
El río Verdon. Con sus 172 kilómetros de longitud, este caudal de agua dulce, afluente del Durance, nace en los magníficos Alpes franceses, a 2.500 metros sobre el nivel del mar. Concretamente, pertenece al departamento francés de Alpes de Alta Provenza, una zona del sureste de Francia limítrofe con la región italiana de Piamonte.
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El río Verdon es especialmente conocido por las gargantas que, con el paso del tiempo, ha ido tallando hasta formar los impresionantes desfiladeros que le han dado el mote de “Gran Cañón de Europa”. Aunque, en realidad, no se parece en mucho al Gran Cañón del Colorado, esa enorme grieta que parte el suelo del desierto americano, hogar de críptidos y leyendas, se trata de uno de los cañones más espectaculares de Europa.
Las gargantas del Verdon
A poco más de dos horas de Niza y Marsella, se encuentra un profundo tajo por el que se abren paso las aguas esmeralda del río Verdon. Siguiendo su camino entre paredes de caliza anaranjada, que marcan el límite entre la Riviera Francesa y la Provenza, el caudal desemboca en el río artificial de Sainte-Croix-du-Verdon, de los lugares más populares de la zona.
Los escarpados paredones del desfiladero atraen cada año a multitudes de aficionados a la escalada de todo el mundo, mientras que sus 1500 rutas de senderismo, de dificultades varias, permiten a cualquiera disfrutar del paisaje mientras respira el aire fresco de la montaña. Cabe destacar el sendero Martel, que recorre la ribera derecha del río a lo largo de 15 kilómetros en un recorrido ameno. Atraviesa varios túneles, tramos de escaleras, la cueva de Baume-aux-Boeuf, impresionantes priámides de roca, y el fino estrecho de los Caballeros, además de cruzarse con bellísimos puntos como la Mescla, el lugar donde el río Artuby se vierte al Verdon.
Además, desde la orilla del lago se puede alquilar una variedad de pequeñas embarcaciones, desde kayaks y barcas a pedales hasta botes a motor, para quien prefiera no hacer el esfuerzo, con las que se puede navegar hasta las profundidades del cañón.

Los pueblos que se asoman al cañón
El cañón del río Verdon pertenece al Parque Natural del Verdon, un espacio protegido de la región. Hay varias formas de disfrutar de este enclave natural tan particular, entre las que destacan los 15 miradores de la sinuosa carretera que conduce al pueblo de La Palud-sur-Verdon.
Esta población, a 700 metros de altura, permite presenciar unas impresionantes vistas panorámicas del desfiladero. Su naturaleza plena y el ritmo pausado de la vida pastoral hacen de este precioso pueblo un destino idóneo para pasar el día.
Además de La Palud-sur-Verdon, con su posición privilegiada, hay varios otros pueblos que prometen encandilar a los visitantes. Uno de ellos, que además es considerado de los más bonitos de Francia, es Moustiers-Sainte-Marie, una pequeña comunidad de unos 700 habitantes.
Ubicado tan acertadamente al pie del acantilado, recogido y coronado por los elevados muros de piedra característicos del Cañón, es reconocido por la estrella de oro fino que cuelga, entre dos altas rocas, sobre sus callejuelas, plazoletas, y el imponente campanario de estilo románico lombardo de la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción.
Para llegar, lo más recomendable es partir en coche desde Niza o Marsella. El recorrido será de aproximadamente dos horas de duración, y se agradecerá, al llegar, el vehículo, ya que es indispensable para desplazarse por las orillas del lago Sainte-Croix-du-Verdon y los pueblos de la Alta Provenza asomados al cañón.
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