
Dominando la península de Barbanza desde lo alto de sus acantilados, el castro Baroña emerge como uno de los tesoros históricos de la ría de Muros y Noia. Este enclave, situado en las costas de Porto do Son, A Coruña, se alza imponente en un paisaje que quita el aliento. Repleto de acantilados y un mar bravo, este enclave muestra una de las zonas más accidentadas de la región, la cual se suaviza con su bonita playa a los pies del asentamiento prehistórico.
El arenal no cuenta con unas grandes dimensiones, pero sí con un bosque de pinos a sus espaldas y un asentamiento prehistórico que le hace de faro. Es por ello que es considerada una de las mejores playas de Galicia o incluso de España. Pero no solo eso, pues el paraje invita a la tranquilidad y al sosiego, siendo uno de los mejores lugares para desconectar y disfrutar de las aguas del atlántico.
Un yacimiento prehistórico
Uno de los mayores atractivos de la playa de Castro Baroña es el propio castro, un asentamiento que tiene sus raíces entre los siglos I a.C. y I d.C. lo que permite conocer como vivía parte de la civilización de la Edad de Hierro en estas tierras. Este enclave se alza en lo que se conoce como Punta do Castro, una colina costera situada sobre unos acantilados. Esto le otorgaba una posición estratégica con vistas al mar, lo que suponía una ventaja defensiva y comercial para sus antiguos ocupantes.

Además, es uno de los pocos castros conservados donde las evidencias demuestran que fue el hogar de una comunidad de agricultores y ganaderos con una gran relevancia en la pesca y el marisqueo. A su vez, cuando se visita, uno de los aspectos más destacables son sus murallas y sus cerca de 20 construcciones circulares y ovales, presumiblemente utilizadas como viviendas, que nos hablan de la vida comunitaria en el Castro. De este modo, el castro se divide en cuatro recintos bien diferenciados, todos ellos rodeados por la muralla principal.
Un paisaje de ensueño
A los pies de Castro Baroña, una playa de arena fina y aguas cristalinas muestra uno de los paisajes más singulares de Galicia. Y es que, este arenal de aspecto salvaje y virgen permite conocer la historia de la región a la vez que el viajero se refresca en las frías aguas del Atlántico. No tiene ni duchas, ni aseos, ni ningún servicio, manteniendo así su imagen natural. Tan solo cuenta con un bonito sendero a través de un frondoso bosque de pinos que aumenta más la experiencia.
Así, su acceso es libre y gratuito y para llegar hasta allí el viajero puede dejar el coche en el parking habilitado para ello. De este modo, no se perturba el paisaje, tan solo queda disfrutar de la historia y naturaleza que ofrece este pequeño rincón gallego. Pero esto no se queda aquí, pues la playa de Castro Baroña es, además, un arenal nudista, algo a tener en cuenta, ya que fue uno de los primeros lugares en permitir esta práctica.
Cómo llegar
Desde Pontevedra, el viaje es de alrededor de 1 hora y 10 minutos por las carreteras AP-9 y AG-11 (hay peajes). Por su parte, desde A Coruña el trayecto tiene una duración estimada de 1 hora y 30 minutos por la vía AP-9 (hay peajes).
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