
En Estados Unidos saben aprovechar bien cualquier curiosidad para atraer a los turistas: en Alaska tienen “la mayor cascada de chocolate del mundo”; en Arizona, “el órgano más grande del mundo”... dentro de una pizzería; en Hawái, el laberinto vegetal más grande del mundo; en Idaho, la escultura de un perro más grande del mundo; en Maryland, las escaleras mecánicas más largas del continente; en Dakota del Norte, la estatua de un búfalo más grande del mundo; en Washington, un muro hecho de miles de chicles babeados y pegados; y en Carolina del Norte, la cajonera más grande del mundo.
España no quiere ser menos en esta tendencia, y tiene sus propios récords con los que trata de captar a los visitantes. Por ejemplo, Urriés, un pueblo de Aragón de sólo 38 habitantes, cuenta con el honor de poseer la calle más estrecha del país.
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El lugar ni siquiera tiene nombre, aunque en la localidad se le conoce como “el callejón”: tiene 25 metros de longitud, pero únicamente 41 centímetros en su parte más angosta, por la que no caben dos personas (y una, con dificultad). Según el Libro Guinness de los Récords -la Biblia para los viajeros que buscan este tipo de curiosidades-, solo la supera una calle de la ciudad alemana de Reutlingen, con 31 centímetros de ancho.
Un pueblo medieval
Este singular pasaje, situado en el corazón del pueblo medieval, cerca de la iglesia de San Esteban, reta a los visitantes a desplazarse de lado para poder atravesarlo. A pesar de su estrechez, esta vía fue reabierta en 1955 tras mejoras en las condiciones higiénicas del lugar.
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La historia detrás de esta insólita calle, que en algún momento tuvo que ser clausurada por preocupaciones sanitarias, refleja el esfuerzo de la comunidad por preservar su patrimonio único. La reapertura de la calle a mediados del siglo XX fue un hito para Urriés (un lugar en el que las novedades, como se ve, son bastante modestas)
Mientras que Urriés y su estrecha calle podrían parecer un pequeño detalle en el mapa de España, ejemplifican cómo los elementos menos convencionales y las pequeñas historias de pueblos pueden capturar la imaginación de las personas, fomentando el turismo y la apreciación cultural.
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Y dentro de la localidad, hay otros atractivos: algunas fachadas de casas palaciegas de época renacentista, como la llamada Casa Borgas; una ermita, a unos seis kilómetros del pueblo; varias iglesias; la Torre de Urriés, construida en el siglo XIV; y la piedra de Sansón, que debió ser el contrapeso de una antigua prensa romana.
Cómo llegar a Urriés
Urriés está cerca de Pamplona, Jaca y Zaragoza. Desde Madrid, hay algo más de 400 kilómetros, cerca de cuatro horas yy media en coche. La ruta más rápida sería desde la A-2 hacia la A-121, y después la N-122, A-127 y A-1601 hacia Urriés.
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Más allá del coche, también es posible ir en tren desde Atocha hasta Zaragoza-Delicias y, una vez allí, acudir a la Estación Central de Autobuses de la capital aragonesa y coger un taxi, pues el pueblo está a solo 35 kilómetros de Zaragoza.
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