
El Imperio romano, pese a popularizarse recientemente como expresión que alude a las pequeñas obsesiones diarias, es altamente reconocido por su herencia arquitectónica, política y filosófica. Su máximo esplendor quizá puede disfrutarse hoy en la que fue su capital, Roma. La ciudad italiana, en constante reconstrucción, ha dado un paso decisivo en la modernización de su red de transporte con la inauguración de la estación de metro bajo el Coliseo, una infraestructura que ha requerido una década de excavaciones y hallazgos arqueológicos.
Durante la inauguración, un periodista de Associated Press indicaba en el canal oficial de la agencia de comunicación que esta es “una infraestructura largamente esperada por los viajeros romanos”. La ciudad, con tres líneas de metro hasta la fecha, ha abierto esta semana un par de estaciones en la línea C, Porta Metronia y Coliseo. Mitad apeaderos, mitad museos, representan un avance en movilidad a la par que huellas subterráneas del pasado.
“Aquí, en el subsuelo, podemos ver los baños de una antigua casa romana, podemos llamarlo un antiguo balneario”, ha relatado el periodista de Associated Press en su crónica visual. La integración de restos históricos en el diseño de la estación permite a los viajeros contemplar exposiciones de vasijas y platos de cerámica, pozos de piedra, así como las ruinas de una piscina fría y un baño termal de una vivienda del siglo I”, según ha detallado la agencia de comunicación.
El reto técnico de construir bajo el Coliseo
El proceso de construcción ha estado marcado por desafíos técnicos y patrimoniales. Marco Cervone, responsable de obra, ha explicado a Associated Press que “el reto ha sido construir bajo una gran cantidad de agua subterránea y, al mismo tiempo, preservar todos los hallazgos arqueológicos que encontramos durante la excavación, y todo esto mientras se preservaba todo lo que hay encima”. La complejidad de excavar en una zona tan sensible ha obligado a emplear técnicas avanzadas, como la congelación del terreno para estabilizar el suelo y la utilización de “diafragmas sacrificados”, muros de hormigón que se demuelen a medida que avanza la excavación.

La línea Metro C, cuya construcción se ha prolongado durante dos décadas debido a retrasos burocráticos, de financiación y a la necesidad de proteger los vestigios de civilizaciones imperiales y medievales, alcanzará un coste total de unos 7.000 millones de euros y estará finalizada en 2035, según ha informado la oficina de prensa de la empresa municipal responsable de las obras.
Hallazgos arqueológicos y museos subterráneos
La inauguración ha incluido también la apertura de la estación Porta Metronia, situada a una parada del Coliseo y a 30 metros de profundidad. Allí, los trabajos han sacado a la luz un cuartel militar de casi 80 metros de longitud, datado a principios del siglo II. Simona Moretta, directora científica de la excavación, ha precisado a la agencia de comunicación que “la certeza de que se trata de un edificio militar la da el hecho de que las entradas a las habitaciones no están enfrentadas, sino desplazadas, para que los soldados pudieran salir de las habitaciones y ponerse en fila sin chocar en el pasillo”. Según la arqueóloga, los soldados pertenecían a la guardia del emperador o estaban destinados a la seguridad de la ciudad. En la misma estación se ha descubierto una vivienda con frescos y mosaicos en excelente estado de conservación. “En el futuro se abrirá un museo dentro de la estación”, ha avanzado Moretta a Associated Press.
Las claves de la línea C y su impacto en la ciudad
Las excavaciones en el centro de Roma han permitido documentar tres milenios de civilizaciones superpuestas. El consorcio encargado de la línea C ha contabilizado más de 500.000 objetos recuperados, según datos recogidos por Associated Press. El trazado de la línea continuará bajo algunos de los principales monumentos del patrimonio mundial, como la Columna de Trajano, la Basílica de Majencio y varios palacios renacentistas, iglesias y el Vaticano.
La próxima estación en abrir será Piazza Venezia, el corazón del centro de Roma, donde los trenes llegarán a una profundidad de 48 metros cuando entre en funcionamiento en 2033, según ha adelantado Cervone. Una vez completada, la línea C tendrá una longitud total de 29 kilómetros, de los cuales 20 kilómetros discurrirán bajo tierra, y podrá transportar hasta 800.000 pasajeros diarios. La apertura de estas estaciones permitirá a turistas y residentes evitar el tráfico en superficie, agravado en los últimos años por las propias obras, y acceder directamente a enclaves históricos como el Coliseo y el centro monumental de la ciudad.
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