
En medio de la devastación y el caos de la Guerra de Vietnam, existe una historia de astucia y resistencia que pocos conocen. Douglas B. Hegdahl, un joven marinero de Dakota del Sur, se convirtió en uno de los héroes no reconocidos de la guerra, sobreviviendo a condiciones inimaginables y utilizando su ingenio para salvar vidas.
Nacido en 1946 en Clark, Dakota del Sur, Hegdahl se enlistó en la Marina en 1966 con un objetivo claro: conocer Australia. Este deseo lo llevó a ser asignado al USS Canberra, un crucero de misiles guiados que, según le dijeron, haría escala en su ciudad homónima en Australia.
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Sin embargo, antes de que pudiera cumplir su sueño, el destino lo desvió hacia la costa de Vietnam, donde la intervención estadounidense estaba en pleno apogeo. El 5 de abril de 1967, mientras el barco patrullaba cerca de Vietnam, Hegdahl fue lanzado por la borda debido al retroceso de los cañones de ocho pulgadas del Canberra. Despertó en el agua, solo y a la deriva, sus gritos de auxilio ahogados por el estruendo de la artillería.

Tras doce horas a la deriva, Hegdahl fue rescatado por pescadores camboyanos, quienes, aunque amigables, lo entregaron inmediatamente a las fuerzas norvietnamitas.
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Sin identificación y enfrentando acusaciones de ser un comando de la CIA, Hegdahl tuvo que pensar rápidamente para sobrevivir. “Tuve probablemente la captura más vergonzosa de toda la Guerra de Vietnam”, recordó Hegdahl en una entrevista para el documental de 1997, Vietnam POWs: Stories of Survival.
A pesar de la adversidad del contexto, su apariencia y comportamiento aparentemente ingenuos, Hegdahl logró engañar a sus captores norvietnamitas de forma heroica y llevar a cabo una de las más grandes hazañas de espionaje de la época.
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Cómo hizo Hegdahl para engañar a los vietamitas
Decidió asumir el papel de un campesino analfabeto de Dakota del Norte, una táctica que resultó ser su salvación. “Descubrí que mi postura defensiva era simplemente hacerme el tonto. Vamos, cuando te caes del barco, tienes mucho con qué trabajar”, añadió con una mezcla de humor y resignación.
Llevado al infame Hỏa Lò Prison, conocido como el Hanoi Hilton, Hegdahl se encontró rodeado de prisioneros, en su mayoría pilotos capturados, siendo él uno de los pocos de rango inferior. Los guardias, sorprendidos por su aparente estupidez, lo utilizaron para escribir declaraciones de propaganda contra los Estados Unidos.
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Sin embargo, Hegdahl se las arregló para convencerlos de que era un analfabeto, escribiendo garabatos ilegibles y pidiendo ayuda para deletrear cada palabra. Los guardias, creyendo haber encontrado un prisionero dispuesto a cooperar, incluso le asignaron un tutor. Pero pronto se dieron por vencidos, frustrados por su aparente incapacidad para aprender.
La astucia de Hegdahl no solo le permitió ganar la confianza de sus captores, sino que también le dio la libertad para moverse por el campamento, donde aprovechó para sabotear cinco camiones norvietnamitas, echando pequeñas cantidades de tierra en los tanques de gasolina cuando los guardias no miraban.
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Además de sabotear los camiones norvietnamitas, su acto más heroico fue memorizar los nombres de 256 prisioneros de guerra utilizando la melodía infantil de “Old MacDonald Had a Farm”.(«El viejo MacDonald tenía una granja»), la misma que tarareó durante todo su encarcelamiento.
Esta lista, memorizada con detalle, incluía no solo nombres y rangos, sino también números de Seguro Social y peculiaridades personales que ayudaran a confirmar sus identidades. Esta información sería vital para la liberación y el reconocimiento de estos hombres, cambiando el estatus de muchos de ellos de “desaparecidos en acción” a “prisioneros de guerra”.
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Mientras los guardias seguían subestimando a Hegdahl, él aprovechaba su libertad relativa para recopilar toda la información posible. Su compañero de celda, el teniente Joseph Crecca Jr., había predicho que Hegdahl sería uno de los primeros en ser liberado, y le asignó la crucial tarea de memorizar los nombres de todos los prisioneros. Al principio, Hegdahl pensó que sería imposible, pero con la sugerencia de Crecca de usar una rima o canción, logró lo inimaginable. Esta lista memorizada se convertiría en un testimonio de su increíble capacidad de resistencia y de su compromiso con sus compañeros.
A medida que la guerra se acercaba a su fin, los norvietnamitas ofrecieron a algunos prisioneros la posibilidad de ser liberados antes de tiempo, en un intento de sembrar la discordia entre ellos. Sin embargo, bajo la estricta orden del oficial naval James Stockdale, el prisionero más senior del Hanoi Hilton, ninguno de los hombres aceptó estas ofertas. “Ninguna amnistía, todos nos vamos juntos”, recordaba Stockdale. Aquellos que aceptaban eran considerados traidores, conocidos como rat finks, y despreciados por los demás prisioneros. Cuando los guardias ofrecieron a Hegdahl la posibilidad de liberarse, él inicialmente se mostró reacio, temiendo ser visto como un traidor.
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Sin embargo, siguiendo las órdenes de sus superiores, Hegdahl finalmente aceptó la liberación con la misión de llevar la lista de prisioneros memorizada de vuelta a los Estados Unidos. “Doug no quería ser puesto en el mismo bote, en la misma mentalidad, que esos rat finks,” recordó Dick Stratton, un compañero prisionero.
“Fue un acto de valentía increíble que aceptara una orden tan desagradable”, agregó. Hegdahl fue liberado el 4 de agosto de 1969, y al regresar, inmediatamente comenzó a compartir la valiosa información que había memorizado.
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Durante una entrevista de debriefing, cuando empezó a recitar los nombres en una canción, el entrevistador le pidió que desacelerara. “No, es como andar en bicicleta, si te detienes, te caes,” respondió Hegdahl, subrayando la importancia de mantener el ritmo para no olvidar.
Qué hizo Hegdahl después de ser liberado
Después de recibir una baja honorable de la Marina en 1970, Hegdahl dedicó su vida a enseñar habilidades de supervivencia en la Escuela SERE (Supervivencia, Evasión, Resistencia y Escape) de la Marina en la Base Naval de Coronado.
Allí, compartió sus experiencias y técnicas con nuevas generaciones de marineros, preparando a los futuros miembros de la fuerza militar para enfrentar las más duras condiciones. En una reunión de ex prisioneros de guerra en 1998, demostró que aún podía recitar la lista completa de nombres, un testimonio de su notable memoria y dedicación.

Hegdahl vivió el resto de sus días en San Diego, lejos de los reflectores y manteniéndose fiel a su naturaleza modesta. Aunque otros prisioneros liberados antes del final de la guerra fueron estigmatizados, Hegdahl fue siempre acogido y respetado por sus compañeros.
En 1998, en una aparición en la Biblioteca Nixon en Yorba Linda, California, realizó un tributo a sus compañeros prisioneros cantando los nombres de más de 200 de ellos con la misma melodía que había usado en el Hanoi Hilton. Este acto simbólico no solo subrayó su valentía, sino también su compromiso inquebrantable con sus camaradas y su país.
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