requisitos no generarán costos adicionales ni retrasos. El primer C-32 ya fue pintado y será entregado en los próximos meses.

El esquema tradicional, establecido durante la administración de Kennedy a principios de los sesenta, convirtió al Air Force One en una de las imágenes más reconocibles de la aviación mundial. El diseño permaneció intacto a través de 11 presidencias de ambos partidos, reflejando una continuidad institucional que Trump reemplaza con colores que evocan su imagen de marca personal. Los tonos dorado, rojo y azul oscuro ya aparecen en el Boeing 757 privado que utilizó durante su campaña de 2024, conocido como Trump Force One.

El presidente de Estados Unidos,
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aborda el Air Force One en el Aeropuerto Metropolitano del Condado de Wayne, en Detroit, Michigan, EEUU, el 13 de enero de 2026 REUTERS/Evelyn Hockstein

Desde su regreso al poder en enero de 2025, Trump ha extendido esta paleta a diversos espacios de la Casa Blanca, donde abundan objetos chapados en oro en repisas, chimeneas y lámparas, reproduciendo el estilo de su residencia de Mar-a-Lago. La transformación se inscribe en una remodelación más amplia: en octubre de 2025 ordenó la demolición del Ala Este para construir un salón de baile de 8.361 metros cuadrados, un proyecto de 400 millones de dólares que ha generado controversia entre grupos de preservación histórica y legisladores demócratas.

El avión donado por Qatar ha sido objeto de escrutinio. El Boeing 747-8, que pertenecía a la familia real qatarí y acumuló apenas 1.069 horas de vuelo, fue aceptado formalmente mediante un acuerdo firmado el 7 de julio de 2025 entre el secretario de Defensa Pete Hegseth y su homólogo qatarí. El documento estableció que se trata de una donación incondicional sin soborno ni práctica corrupta, aunque críticos en el Congreso cuestionaron la legalidad de aceptar un regalo de tal magnitud de un gobierno extranjero.

Trump ha defendido la donación como un regalo gratuito que sería tonto rechazar, argumentando que permitirá contar con un Air Force One funcional mientras Boeing completa la conversión de los dos nuevos 747-8, cuya entrega se ha retrasado hasta 2028 o 2029. Boeing firmó en 2018 un contrato de 3.900 millones de dólares para entregarlos en 2024, pero el proyecto ha acumulado pérdidas superiores a 2.000 millones y retrasos de hasta cinco años.