
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, asistirá este martes a la inauguración de un nuevo centro de detención para migrantes en el sur de Florida, conocido informalmente como “Alligator Alcatraz”. La instalación, situada en una zona remota del Parque Nacional de los Everglades, ha generado polémica por su entorno natural —lleno de caimanes y otras especies salvajes— y por las implicaciones simbólicas y operativas que representa en el marco de la política migratoria de su gobierno.
El centro está construido sobre una antigua pista aérea abandonada y se encuentra rodeado de pantanos, manglares y ríos, en un ecosistema donde habitan unos 200.000 caimanes, según estimaciones de la Comisión de Conservación de Pesca y Vida Silvestre de Florida. Aunque los ataques de estos animales a humanos son poco frecuentes, las autoridades han destacado el riesgo como parte del diseño del centro.

“No hay más que una carretera de entrada, y la única salida es un vuelo de repatriación. Está aislado, rodeado de vida salvaje peligrosa y un terreno implacable”, afirmó la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, en una conferencia el lunes. Al ser consultada sobre si los caimanes eran parte deliberada del diseño, respondió: “Cuando tienes asesinos, violadores y criminales atroces ilegales en una instalación rodeada de caimanes, sí, creo que eso disuade a cualquiera de intentar escapar”.
Florida, gobernada por el republicano Ron DeSantis, anunció la construcción del centro la semana pasada con un costo estimado de 450 millones de dólares. Según las autoridades estatales, el complejo tendrá capacidad para unas 1.000 personas, mientras que la Casa Blanca proyecta una expansión a 5.000 camas.
El fiscal general de Florida, James Uthmeier, también defendió la elección del emplazamiento por razones económicas y de seguridad. “Si alguien se escapa, no hay mucho que le espere más allá de caimanes y pitones”, dijo. Añadió que la ubicación permite reducir gastos de infraestructura perimetral, aprovechando las barreras naturales del terreno.

El centro ha sido objeto de críticas tanto por parte de organizaciones ambientalistas como de defensores de los derechos humanos. Ambientalistas cuestionan la legalidad de la construcción en un área protegida como los Everglades, un ecosistema de importancia internacional. Grupos humanitarios, por su parte, señalan que muchos de los detenidos no tienen antecedentes penales, pese a que la retórica oficial se centra en presuntos criminales peligrosos.
“Estamos hablando de familias, no de pandilleros”, señaló un portavoz de la organización Human Rights First, que denunció que la narrativa del gobierno exagera la criminalidad para justificar medidas punitivas.
La inauguración de “Alligator Alcatraz” se enmarca en una ofensiva más amplia de la administración Trump en materia migratoria. Paralelamente, la Casa Blanca impulsa esta semana la aprobación de un proyecto legislativo denominado “One Big Beautiful Bill”, que contempla aumentos de presupuesto para la construcción y mantenimiento de centros de detención, así como refuerzos a las agencias de inmigración.

“No puedo esperar a que abra”, declaró el lunes Tom Homan, asesor principal en temas migratorios del presidente. “Tenemos que conseguir que se apruebe el Big Beautiful Bill. Cuantas más camas tengamos, más criminales podemos detener”.
Las redadas migratorias también han aumentado en otras regiones del país, como Los Ángeles, donde operativos del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) han generado protestas y denuncias de detenciones arbitrarias. La expansión de la capacidad de detención, según los funcionarios, busca facilitar una aplicación más rápida de las órdenes de deportación.
A pesar de las objeciones, el gobierno ha promovido el centro como una herramienta clave de disuasión. “Alligator Alcatraz” es, según la Casa Blanca, parte de una estrategia para endurecer los controles y proyectar firmeza en política migratoria. La instalación se suma a otras medidas de alto impacto visual y mediático que el gobierno ha desplegado en los últimos años.

Hasta ahora, no se han publicado informes sobre las condiciones dentro del centro ni protocolos específicos para el manejo de detenidos. Tampoco está claro cómo se garantizarán los derechos humanos en un entorno ambiental hostil y con acceso limitado, lo que continúa generando preocupación entre expertos en derechos civiles y medioambientales.
(Con información de AFP)
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