La joya natural escondida en Lugo: castros celtas, cascadas ocultas y aldeas de piedra en uno de los paisajes más bonitos de Galicia

Senderos medievales, fuentes milagrosas y arquitectura de pizarra hacen de este lugar un refugio para quienes desean desconectar y conocer con la esencia más pura del noroeste peninsular

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Sierra del Caurel, en Lugo
Sierra del Caurel, en Lugo (Wikimedia).

Lugo, tierra de paisajes legendarios y rincones aún por descubrir, invita al viajero a sumergirse en un entorno donde la naturaleza y la historia dialogan en cada recodo. Más allá de la famosa muralla romana y los pueblos salpicados de iglesias centenarias, existen parajes que parecen ajenos al paso del tiempo, auténticos santuarios de biodiversidad y cultura tradicional. En este escenario, la sierra del Caurel se alza como uno de los grandes tesoros ocultos del interior gallego, un destino que cautiva por su atmósfera primigenia y la autenticidad de su vida rural.

Conocido también como O Courel, este rincón gallego se extiende por más de 20.000 hectáreas de orografía abrupta, donde las pendientes asimétricas y la vegetación frondosa configuran un territorio intacto. Aquí, el visitante puede recorrer aldeas que parecen brotar de la propia montaña, con casas de piedra y techos de pizarra integradas en caminos cubiertos de musgo y rodeadas de castaños, acebos, hayas, tejos, robles y abedules.

Además, la diversidad de flora y fauna es abrumadora: en O Courel viven lobos, águilas, osos y orquídeas, y los lugareños aseguran que aquí se dan cita todas las especies autóctonas gallegas de árboles. El aire puro y la sensación de aislamiento transportan al viajero a un tiempo de cuentos y leyendas, donde cada rincón invita a la contemplación y el asombro.

Castros, druidas y leyendas en las alturas

Sierra del Caurel, en Lugo
Sierra del Caurel, en Lugo (Wikimedia).

La historia antigua de la sierra del Caurel está marcada por la presencia de castros celtas y huellas de otras culturas milenarias. El Castro de Vilar, situado a unos 600 metros de altitud sobre el valle del río Lor, es uno de los más grandes del macizo, ejemplo de la estrategia defensiva de los antiguos pobladores. Más alto aún, a 700 metros, se encuentra el Castro da Torre, notable por su estado de conservación y las vistas que ofrece.

El ambiente místico de la zona se nutre de leyendas de druidas, guardianes de los tejos milenarios, y de mouras, seres similares a hadas que, según la tradición, habitan en los castros y cerca de los ríos. El agua, elemento central en la vida y en la mitología local, acompaña cada paso por la sierra.

A su vez, el patrimonio humano se refleja en las aldeas dispersas por las laderas y valles. Núcleos como Froxán conservan una arquitectura singular que ha merecido ser declarada Bien de Interés Cultural. Sus fiestas, como la emblemática Festa da Pisa da Castaña, muestran cómo los habitantes mantienen vivas las costumbres de antaño, como el pisado tradicional de las castañas o la devoción a fuentes milagrosas, como la Fuente do Milagro, datada en 1935.

Ríos, cascadas y pozas: la fuerza del agua

Sierra del Caurel, en Lugo
Sierra del Caurel, en Lugo (Wikimedia).

El río Lor es la arteria principal de O Courel. A su vera discurre un antiguo sendero medieval que unía Folgoso y Seoane do Courel, formando parte del Camino Real hacia Quiroga. Los visitantes pueden cruzar puentes tradicionales y dejar volar la imaginación, sintiéndose viajeros de otra época.

Entre los tesoros naturales destacan las cascadas, como la Fervenza de Vilamor o la Fervenza da Pedreira, y las pozas cristalinas, ideales para un baño reparador en plena naturaleza. La Poza das Mulas, rodeada de pizarra, ofrece uno de los paisajes más bellos y puros de la sierra.

Galicia se ha convertido en un destino turístico de primer orden dentro y fuera de nuestro país. Si algo tiene esta comunidad que no se encuentra en otra parte del mundo, son sus playas

Igualmente, la Devesa da Rogueira se alza como uno de los espacios más emblemáticos de la sierra. Se trata de un bosque atlántico exuberante y húmedo, refugio de martas, garduñas, gatos monteses y una flora única. Pasear por sus senderos es adentrarse en un mundo donde las meigas, los druidas y las leyendas parecen cobrar vida entre las sombras y la niebla.