
Un muelle de apenas 40 metros sostiene desde hace décadas la actividad pesquera más antigua de Asturias en materia de percebe. Se trata del puerto de El Ribeiro, en Ortiguera, una localidad marinera del concejo de Coaña que combina casas que trepan por la ladera, arquitectura indiana y un cabo coronado por dos faros frente al Cantábrico.
Ortiguera pertenece a la parroquia de Mohías, en la comarca de Eo-Navia, y su origen se remonta al siglo XIV. El nombre del pueblo cambió con el paso de los siglos: primero fue conocido como Ortigal, después como Ortigueral, hasta adoptar su denominación actual. Desde la Edad Media, sus habitantes estuvieron vinculados a la caza de ballenas y a la pesca de langostas, actividades que marcaron el desarrollo de este enclave costero situado a apenas 20 metros sobre el nivel del mar.
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Durante mucho tiempo, los pescadores de Ortiguera atracaron sus embarcaciones sobre una peña plana, muy azotada por el mar. La exposición constante al oleaje llevó a la construcción de El Ribeiro, el puerto actual, que cuenta con un muelle de unos 40 metros y un cabrestante para varar las embarcaciones de la flota de bajura. Allí opera la Cofradía de Nuestra Señora de la Caridá d’Ortigueira, una de las más pequeñas del Principado de Asturias, cuyo edificio actual data de 1926. En sus instalaciones funcionan hoy un espacio de pesaje, cámaras frigoríficas y las oficinas de la entidad, en lo que antes fue la zona de venta de pescado.
En la actualidad, la principal actividad de los pescadores de Ortiguera es la captura del percebe. Esta labor constituye el plan de explotación más antiguo del Principado de Asturias, según recoge la documentación histórica del puerto, y continúa siendo el sustento económico central de la comunidad marinera local.
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De las viviendas marineras a la arquitectura indiana del siglo XIX
El recorrido por Ortiguera revela dos paisajes urbanos diferenciados. En la parte baja del pueblo, junto al puerto, se conservan las viviendas de tradición marinera. Al ascender hacia la zona más elevada, aparecen las construcciones de arquitectura indiana, levantadas por quienes hicieron fortuna en América y regresaron a instalarse en su tierra natal durante el siglo XIX.
Entre estas edificaciones destaca la Quinta Jardón, situada justo sobre el puerto. Su fachada blanca, las ventanas rojas, la torre-mirador y un jardín de influencia francesa conforman uno de los ejemplos más representativos del progreso que experimentó la localidad en aquella época. La familia Jardón se convirtió en símbolo de esa transformación arquitectónica y económica.
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El cabo de San Agustín alberga una particularidad poco frecuente para un núcleo de estas dimensiones: dos faros situados a escasa distancia el uno del otro. El más antiguo, una baliza de destellos construida en 1945, se levanta sobre un promontorio a 62 metros sobre el nivel del mar y alcanza casi seis metros de altura. En su momento, contaba con una linterna de acetileno con alcance de diez millas náuticas y una campana de hierro que advertía a los marineros en días de niebla. El faro moderno, de estructura cilíndrica con rayas horizontales blancas y negras, mide 20 metros de altura y fue terminado en 1975 para sustituir a la antigua baliza.
Junto a los dos faros se encuentra la ermita de San Agustín, fundada en el siglo XVII por el gremio de pescadores del puerto de Ortiguera. Cerca de la ermita se levanta un monumento dedicado a los marineros fallecidos en naufragios, en un conjunto que también incluye jardines con vistas panorámicas hacia la playa de Navia.
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