
En los años 70 y 80, en una NBA dominada por nombres como Kareem Abdul-Jabbar, Larry Bird, y Magic Johnson, Junior Bridgeman se destacó, aunque no como una estrella de primer nivel. Nacido como Ulysses Bridgeman en Chicago, pero criado en East Chicago, Indiana, su vida, marcada por el esfuerzo y la resiliencia, tomaría un giro inesperado cuando fue incluido en un traspaso histórico que alteró el destino de los Milwaukee Bucks y Los Angeles Lakers. Fue parte del intercambio que envió a Kareem Abdul-Jabbar a Los Ángeles y que trajo a Bridgeman a Milwaukee en 1975, un momento que definió no solo su carrera, sino también el camino hacia su futuro.
Desde el comienzo, fue un jugador diferente. No brillaba por ser una superestrella, pero era un “sexto hombre” que cumplía con su rol de manera casi perfecta: sin ser titular, su presencia en el banquillo era clave para los Bucks. De hecho, su papel en la rotación del equipo fue un ejemplo de lo que significa ser un jugador de equipo. Según Sports Illustrated, promediaba 13.6 puntos por partido y 3.5 rebotes, números consistentes que, si bien no lo colocaban entre los mejores en estadísticas, lo mantenían como un pilar fundamental para el éxito colectivo. Durante 12 años, incluidos 10 en Milwaukee, Bridgeman se convirtió en uno de los mejores sextos hombres de su era. Sin embargo, su historia no se limita al baloncesto.
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Después de su retiro en 1987, a los 33 años, Bridgeman se encontraba con un panorama financiero modesto, al menos comparado con las grandes estrellas de su época. Según Marca, en su último año en la NBA, su salario más alto había sido de 350.000 dólares, una cifra que, para los estándares actuales de la liga, parece irrisoria. Pero, el verdadero impulso vendría de su mentalidad empresarial. Desde su época en los Bucks, donde era presidente del sindicato de jugadores, Bridgeman había adquirido una comprensión invaluable de las finanzas, de la importancia de las conexiones y de cómo los dueños de equipos veían el negocio del deporte.

Como cuenta Forbes, fue el dueño de los Bucks, Jim Fitzgerald, quien le dio el primer consejo empresarial que lo marcaría de por vida. Durante una conversación en un desayuno, Fitzgerald le dijo: “Si te metes en el mundo de los negocios, tendrás dos problemas: las personas y el dinero”. Esa sencilla frase, que podría parecer trivial, representó la puerta de entrada de Junior al mundo empresarial.
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En los primeros días, después de su retiro, Bridgeman, como muchos otros exjugadores, se encontró buscando maneras de invertir su dinero. Pero no cualquier inversión: tenía una visión clara de lo que quería lograr. Lo primero fue Wendy’s, la cadena de comida rápida. A principios de 1987, Bridgeman y su ex compañero de equipo Paul Silas compraron su primera franquicia en Brooklyn. Aunque los dos eran novatos en el negocio, Bridgeman sabía que su éxito dependía de su capacidad para aprender cada aspecto del negocio. Como relató en una entrevista para Sports Illustrated, su primer restaurante tuvo un comienzo torcido. Los problemas no tardaron en aparecer: un incendio destruyó el local y su socio, Silas, abandonó el proyecto. Sin embargo, Junior no se rindió.

Decidido a no fracasar, Bridgeman trabajó incansablemente en su nuevo negocio. Empezó desde abajo: se metió en la cocina, se encargó del servicio al cliente, fue cajero y pasó horas en la línea de producción. En sus propias palabras, “si vas a ser exitoso, necesitas saber todo sobre el negocio”. Aplicó entonces un criterio inhabitual en el reclutamiento de personal. Empezó a contratar empleados con antecedentes difíciles, dándoles una segunda oportunidad, e invirtió en ellos, asegurándose de que se sintieran valorados. Esta filosofía aumentó la rentabilidad de sus franquicias. De hecho, a principios de los años 90, Bridgeman ya poseía más de 100 franquicias de Wendy’s, y su negocio prosperó.
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A medida que pasaron los años, su imperio creció. Forbes relata cómo, para 2015, Bridgeman había alcanzado un impresionante total de más de 500 franquicias de Wendy’s, Chili’s y Pizza Hut, que generaban más de 500 millones de dólares en ingresos anuales. Sin embargo, para ese momento, Junior Bridgeman ya estaba pensando en el siguiente paso. En 2016, tras vender la mayoría de sus franquicias por 250 millones de dólares, hizo una inversión aún más ambiciosa: adquirió la Heartland Coca-Cola Bottling Company por 290 millones de dólares. En ese momento, Coca-Cola estaba reduciendo su número de embotelladoras y Bridgeman vio una oportunidad de oro.
Como cuenta Sports Illustrated, al adquirir la embotelladora, Bridgeman se adentraba en un negocio con grandes perspectivas de crecimiento. En solo unos pocos años, su empresa creció casi tres veces, alcanzando una facturación de cerca de 1.000 millones de dólares en 2023. A lo largo de la última década, Bridgeman también adquirió participación en el negocio de embotellado de Coca-Cola en Canadá, lo que reforzó aún más su posición en la industria.
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Hoy, Bridgeman es un multimillonario con un patrimonio que, según Forbes, ronda los 1.4 mil millones de dólares. Y su camino no termina ahí. En septiembre de 2024, dio otro paso importante: adquirió un 10% de las acciones de los Milwaukee Bucks, su viejo equipo. Como reporta Marca, esta participación fue valorada en 300 millones de dólares y representa una inversión en el futuro de una liga que, con los recientes acuerdos de medios y la expansión en mercados como Las Vegas y Seattle, tiene un horizonte brillante.
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