
Repeleta de preciosos pueblos y con una gran herencia árabe, la comarca de la Axaraquía se sitúa como uno de los rincones más mágicos de Málaga. Esta región, caracterizada por su paisaje único y un rico patrimonio monumental atrae a cada vez más viajeros. Y esto no es de extrañar, pues sus pueblos blancos brindan una imagen de postal que es dificil de olvidar. Por no hablar de su rica gastronomía, la cual cuenta con productos únicos que han sido reconocidos mundialmente.
En este sentido, existe un pueblo en esta comarca que cumple todas estas premisas. Se trata de Almáchar, una pequeña villa malagueña que destaca por su historia, tradiciones y su estrecha relación con la uva pasa moscatel, reconocida como Patrimonio Agrícola Mundial por la FAO. Además, este pueblo blanco, caracterizado por sus calles empinadas y laberínticas, es un ejemplo vivo de la arquitectura tradicional andaluza y un destino imprescindible para quienes buscan adentrarse en la esencia rural de la región.
Un origen árabe
El origen de Almáchar se remonta a la época andalusí, como lo refleja su nombre, que deriva del árabe al-maysar, que significa “los prados”. Durante siglos, este enclave fue un importante centro agrícola y cultural en la Axarquía, legado que perdura en sus monumentos y costumbres. Tanto es así, que llegó a formar parte de las conocidas como las Cuatro Villas junto a Cútar, El Borge y Moclinejo, que vivían a la sombra protectora del castillo de Comares y que, tras la conquista de la región en 1487, continuó dependiendo de dicha villa.
Los primeros asentamientos se establecieron junto al río y se expandieron ladera arriba, utilizando frecuentemente las casas delanteras como soporte. Las construcciones tradicionales son de una o dos plantas, de mampostería, con cubiertas de tejas y patios interiores. A su vez, en el siglo XVI, varias familias dedicadas al pastoreo ocuparon la zona tras el abandono de los moriscos, quienes cultivaban una uva pasa de gran calidad.

En mayo de 1754, una serie de movimientos sísmicos obligó a la población a refugiarse en cortijadas y en el campo. El fin de estos sismos se atribuyó al Santo Cristo de la Banda Verde, en cuyo honor se celebra una fiesta cada primer domingo de mayo. Igualmente, a finales del siglo XIX y principios del XX, Almáchar era conocido por la fabricación de paños en más de cien talleres artesanales. Actualmente, la economía local se centra en la agricultura, especialmente en el cultivo de la uva moscatel y la producción de pasas.
Un paseo por Almáchar
Toda esta historia se refleja en cada calle de la localidad. Estas conforman un bonito casco histórico en el que las casas encoladas se disponen de una forma excepcional para salvar el desnivel de la colina que lo abriga. Así, es un destino perfecto para pasear y perderse por su entramado, pudiendo descubrir rincones tan singulares como la iglesia de San Mateo. Situada en el centro de la villa, fue construida en el siglo XVI y combina elementos del gótico tardío y del renacimiento, mientras que su torre refleja un marcado estilo mudéjar. En su interior destacan dos camarines de estilo rococó que albergan imágenes de la Dolorosa y del Cristo del Corazón de Jesús.
Junto al altar mayor se encuentra el Cristo de la Banda Verde, una figura profundamente venerada por la comunidad local y considerada protectora del pueblo. Asimismo, el barrio conocido como “Las Cabras” es uno de los rincones más emblemáticos del casco antiguo. Este sector, caracterizado por sus calles estrechas y empinadas que serpentean adaptándose a la orografía del terreno, conserva la esencia del urbanismo de origen morisco. Las blancas fachadas, decoradas con macetas llenas de flores, refuerzan la estética tradicional de este enclave, que guarda el legado de la arquitectura árabe de la región.
Pero esto no se queda aquí, pues los Jardines de El Forfe es otro de sus principales atractivos. Este espacio no solo es un lugar de descanso, sino también un excelente mirador desde el cual se pueden contemplar vistas panorámicas del río Almáchar y de la entrada a la Cueva del Moro. Según una antigua leyenda local, esta gruta habría servido como escondite para un tesoro dejado por los moriscos antes de su expulsión.

Otra parada imprescindible en el municipio es el Museo de la Pasa, situado en la Plaza del Santo Cristo. Este museo, ubicado en una casa típica de principios del siglo XX, ofrece una recreación de la vida cotidiana de la época y del proceso artesanal de producción de la pasa, el producto más emblemático de la localidad. En sus instalaciones se expone también una colección de utensilios y herramientas agrícolas que narran la historia y la importancia económica de este cultivo para Almáchar.
Capital de la pasa moscatel
Más allá de su historia y patrmonio, si por algo destaca Almáchar, es por ser la cuna mundial de la uva pasa moscatel. Ya desde el año 1556, las tierras que rodeaban la villa eran conocidas por su alta calidad y cantidad de producción de pasas. Esto se ha transformado en un espacio único en el mundo en el que esta actividad agrícola, ransmitida de generación en generación, es parte esencial de la identidad del municipio. La técnica de secado al sol en los tradicionales paseros constituye un proceso único que ha sido distinguido por su valor cultural y su sostenibilidad.
Es por ello, que la uva pasa moscatel de Almáchar está reconocida como Sistema Importante del Patrimonio Agrícola Mundial (SIPAM) por la Organización para la Agricultura y la Alimentación de Naciones Unidas (FAO). Así, cada septiembre, el pueblo celebra el Día de la Pasa, una festividad declarada de Interés Turístico Nacional. Este evento rinde homenaje a los agricultores locales y ofrece a los visitantes la oportunidad de degustar este producto emblemático, acompañado de platos típicos como el ajoblanco, una sopa fría elaborada con almendras, pan, ajo y aceite de oliva. De hecho, este plato es uno de los símbolos de la comarca, siendo Almáchar la cuna de su elaboración.
Cómo llegar
Desde Málaga, el viaje es de alrededor de 45 minutos por la carreteras A-7. Por su parte, desde Salobreña el trayecto tiene una duración estimada de 1 hora por la misma vía.
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