
En el sur de Francia, una cavidad subterránea podría alojar la nave de Notre Dame de París sin problemas. 120 metros de largo, 48 de ancho y 50 de alto son las dimensiones bajo tierra de la gruta calcárea Grotte des Demoiselles. Una cavidad a 70 metros bajo tierra cerca de la localidad de Saint-Bauzille-de-Putois, a pocos kilómetros de Montpellier. Los propios guías del lugar la llaman la Cathédrale des Merveilles, aunque también se la conoce como la Catedral del Abismo.
La formación geológica comenzó hace 200 millones de años, cuando un mar cálido y poco profundo depositó restos de coral y crustáceos que dieron origen a las rocas calizas del macizo del Thaurac, según el sitio oficial de la gruta. El agua que ascendía desde las profundidades perforó poco a poco la roca y formó una cavidad. Mientras, un lago subterráneo desaparecía hace 700.000 años y dio paso al proceso de formación de estalagmitas, estalactitas, columnas y cortinas de piedra que hoy se observan en su interior. Algunas de estas concreciones tienen entre 40.000 y 264.000 años de antigüedad, y el proceso continúa en la actualidad en distintos puntos de la cueva.
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La sala principal alberga una estalagmita solitaria de casi diez metros llamada Vierge à l’Enfant, cuya silueta recuerda a una figura materna con un niño en brazos. Frente a ella se despliega el Grand Orgue, una serie de coladas de calcita que forman tubos verticales como los de un órgano de iglesia. El recorrido avanza entre galerías de techos altos y paredes blancas, con un juego de luces que acompaña cada parada y una acúsftica que, según el propio ente gestor, permite programar conciertos dentro de la cavidad.
La primera bajada completa para medir la cueva duró 14 horas

La gruta fue un refugio humano desde tiempos antiguos. Los camisards de las Cévennes se escondieron allí durante las guerras de religión, y más tarde lo hicieron sacerdotes refractarios durante la Revolución Francesa. La primera exploración documentada con fines de conocimiento ocurrió el 15 de julio de 1780, cuando Benoît-Joseph Marsollier des Vivetières, consejero de la Corte de Cuentas de Montpellier, llegó hasta la gran sala tras un primer intento fallido semanas antes.
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Más de un siglo después, el espeleólogo francés Édouard-Alfred Martel, considerado uno de los fundadores de la espeleología moderna, exploró la cueva en 1884 y 1889, y en 1897 alcanzó por primera vez el fondo, a 90 metros de profundidad. Llegó a utilizar un globo aerostático para medir la altura de la sala de la catedral. En esa época, la visita completa duraba más de catorce horas y exigía una preparación física considerable.
La apertura al público llegó al empezar el siglo XX, cuando una sociedad de explotación turística construyó, en 1930, el primer funicular subterráneo de Europa. El mecanismo permitió salvar 54 metros de desnivel sin necesidad de recorrer a pie 300 de los 550 escalones del trayecto total. La gruta abrió sus puertas al público el 25 de noviembre de 1931, y al año siguiente fue inaugurada oficialmente por el entonces presidente de la República Francesa, Gaston Doumergue. En 2010, un decreto del Consejo de Estado clasificó la gruta y el macizo kárstico del Thaurac como sitio mayor del departamento de Hérault.
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Hoy, la visita guiada recorre 1.200 metros a lo largo de ocho paradas, con una duración aproximada de una hora y cuarto, en un ambiente que mantiene una temperatura constante de 15 °C durante todo el año, por lo que se recomienda llevar abrigo. El sitio abre todos los días de 9:00 a 18:00, con la última salida del recorrido guiado a las 16:00, y la entrada general ronda los 15 euros para adultos. Además de la visita estándar, el calendario oficial incluye recorridos con linterna que recrean el trayecto de los primeros exploradores, propuestas para niños y una programación cultural con conciertos dentro de la propia cavidad.
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