
Una familia de Indiana enfrenta un dilema médico y ético tras la decisión del Cincinnati Children’s Hospital de no incluir a su hija de 12 años en la lista de espera para un trasplante de corazón debido a su estado de vacunación. La menor, Adaline Deal, no recibió las vacunas contra la COVID-19 ni la gripe, un requisito que el hospital considera esencial para garantizar la seguridad de los pacientes trasplantados.
La madre de Adaline, Janeen Deal, que está emparentada por matrimonio con los medios hermanos del vicepresidente JD Vance, explicó que la familia, de fe cristiana, se opone a las vacunas por motivos religiosos y médicos.
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Janeen y su esposo adoptaron a Adaline en China cuando tenía 4 años, conscientes de que la niña, nacida con dos condiciones cardíacas raras, eventualmente necesitaría un trasplante de corazón.
Durante casi una década, la menor ha recibido tratamiento en el Cincinnati Children’s Hospital, considerado por la familia como el mejor centro médico de la región. Sin embargo, la negativa del hospital a aceptar una exención religiosa ha llevado a los Deal a buscar alternativas en otros centros de trasplantes.
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El requisito de vacunación y su justificación médica
De acuerdo con el Cincinnati Enquirer, afiliado a USA Today, el hospital no confirmó oficialmente si Adaline fue excluida de la lista de trasplantes, pero un portavoz señaló que las decisiones clínicas se basan en “la ciencia, la investigación y las mejores prácticas”.
Además, el hospital sigue las directrices de los Institutos Nacionales de Salud (NIH), que recomiendan la vacunación para pacientes trasplantados debido a su mayor vulnerabilidad a infecciones graves.
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Expertos médicos, como la doctora Camille Kotton, directora clínica de enfermedades infecciosas en pacientes trasplantados e inmunocomprometidos del Massachusetts General Hospital, han destacado que los pacientes trasplantados enfrentan un riesgo significativamente mayor de complicaciones graves e incluso muerte por infecciones como la COVID-19.
Según Kotton, el primer año después de un trasplante es el periodo de mayor riesgo, aunque los pacientes trasplantados enfrentan un peligro continuo de enfermedades graves a lo largo de su vida. “En los primeros meses de la pandemia, perdimos a muchos pacientes trasplantados debido a la COVID-19”, afirmó la doctora.
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La postura de la familia y el impacto en la comunidad
Deal expresó su frustración ante la decisión del hospital, argumentando que esta no prioriza la vida de su hija. “Pensé: ‘Vaya, entonces no se trata de la niña. No se trata de salvar su vida’”, declaró al Cincinnati Enquirer.
La madre también afirmó que su decisión de no vacunar a Adaline fue guiada por su fe, asegurando que “el Espíritu Santo puso esto en nuestros corazones”. Además, Janeen manifestó su confianza en que Adaline no enfrentará problemas graves relacionados con la COVID-19 después del trasplante, en caso de que ocurra.
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La historia de la menor generó un amplio debate en redes sociales e impulsó una campaña de recaudación de fondos en GoFundMe, que pasó de recaudar aproximadamente 1.500 dólares a superar los 50.000 dólares en pocos días. La familia planea utilizar estos recursos para buscar un centro de trasplantes que no exija la vacunación como requisito.
Políticas de trasplantes y controversias en torno a las vacunas
El caso de Adaline pone de relieve las políticas de los centros de trasplantes, que tienen autonomía para establecer sus propios requisitos, según explicó Andi Johnson, vicepresidenta de marketing y compromiso comunitario de la organización de procuración de órganos Network for Hope. Estas políticas suelen basarse en recomendaciones de organismos como los NIH y consideran factores como el estado de vacunación, el estilo de vida y el apoyo social del paciente.
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La vacunación en pacientes trasplantados no solo protege al receptor del órgano, sino que también reduce el riesgo de complicaciones graves que podrían comprometer el éxito del procedimiento. Sin embargo, la pandemia de COVID-19 ha intensificado el escepticismo hacia las vacunas, alimentado por teorías conspirativas y desconfianza en las instituciones gubernamentales.
Según el New York Post, un informe de un subcomité de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, liderado por republicanos, criticó la gestión gubernamental de la pandemia y afirmó que las vacunas no lograron detener la propagación del virus, lo que contribuyó a la erosión de la confianza pública.
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