
Alojarse en un Parador es sumergirse en la historia y el arte de España, disfrutando de la hospitalidad en escenarios monumentales que han sido cuidadosamente restaurados y adaptados para el viajero contemporáneo. La Red de Paradores, extendida por todo el país, ocupa desde antiguos castillos hasta monasterios y casonas señoriales, ofreciendo una oportunidad única de descubrir el patrimonio nacional a través de la experiencia hotelera. Entre todos estos enclaves, Santillana del Mar destaca como uno de los destinos más bellos y evocadores, donde cada rincón respira siglos de historia y tradición.
En pleno corazón de esta villa cántabra, declarada Monumento Nacional, se alza el Parador de Santillana Gil Blas, una casona barroca del siglo XVII que conserva la esencia de los hidalgos montañeses y la elegancia del pasado. Un lugar donde la piedra y la madera se combinan con el confort moderno, la gastronomía local y una atmósfera de descanso que invita a disfrutar de la vida pausada de uno de los pueblos más emblemáticos del norte de España.
Un refugio histórico en la villa más bella
El Parador de Santillana Gil Blas ocupa la antigua casa Barreda-Bracho, situada en la plaza civil del centro histórico, junto a la Torre del Merino y frente al antiguo ayuntamiento. La fachada, construida en sillería de piedra, luce con orgullo el escudo familiar y los balcones de hierro forjado, testigos silenciosos del trasiego de generaciones. Incorporado a la Red de Paradores en 1946, este establecimiento fue uno de los primeros en abrir sus puertas y, hoy, cuenta con el reconocimiento de la Guía Repsol gracias a su exclusiva terraza exterior y su ambiente acogedor.
El interior del Parador sorprende por su calidez: suelos de madera, habitaciones elegantes, algunas con chimenea, y una decoración de estilo montañés que transporta al huésped a otro tiempo. Cada detalle está pensado para garantizar el descanso y la desconexión, desde el mobiliario clásico hasta las vistas a los jardines y la terraza adornada de vegetación. Es el lugar ideal para quienes desean vivir la autenticidad de Cantabria en pleno casco histórico, sin renunciar al confort y la tranquilidad.
Gastronomía cántabra: un homenaje al producto local

Uno de los mayores atractivos del Parador de Santillana Gil Blas es su restaurante, El Jardín de Gil Blas. Aquí, la cocina tradicional cántabra se convierte en protagonista, con una carta que rinde homenaje a los productos de cercanía y a los platos emblemáticos de la región. En su luminoso comedor, con vistas a la terraza, se pueden degustar recetas como el cocido montañés, el arroz caldoso de bogavante, las rabas de calamar y las famosas anchoas de Santoña.
El homenaje al mar Cantábrico se hace patente en la sopa de pescados y mariscos, la caldereta de pescadores con rape, langosta, almejas y langostinos, y la selección de quesos cántabros. Para finalizar, la quesada pasiega, la tarta Santa Juliana o la torrija pasiega ofrecen el toque dulce de la tradición repostera local. Todo ello, acompañado de una cuidada selección de vinos y el ambiente relajado que caracteriza a los Paradores.
Descubre Santillana del Mar y su entorno privilegiado
Santillana del Mar, a menudo descrita como “el pueblo más bello de España” por ilustres viajeros como Jean-Paul Sartre, es una villa que solo puede recorrerse a pie. El visitante se adentra en un casco histórico libre de coches, donde sorprenden la Casa del Águila y la Parra, la estatua al Hombre de Altamira, el antiguo ayuntamiento y, por supuesto, el propio Parador. Calles empedradas, plazas porticadas y fachadas de piedra conforman un escenario digno de novela.
La gran joya del municipio son las Cuevas de Altamira, conocidas como la Capilla Sixtina del arte rupestre. Aunque las visitas originales están restringidas para su conservación, el Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira ofrece una réplica exacta, permitiendo admirar las pinturas prehistóricas que asombraron al mundo. A poca distancia esperan otros tesoros como San Vicente de la Barquera, Comillas —con su Capricho de Gaudí—, y las playas de Urbiaco, Cobreces y Suances, ideales para un baño o un paseo junto al mar.
La naturaleza también encuentra su espacio con monumentos como la Cueva del Soplao o el bosque de secuoyas del Monte Cabezón, que completan una escapada en la que historia, arte y paisaje se dan la mano.
Cómo llegar
Desde Santander, el trayecto tiene una duración estimada de 25 minutos por la carretera A-67. Por su parte, desde Bilbao el viaje es de alrededor de 1 hora y 25 minutos por la vía A-8.
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