Cinco de los pueblos más bonitos de Francia en la frontera con España, según ‘National Geographic’

Estas villas se caracterizan por su bello patrimonio histórico y natural, convirtiéndose en destinos perfectos para una escapada

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Cinco de los pueblos más bonitos de Francia en la frontera con España, según ‘National Geographic’.

En el sur de Francia, el viajero puede encontrar infinidad de destinos que bien merecen una visita. En la costa mediterránea o en plenos Pirineos, multitud de pintorescos pueblos salpican la frontera del país galo con España, albergando un patrimonio cultural e histórico de gran valor.

Gracias a su cercanía, se convierten en espacios perfectos para una escapada de fin de semana, donde poder apreciar una arquitectura medieval única, así como parajes naturales que quitan el aliento. Por ello, se ha elaborado una selección de cinco pueblos bonitos en la frontera entre España y Francia, tomando como base los expuestos por la revista National Geographic.

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Collioure

Collioure, Francia (Shutterstock).
Collioure, Francia (Shutterstock).

La Costa del Coral Rojo, extensión septentrional del Cap de Creus, se dibuja a través de una serie de pintorescos pueblos marineros y terrazas vitivinícolas con vista al Mediterráneo. Entre los destinos destacados, Cervera, Port-Vendres, Banyuls de la Marenda y Colliure ofrecen un hermoso recorrido cultural e histórico, ideal para una escapada de fin de semana. Estas localidades, refugio de insignes artistas de principios del siglo XX como Picasso o Matisse, cobran vida en el Museo de Arte Moderno de Colliure, donde se exhiben algunas de sus obras.

Para completar la experiencia, un breve paseo por el parque Pams, situado detrás del citado museo, conduce hasta La Gloriette. Esta ubicación privilegiada regala panorámicas impresionantes de Colliure, incluyendo vistas al puerto, añadido en la década de 1970, y a la iglesia de Notre-Dame-des-Anges, cuya singular torre, se alza majestuosa sobre el mar.

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Céret

Céret, en Francia (Shutterstock).
Céret, en Francia (Shutterstock).

Conocido como el pueblo de las cerezas, Céret se ubica a escasa distancia de la frontera con Girona y cerca de históricos pasos montañosos. Destaca por su vitalidad y encanto, el cual se puede respirar en espacios como su plaza central sombreada y las calles adoquinadas, las cuales se llenan de color durante su pintoresco mercado.

Además, sorprende con la presencia de un Museo de Arte Moderno, inaugurado en 1950, que alberga una notable colección con piezas de artistas de la talla de Chagall y Picasso, convirtiéndose en un punto de interés cultural imprescindible.

Vilafranca de Conflent

Vilafranca de Conflent, en Francia (Shutterstock).
Vilafranca de Conflent, en Francia (Shutterstock).

Situada en la entrada del Parque Natural de los Pirineos Catalanes, Vilafranca de Conflent se erige como un enclave legendario dentro de los pueblos de Catalunya Nord. Su valor histórico y cultural se acentúa por la cercanía a la montaña sagrada del Canigó y al monasterio románico de Sant Miquel de Cuixà, cuyo claustro original es exhibido en el museo The Cloisters de Nueva York.

Esta localidad, cuyos orígenes se remontan al siglo XI por orden del conde de la Cerdanya, experimentó una expansión en el siglo XVII dirigida por el ingeniero militar Vauban. Este diseñó una serie de fortificaciones a lo largo del territorio francés, hoy reconocidas como Patrimonio Mundial.

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Una de las actividades recomendadas es la subida al Fuerte Libéria, que ofrece vistas panorámicas del valle del río Têt, seguida de un descenso a la ciudad a través de un túnel de 1853 que cuenta con una escalinata de 800 peldaños. Para los interesados en explorar la región, el Tren Amarillo es el medio ideal. Esta ruta férrea atraviesa la Cerdanya francesa y promete una experiencia singular por uno de los paisajes más pintorescos de la zona.

Ainhoa

Ainhoa, en Francia (Shutterstock).
Ainhoa, en Francia (Shutterstock).

Al norte de Zugarramurdi, en el País Vasco francés, se ubica una región que seduce por sus enclaves naturales compuestos de prados y bosques, así como por sus pueblos con un encanto singular. Así, la localidad de Ainhoa es un destino ideal para una escapa. La villa se distingue por ser una bastide, un modelo de población medieval característico de las regiones de Aquitania y Occitania, edificadas entre los siglos X y XIII.

Cuenta con una estructura urbanística similar a la de un tablero, flanqueada por murallas, y con viviendas estandarizadas y canales de drenaje. Así, destaca su arquitectura tradicional, donde las fachadas combinan la blancura de los muros con la calidez del entramado de madera teñido en rojo. A estos atributos se suma la iglesia de Notre-Dame de l’Assomption, un referente arquitectónico y espiritual del pueblo. La estética y el legado histórico de Ainhoa la convierten en un punto de interés clave en la ruta por el País Vasco francés.

Saint-Jean-Pied-de-Port

Saint-Jean-Pied-de-Port, en Francia (Shutterstock).
Saint-Jean-Pied-de-Port, en Francia (Shutterstock).

Saint-Jean-Pied-de-Port o San Juan Pie de Puerto, representa la última parada francesa en el tránsito del Camino de Santiago, también identificado como GR-65, y es parte de la senda de la Ruta Transpirenaica (GR-10), que recorre longitudinalmente la cordillera de este a oeste. Se sitúa en la histórica región de Donibane Garazi, conocida como Garazi, una zona que desde su fundación en el siglo XII ha sido una encrucijada gracias a su situación privilegiada en pleno puerto de Roncesvalles.

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Entre los puntos imperdibles de la localidad, la Puerta de Santiago destaca como el umbral que los peregrinos cruzan en su camino a Roncesvalles. A esto se suman la imponente iglesia gótica del siglo XIV y el recorrido amurallado que permite contemplar el enclave desde una perspectiva única. Para quienes buscan sumergirse en la cultura gastronómica de la zona, la mejor opción es visitar el mercado que se instala los lunes, donde se puede disfrutar de una amplia variedad de productos agrícolas y artesanales.