
En medio de una ola de frío polar en el norte y medio oeste de Estados Unidos, diversos mensajes en redes sociales alertan sobre supuestos “árboles que explotan” por las bajas temperaturas. Aunque este fenómeno ha sido registrado en periodos de frío extremo, especialistas citados por Popular Science aseguran que el riesgo para las personas es mínimo y que la causa responde a principios científicos.
El vórtice polar es una corriente de aire ártico que normalmente se mantiene sobre el Polo Norte, pero en ocasiones puede desplazarse y provocar descensos marcados de temperatura en zonas habitadas del hemisferio norte.
Durante una tormenta invernal prevista para un fin de semana de enero, se pronosticaban valores de hasta -25°C o inferiores en Dakota del Norte, Dakota del Sur, Minnesota, Wisconsin, Iowa y Michigan, según Popular Science. Este tipo de olas polares han incrementado su frecuencia por el calentamiento global, mientras el hielo marino del Ártico alcanza mínimos históricos para la época, de acuerdo con el Centro Nacional de Datos de Nieve y Hielo de EE. UU.
De la viralización al mito
El término “árboles que explotan” se ha viralizado en redes sociales, acompañado de noticias alarmistas que sugieren posibles afectaciones a personas y propiedades. Frases como “los árboles pueden explotar este fin de semana” alcanzaron decenas de miles de interacciones en Facebook y otras plataformas, generando inquietud sobre daños a casas, vehículos y líneas eléctricas.
No obstante, científicos y meteorólogos aclaran que la física detrás de estos eventos es mucho menos peligrosa de lo que sugieren los titulares sensacionalistas. Lo que ocurre no es una verdadera explosión, sino una fractura o agrietamiento en troncos y ramas, ocasionada cuando la savia interna se congela y se expande al bajar la temperatura por debajo de cero grados.

El meteorólogo Shawn Cable explicó a Popular Science que ante descensos de temperatura de alrededor de -20°C o menos, la corteza exterior se contrae más rápido que la interna. Esta presión puede causar un quiebre o crujido repentino, a veces acompañado por un “estruendo similar a un disparo”.
El fenómeno suele presentarse con mayor frecuencia durante noches despejadas y calmadas, especialmente en árboles jóvenes o en especies como arce, fresno, manzano, álamo y sauce. Aunque el daño puede afectar la estructura del árbol, la mayoría logra sobrevivir y recuperar el crecimiento con el deshielo primaveral.
Un fenómeno documentado y su impacto real
A nivel histórico, la fractura de árboles por frío no es un hecho reciente. El botánico escocés John Claudius Loudon documentó en el siglo XVIII que, durante el “gran frío” de 1683, especies como el roble, fresno y nogal sufrieron grietas profundas y sonidos retumbantes.
También registró que en el invierno de 1837-1838 la escarcha desgarró matorrales y agrietó troncos de varias especies. Entre los pueblos indígenas, los lakota de las Dakotas nombran una época lunar como Cannápopa Wi, la “Luna cuando los árboles se agrietan por el frío”, integrando así este suceso a su calendario cultural.
Los riesgos directos relacionados con árboles agrietados por congelación se limitan casi siempre al propio árbol. Según Popular Science, estos incidentes rara vez implican daños a personas, viviendas o infraestructuras, a diferencia de otros peligros asociados al frío extremo como cortes eléctricos, accidentes de tránsito o la exposición prolongada a muy bajas temperaturas.
Recomendaciones ante el frío extremo

Frente a la amenaza de frío extremo, el Servicio Meteorológico Nacional de EE. UU. aconseja seguir las previsiones, limitar las salidas al exterior y prepararse ante eventuales emergencias. Se recomienda mantener el depósito de gasolina con al menos medio tanque, revisar el kit de invierno del auto, vestirse en varias capas y usar protector solar.
En caso de un apagón, se debe emplear generadores con precaución para evitar intoxicaciones y optar por sistemas de calefacción seguros. La hipotermia puede iniciarse en menos de una hora cuando la exposición al viento es directa y la temperatura baja de -15°C.
El desafío real para quienes enfrentan episodios de frío extremo está en adoptar las precauciones necesarias, no en temerle al eco de los árboles que se resienten durante el invierno. Como subraya Popular Science, el agrietamiento de árboles responde a procesos naturales y la atención debe centrarse en protegerse del clima extremo que los provoca.
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