
(Desde Washington, Estados Unidos) El cese del fuego entre Israel y El Líbano, que negoció la administración Joe Biden con el apoyo del equipo de transición de Donald Trump no fue un movimiento diplomático que se agotó en sí mismo. Es un master plan que apunta a terminar con el poder de fuego de Hezbollah, exterminar al grupo terrorista Hamas y contener a Irán para terminar con la actual crisis geopolítica en Medio Oriente.
La hoja de ruta compartida hasta ahora entre Biden y Trump implica el apoyo de Francia y Alemania, la adhesión del gobierno del Líbano que busca terminar su dependencia con Irán, y el apoyo del premier israelí Benjamín Netanyahu, que aceptó enfrentar al ala más conservadora de su gobierno que rechazaba la tregua de 60 días.
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En un plano táctico-militar, la ventana para negociar un cese del fuego se abrió por la ofensiva de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), que diezmó a Hezbollah, anuló a sus principales comandantes terroristas, destruyó sus arsenales y cortó la cadena de provisión de armamento que llegaba desde Siria.
El gobierno del Líbano estaba controlado por Hezbollah que operaba como un proxy de Teherán. Desde esta perspectiva, las Fuerzas Armadas libanesas no tenían suficiente poder de fuego para contener al grupo terrorista proiraní, que tenía la autoridad -de hecho- de operar contra Israel en la zona que las Naciones Unidas (ONU) debían mantener sin la presencia de Hezbollah o del ejército israelí.
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La invasión de Israel al sur del Líbano destruyó la capacidad bélica de Hezbollah, lo que permitió que el premier libanés Najib Mikati tuviera espacio político para aceptar una tregua que estaba avalada por Biden, Trump y Emmanuel Macron, presidente de Francia.
La apuesta del G7 -que integran Estados Unidos, Francia, Alemania, Reino Unido, Italia, Japón y Canadá- es que el premier MIkati pueda llamar a elecciones para iniciar una transición democrática que aísle -un poco más- la influencia de Irán. En este contexto, el G7 no sólo apoyó la tregua de 60 días, sino que además aportará fondos para reconstruir el Líbano, que quedó en escombros después de la ofensiva israelí.
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Cuando Israel se retiró de El Líbano en 2006, tras la resolución 1701 de la ONU, la reconstrucción fue liderada por Hezbollah, que desde ese momento recibió muchísimo apoyo de la población civil. Ahora, para corregir ese error estratégico, el G7 aportará los fondos necesarios para levantar las ciudades -incluida Beirut- que fueron blancos de la aviación y la artillería de Israel.

La tregua inició a las 21:00 del martes (hora del este), y significa poner en marcha un mecanismo de relojería que implica -durante sesenta días corridos- que se retiren las tropas israelíes del sur del Líbano, se mueven los terroristas de Hezbollah al norte del río Litani, y que el ejército libanés ocupe la zona que era escenario de guerra (ver mapa).
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“No se permitirá que lo que quede de Hezbollah y otras organizaciones terroristas amenace la seguridad de Israel. Durante los próximos 60 días, el Ejército libanés y las fuerzas de seguridad del Estado se desplegarán y tomarán el control de su propio territorio. No se permitirá que se reconstruya la infraestructura terrorista de Hezbollah en el sur del Líbano”, afirmó Biden durante el anuncio oficial en el Jardín de las Rosas de la Casa Blanca.
A diferencia de la tregua de 2006, que todo quedó a merced de Hezbollah e Irán, Estados Unidos aportará tropas, armamento e inteligencia para apoyar la tarea de control del ejército del Líbano. Esta decisión geopolítica de la administración Biden, avalada por Trump y consultada a Netanyahu y MIkati, exhibe el grado de participación de la Casa Blanca en la hoja de ruta que apunta a establecer un nuevo orden en Medio Oriente.
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Netanyahu desconfía de Hezbollah, y antes del anuncio de la tregua ejecutó una negociación final con la Casa Blanca y el equipo de transición de Trump para lograr un mecanismo político que le permitiera invadir -de nuevo- al Líbano, si considera que el grupo terrorista Hezbollah se apresta a lanzar una ofensiva contra territorio israelí.
La iniciativa del primer ministro israelí fue avalada por la administración Biden, los asesores del presidente electo de los Estados Unidos y el gobierno del Líbano. Entonces, junto al cese del fuego, se agregó una carta de garantía que establece lo siguiente:
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- Si Israel considera que Hezbollah prepara una ataque terrorista a su propio territorio o asume que ha reanudado los contrabandos de armamento a través de terceros países, debe comunicar al Comité de Seguimiento que integrarán -entre otros países- Estados Unidos y Francia.
- A continuación, si el Comité de Seguimiento determina que la amenaza es clara e inminente, se debe compartir la información con las fuerzas militares de El Líbano, que tienen la misión de evitar que Hezbollah ataque -de nuevo- a Israel.
- Si el Gobierno de El Líbano se resiste a desmantelar la ofensiva Hezbollah, o no tiene suficiente capacidad de fuego, Israel con el apoyo de Estados Unidos avanzaría contra la organización terrorista apoyada por Irán.

El proxy más poderoso de Irán era Hezbollah, que ahora está en retirada. Y si Teherán intenta reconstruir la capacidad bélica o política de esta organización terrorista, Estados Unidos más el G7 desplegarán en el terreno tropas y fondos millonarios para bloquear esa decisión del régimen chiíta.
El desmantelamiento de Hezbollah deja en soledad a Hamas, que todavía resiste en Gaza y se apalanca en los 101 rehenes que tiene secuestrados para imponer ciertas condiciones a Israel y los Estados Unidos.
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Pero esta ecuación política-militar ya empezó a girar: Netanyahu puede desplegar en Gaza las tropas que tenía en El Líbano, y a la par abrir otra negociación que signifique la libertad de los cautivos por un salvoconducto para escapar desde la Franja a Siria o Teherán.
Hamas asumió que la estrategia de Trump para establecer el orden en Medio Oriente será distinta a la doctrina ejecutada por Biden en sus cuatro años de mandato. El presidente electo de los Estados Unidos tiene una perspectiva menos contemplativa que Biden, y apoyará a Netanyahu con toda la capacidad bélica del Pentágono para erradicar a Hamas de Gaza.
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El master plan iniciado por Biden y apoyado por Trump establece una ofensiva perpetua sobre Gaza, mientras Hezbollah se retira al norte del río Litani. Como sucedió con Jimmy Carter, Ronald Reagan y los rehenes iraníes, a Trump le gustaría llegar a su ceremonia de asunción -el próximo 20 de enero- con un anuncio público que conmovería al mundo: la libertad de los rehenes secuestrados el 7 de octubre de 2023.
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