Este es el mejor mes para viajar en avión en España, según los expertos

Expertos confirman que elegir el mes adecuado puede marcar la diferencia entre un trayecto tranquilo y una odisea en el aeropuerto, con el verano como el periodo más conflictivo

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Un hombre en un aeropuerto
Un hombre en un aeropuerto (Adobe Stock).

Viajar en avión es hoy más que nunca una cuestión de estrategia, no solo de destino o precio. Para quienes buscan tranquilidad y eficiencia, el calendario puede ser un aliado clave: elegir el mes adecuado puede marcar la diferencia entre un trayecto sin sobresaltos o una odisea de retrasos, cancelaciones y largas esperas en el aeropuerto. La experiencia de volar en España, como en el resto de Europa, depende en gran medida de la época del año, y los datos confirman que no todos los meses ofrecen las mismas garantías para evitar imprevistos.

Según el análisis de Flightright, portal especializado en derechos de pasajeros aéreos, febrero se consolida como el mejor mes para volar en España sin sobresaltos. Lejos de los picos vacacionales y de la saturación estival, este periodo destaca por su estabilidad operativa, permitiendo a los viajeros disfrutar de un viaje más previsible y seguro. De hecho, las estadísticas de 2025 son contundentes: febrero fue el mes con el menor porcentaje de retrasos (25,36%) y una de las tasas de cancelación más bajas del año (0,17%) en los aeropuertos españoles.

Este dato convierte a febrero en la mejor apuesta para quienes quieren evitar imprevistos y disfrutar de vuelos puntuales desde y hacia destinos nacionales. Por su parte, enero y abril también presentan buenos registros, con porcentajes de retrasos por debajo del 29%. Esta tendencia confirma que los meses de menor presión vacacional ofrecen mejores condiciones para volar, tanto para viajeros de ocio como de negocios.

Verano, el periodo más conflictivo: julio a la cabeza de los retrasos

Hombre en un aeropuerto (Shutterstock).
Hombre en un aeropuerto (Shutterstock).

En el lado opuesto, el verano es sinónimo de saturación y problemas operativos. Julio fue el mes más problemático de 2025 en España, con casi cuatro de cada diez vuelos (36,95%) sufriendo retrasos y el máximo anual de cancelaciones (0,65%). La congestión aeroportuaria no se limita a julio: agosto, septiembre y octubre mantuvieron niveles elevados de incidencias, todos por encima del 32% de vuelos retrasados, lo que muestra que el riesgo de contratiempos se extiende más allá del gran pico vacacional.

Este patrón no es casualidad. Según Lucía Cegarra, experta legal de Flightright, “los problemas en los vuelos no son aleatorios, sino que siguen un patrón bastante previsible a lo largo del año. Viajar fuera de los meses de mayor presión, como febrero en el caso de España, reduce significativamente el riesgo de retrasos y cancelaciones”.

Europa sigue el mismo patrón: abril, el mes más estable

A nivel europeo, el análisis de 2025 revela una tendencia similar, aunque con matices. De los más de 8,3 millones de vuelos registrados, cerca de uno de cada tres sufrió retrasos y más de 46.000 acabaron cancelados. En este contexto, abril se posiciona como el mes óptimo para volar por Europa, registrando el menor porcentaje de retrasos (28%) y la tasa de cancelación más baja (0,35%). Julio, por su parte, repite como el periodo con más incidencias, con casi el 38% de los vuelos afectados y el mayor número de cancelaciones (0,82%).

A pesar de las recomendaciones, ningún mes está completamente libre de imprevistos. Por eso, es fundamental que los pasajeros conozcan sus derechos en caso de retrasos o cancelaciones. En muchos casos, la normativa europea permite reclamar compensaciones económicas, reembolsos o servicios adicionales cuando las compañías aéreas no cumplen con los estándares mínimos de puntualidad y atención.

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Flightright recuerda que la información y la previsión son clave para afrontar cualquier contratiempo: conservar la documentación del vuelo, solicitar justificantes de la incidencia y presentar las reclamaciones pertinentes puede marcar la diferencia entre una experiencia frustrante y una compensación justa.