El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, afirmó este miércoles ante el Senado que la Administración de Donald Trump no tiene planes de ejecutar nuevas operaciones militares en Venezuela, pero dejó claro que Washington mantiene abierta esa posibilidad si surgen amenazas directas a sus intereses de seguridad.
En una audiencia dedicada a explicar la estrategia estadounidense tras la operación del 3 de enero en el país caribeño, Rubio insistió en que la prioridad actual no es una escalada militar, aunque recalcó que el presidente, como comandante en jefe, “nunca descarta sus opciones” frente a eventuales riesgos.
“Les puedo asegurar con total certeza que no estamos preparando, ni tenemos la intención ni esperamos tener que tomar ninguna acción militar en Venezuela en ningún momento”, declaró Rubio ante los legisladores. Sin embargo, aclaró que esa posición no implica una renuncia absoluta al uso de la fuerza.
“Si aparece una fábrica de drones iraníes y amenaza a nuestras fuerzas en la región, el presidente conserva la opción de eliminarla”, ejemplificó durante su comparecencia.
Según explicó, el énfasis actual está puesto en un proceso político distinto al que predominó durante más de una década de estancamiento diplomático. “Todo se está desarrollando en una trayectoria muy diferente en este momento”, sostuvo.
Rubio también abordó el debate sobre el rol del Congreso en eventuales operaciones militares. Al ser consultado sobre si la Administración informaría a los legisladores en caso de una nueva acción armada, respondió que no se prevé una operación sostenida que implique una presencia prolongada de fuerzas estadounidenses en Venezuela. Por ese motivo, señaló que no considera necesario un aviso previo al Capitolio en el escenario que hoy maneja la Casa Blanca.
El jefe de la diplomacia defendió además la legalidad y la naturaleza de la operación del 3 de enero, que culminó con el derrocamiento y la captura del narco dictador Nicolás Maduro y de su esposa, Cilia Flores, ambos requeridos por la Justicia estadounidense por cargos vinculados al narcotráfico. Según Rubio, no se trató de una guerra ni de una ocupación, sino de una acción judicial.
“No fue la ocupación de un país extranjero, sino una operación para arrestar a dos personas buscadas por la Justicia de Estados Unidos”, argumentó.
En ese contexto, aseguró que la presencia militar estadounidense en Venezuela es mínima y se limita a los infantes de Marina encargados de la seguridad de la embajada. Añadió que una nueva acción armada, lejos de facilitar los objetivos políticos, podría resultar contraproducente. “Una acción militar haría retroceder los otros objetivos. Eso no ayuda a la transición ni a la recuperación”, afirmó, al tiempo que reiteró que una intervención solo se consideraría ante una amenaza que, según dijo, “no anticipamos en este momento”.
Durante la audiencia, Rubio situó la política hacia Venezuela dentro de un marco histórico más amplio y mencionó procesos de transición democrática en otros países.
“Hay precedentes. Puedo mencionar varios ejemplos, como España o Paraguay, lugares donde hubo una transición de un régimen autocrático a una democracia y llevó tiempo”, señaló, en alusión a la etapa posterior a la muerte de Francisco Franco en 1975. Aclaró que no puede ofrecer plazos exactos para el caso venezolano, aunque remarcó que la transición “no puede durar para siempre”.
El secretario de Estado estimó que en un período de “tres, cuatro o cinco meses” debería observarse un avance sustancial respecto de la situación actual. “Probablemente podré dar una mejor respuesta cuando finalmente tengamos gente sobre el terreno”, dijo, en referencia al despliegue diplomático, incluida la embajadora. También enfatizó la diferencia entre mantener contactos telefónicos con Delcy Rodríguez, y desarrollar un trabajo más profundo con autoridades locales y la sociedad civil.
“Antes de esto, la situación estaba estancada. Habíamos pasado 14 años intentando cambiar la dinámica en Venezuela”, sostuvo Rubio, quien consideró que el momento actual abre una oportunidad inédita. “Esta es la primera vez en más de una década que vemos la posibilidad de cambiar las condiciones de la sociedad”, afirmó, destacando como objetivos centrales la recuperación de la vida cívica y económica del país.
Rubio detalló ante los senadores los tres objetivos principales de la política estadounidense en Venezuela: estabilización inmediata tras la salida de Maduro, recuperación económica e institucional, y consolidación de una democracia inclusiva.
Explicó que la prioridad tras la caída de Maduro era evitar una guerra civil, la fragmentación del país o un éxodo masivo hacia Colombia y el Caribe. Destacó que Venezuela, bajo el chavismo, se había convertido en un “riesgo estratégico” para la región y para Estados Unidos, sirviendo de base a adversarios como Irán, Rusia y China, y de refugio y plataforma para el narcotráfico internacional.
