
En la región montañosa del Atlas Medio, a unas pocas horas de Marrakech, se encuentra uno de los rincones más mágicos de Marruecos. Este lugar, rodeado de olivares y barrancos rocosos, muestra una de las joyas naturales más impresionantes de África. Estamos hablando de las cascadas de Ouzoud, un paraíso natural que se abre entre imponentes desfiladeros y dando lugar a uno de los mayores atractivos de Marruecos. Esto no es para menos, pues gracias a sus 110 metros de altura, es el salto de agua más alto del país y uno de los más impresionantes de África.
Además, estas cascadas deben su nombre a los extensos olivares que la rodean, pues Ouzoud en bereber significa aceituna. A esto se le suma una vegetación densa que complementa el caudal de agua en su caída de varios niveles. Durante las estaciones lluviosas, el río El Abid –que alimenta las cascadas— alcanza su máxima potencia, creando una bruma constante que refresca el ambiente y forma un arcoíris en los días soleados. Esto ha convertido a este espacio natural en uno de los principales atractivos de Marruecos.
Este enclave natural no solo es un atractivo visual, sino también un espacio de vida silvestre. En sus alrededores, los visitantes pueden observar colonias de monos de Berbería, una especie endémica del norte de África y en peligro de extinción, que se ha adaptado a la cercanía con los humanos y suele acercarse a quienes recorren los senderos que rodean las cascadas. La biodiversidad de la región incluye también aves y otras especies locales que encuentran en los olivares y el río un refugio en un entorno cada vez más afectado por el cambio climático y la presión turística.
Cómo visitarlas: una sencilla ruta con un guía local

La mejor forma de contemplar este monumento natural en el Atlas Medio es a través de una excursión de un día completo desde Marrakech. Esta se puede contratar en la misma ciudad, aunque lo más recomendable es hacerlo desde el país de origen con plataformas especializadas como GetYourGuide o Civitatis. Así, el viajero puede disfrutar de un itinerario completo de la mano de un guía local que le mostrará todos los rincones que esconde este enclave.
Después de un viaje de alrededor de tres horas desde Marrakech, la actividad comienza en la parte alta de las cascadas, donde se puede contemplar la caída desde los numerosos miradores que se distribuyen alrededor. Seguidamente, se comienza la bajada del barranco entre olivares y donde se descubre un poblado típico bereber. A lo largo de esta población se puede contemplar como los locales cultivan y recogen la aceituna y elaboran a mano uno de los mayores tesoros de Marruecos: el aceite de argán.
Continuando el descenso se pueden apreciar algunos pequeños puestos donde poder comprar agua y zumo de frutas naturales hasta acabar en uno de los miradores más impresionantes del lugar. Desde este punto se puede contemplar la mejor imagen de las cascadas, donde el agua se precipita desde más de 100 metros de altura a través de tres torrentes diferentes, estos acaban en una primera balsa que acaba por formar otra segunda cascada.
Un paseo en barco

Continuando el camino llega uno de los momentos más esperados de la actividad: el paseo en barco debajo de las cascadas. Este recorrido discurre a través de la piscina natural que forma el salto de agua y donde está permitido el baño hasta llegar al chorro principal, donde la fuerza del agua refresca a los viajeros. La vista desde aquí es imponente, pues se muestra todo el poder del chorro y es donde se aprecia de verdad la magnitud y la altura de Ouzoud.
Igualmente, cabe destacar que el lugar está perfectamente habilitado para los turistas, pues cuenta con pequeños restaurantes que ofrecen platos tradicionales de la gastronomía marroquí, como el tajín y el cuscús, permitiendo a los visitantes una experiencia cultural inmersiva. Estos pueden disfrutar de todas las delicias de la gastronomía marroquí después del paseo en barca y justo antes de iniciar el ascenso otra vez por el barranco.
La subida indica el comienzo del fin de la actividad y es cuando los viajeros pueden contemplar los monos de Berbería, una especie endémica del norte de Marruecos. Los guías recomiendan no darles de comer para preservar el ecosistema, aunque hay muchos turistas que saltan las indicaciones para sacar la típica foto. Por último, pasada la colonia de primates, el viajero vuelve al punto de inicio para comenzar la vuelta a Marrakech.
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