“Era un régimen de narcotráfico que cooperaba con las FARC y el ELN, y estaba teniendo un impacto dramático en Colombia, el Caribe y todo el hemisferio”, recalcó Rubio.
El primer paso, explicó, fue evitar un vacío de poder, una guerra civil o un éxodo masivo.
“En el pasado, Venezuela se había convertido en base de operaciones para competidores y adversarios como Irán, Rusia y China, y en un centro del narcotráfico vinculado a la FARC y el ELN”, recordó Rubio. “Era un riesgo estratégico para la región y para nosotros”.
Para estabilizar la economía y financiar servicios esenciales, Washington acordó con Caracas un mecanismo temporal para que el petróleo sancionado pudiera llegar al mercado internacional a precio de mercado.
“Los fondos de esas ventas se depositan en una cuenta supervisada por Estados Unidos y se destinan a cubrir necesidades del pueblo venezolano, como medicinas, equipamiento y salarios de empleados públicos”, indicó Rubio. “Solucionamos el problema de almacenamiento y generamos recursos inmediatos, pero no es una solución permanente”.
En relación con el escenario político interno venezolano, Rubio indicó que la líder opositora María Corina Machado, Premio Nobel de la Paz, “puede formar parte” del proceso de transición. No obstante, reconoció que el control efectivo de las armas y de las instituciones del Estado sigue en manos del aparato heredado del chavismo.
“Nos guste o no, el control de las armas y de las instituciones gubernamentales está en manos del régimen”, expresó ante los senadores.
Señaló que la transición debe ser inclusiva y permitir la participación de todos los sectores sociales. “No basta con hablar por teléfono con Delcy Rodríguez. Hay que trabajar realmente con la sociedad civil y con las autoridades legítimas”, afirmó.
El jefe de la diplomacia estadounidense detalló que el objetivo final de la Administración Trump es lograr “una Venezuela amigable, estable, próspera y democrática”. Como señal de cooperación inicial, mencionó la discusión sobre una reforma de la Ley de Hidrocarburos que, según dijo, estaría “erradicando algunas restricciones de Chávez” en el sector energético.
“Probablemente no está yendo lo suficientemente lejos, pero es un gran paso en comparación a unas semanas atrás”, evaluó. “No va a cambiar de un día para otro, pero estamos mucho mejor que hace unas semanas”, añadió.
Rubio describió el contexto social e institucional de Venezuela como extremadamente complejo. “Estamos tratando con personas que han vivido toda su vida en un paraíso de mafias”, dijo Rubio. “Así que no vamos a cambiar esto en un día. Pero hoy estamos mejor que hace un mes y espero que en seis meses estemos mucho mejor aún”.
El secretario de Estado reconoció que la transición enfrenta resistencias internas y presiones externas. “Irán, Rusia y China siguen teniendo intereses en Venezuela, y será fundamental mantener el aislamiento de estos actores para asegurar una transición exitosa”, indicó.
Rubio aseguró que el gobierno de Estados Unidos seguirá monitoreando de cerca la influencia extranjera en el proceso venezolano.
“Hay algunos tropiezos y escollos, pero hemos establecido una relación respetuosa y productiva en esta fase de estabilización”, afirmó. En ese marco, precisó que los ingresos derivados de la venta de petróleo se depositan actualmente en una cuenta en Qatar, aunque adelantó que en el futuro serán administrados desde Estados Unidos por el Departamento del Tesoro.
Al ser interrogado sobre eventuales acusaciones contra Delcy Rodríguez, Rubio aclaró que la jefa del régimen chavista no ha sido imputada por narcotráfico ante la Justicia estadounidense, a diferencia de Maduro. Dijo estar al tanto de versiones que circulan en informes, pero subrayó que, hasta el momento, no existe una acusación formal en su contra.
El funcionario estadounidense reconoció avances con el chavismo, como la liberación de presos políticos y la apertura de espacio para voces opositoras, aunque admitió que el ritmo de excarcelaciones es más lento del deseado.
“Se están liberando probablemente más despacio de lo que me gustaría, pero se están liberando”, afirmó. Señaló que algunos de los liberados ya han empezado a participar en la vida política nacional. “No vamos a hacer que esto cambie de la noche a la mañana, pero creo que estamos avanzando en la dirección correcta”.
La audiencia estuvo marcada por un incidente cuando un manifestante interrumpió la sesión desde la tribuna, exhibiendo una pancarta y gritando “manos fuera de Venezuela y de Cuba”. Agentes de seguridad retiraron al hombre por la fuerza, mientras el presidente del Comité de Exteriores, el senador republicano Jim Risch, advirtió que sería vetado del recinto por un año.
(Con información de EFE)
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